Laín dimitió como rector cuando expulsaron a Aranguren (ambos en esta imagen) y a otros profesores de la Universidad durante el franquismo

Baluarte de la generación del 43, por José Botella Llusiá

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Cuando se pierde un amigo entrañable, verdaderamente un buen amigo, es muy difícil hacer de él una semblanza justa. Temo que en este caso mío, el dolor oscurezca mis no demasiado buenas artes de escritor y que no acierte a expresar lo que siento. Para mi generación Pedro, era algo así como un cabeza de fila, un hermano mayor. Pero puesto que de generación hablo, conviene fijar un poco esta idea. Tanto que se ha hablado de generaciones en el pasado siglo y medio: la del 98, la del 14, la del 27; no se ha dicho nunca nada de una generación que yo he tratado siempre de defender y de definir: la generación del 43. Aquellos hombres que en una España maltrecha y en una Universidad desvalida trataron con enorme empeño de levantar el nivel de nuestra cultura. Son los que accedieron a la cátedra en 1943 y dejaron a lo largo de los años del milnovecientos una amplia y profunda enseñanza. Creo yo amigos míos, que desde ahora, habrá de decidirse para situar a nuestro amigo: Pedro Laín Entralgo y la generación del 43.

Pero con ser esto que he dicho mucho, con situarle como paradigma de una época, fue en su dilatada vida algo todavía más importante. No sólo un gran escritor y pensador, no sólo un gran maestro universitario. era sobre todo para mí, el gran humanista español de la segunda mitad del siglo que ha terminado. Un humanista al estilo clásico como aquellos otros del Renacimiento, que ahora al cabo de cinco siglos tanto y con tanto fervor recordamos. Decir que era como un Luis Vives o un Erasmo de hoy, no me parece exagerado. El Renacimiento y nuestro siglo tienen —aunque no lo parezca, y a través de un tiempo tan ancho— grandes semejanzas. No tengo tiempo aquí de señalarlas como sería debido, pero sí querría decir que yo concibo ambos siglos, el XVI y el XXI como cambios radicales en la forma de leer y de comunicar. La invención de la imprenta y el comienzo de la era informática los configuran. Y en estos tiempos en que todas nuestras ideas básicas parecen cambiar, hay figuras humanas que tratan de explicarnos la nueva era. Y estos, son los humanistas porque son ellos, los que con su multiplicidad de saberes, son capaces de explicarnos el mundo que nos rodea.

Por eso sin darnos cuenta, en una sociedad que busca su rumbo y no lo encuentra, echamos tanto de menos a los humanistas en el día de hoy e insistimos en que hay que enseñar de nuevo Humanidades para rehacer nuestra educación y nuestra cultura. El ejemplo de la vida y de la enseñanza de Pedro Laín, nos muestra lo necesarias que son las Humanidades, quién las crea y quién nos las enseña.

Laín, que era catedrático de Historia de la Medicina, que fue rector de la Universidad, director de la Real Academia Española, presidente de la Fundación Gregorio Marañón y tantas y tantas cosas más, no le encajaba ni la profesión de historiador, ni la de literato ilustre, ni siquiera la de gran maestro universitario. El tomo por él dirigido de la Historia de España de Menéndez-Pidal se titula, lo tituló él «El medio siglo de plata de la cultura española». De oro diría yo, pues no otro adjetivo merece el medio siglo que abarca desde Unamuno a Ortega, de Machado a García Lorca y de Marañón a Baroja. Pues bien amigos míos: acaba de morir el broche que cerraba este tiempo.