Hai y Tali bailan «Intimate» - ABC

Bailando más allá del límite con Vértigo, la compañía que extiende la danza a los discapacitados

Su escuela, situada en un Kibutz ecológico de Israel arriesga en nuevos proyectos

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Vértigo, una de las compañías de danza más renombradas de Israel, es por muchos motivos diferente. Además de sus giras internacionales y de la actividad en su sede central de Jerusalén, desde hace 10 años mantiene una escuela en un Kibutz, en la que arriesgan con nuevos proyectos y tratan de vivir en total armonía con el entorno agreste.

La sala de trabajo de este «pueblo de arte ecológico» tiene dos muros de cristal y la naturaleza es parte de los ensayos: giran los brazos del bailarín y el viento sacude suavemente los árboles del valle de Elah en la ventana; los pies despegan del suelo en un salto enérgico y algún ave fuera emprende el vuelo como una exhalación. Buscan el sol de una expresión esquiva, espiritual, envuelta en fuerza interior, con el objetivo expreso de llegarte al corazón. No hay caminos trillados en sus coreografías, ni si quiera cuando llegan las pausas para la comida, todos los alumnos sentados, conversando plácidamente en un porche con vistas al vergel del valle.

Cuentan que Vértigo nació como un número impactante, un dueto, hace 26 años. La bailarina Noa Wertheim y su pareja Adi Shaal, un expiloto de caza que había dado un golpe de timón a su vida hacia la danza, produjeron el espectáculo del mismo nombre: «Vértigo» de volar, de regresar a tierra. De danzar. Y así es desde entonces. Shaal comenta que su visión es holística y que sus fuentes de inspiración son diversas, «desde la Cábala al ecologismo, pasando por los vínculos familiares y amistosos que configuran nuestro modo de expresarnos».

Junto a la puerta de la sala de ensayo se amontonan los zapatos de los bailarines, metáfora de una vida en el aire y en el polvo del camino. Vértigo inicia a muchos jóvenes en la búsqueda del centro expresivo corporal. Colombianos, rusos, israelíes y de otras naciones conviven intensamente durante varios días, los que dura el curso, enfocado a que encuentre cada uno su propio lenguaje.

Bailar con silla de ruedas

Pero si hay un proyecto emocionante es «The power of balance» (El poder del equilibrio), en el que una de las fundadoras de Vértigo, Tali Wertheim-Agranionik, se siente especialmente involucrada. Danza para nosotros junto a Hay Cohen, un bailarín con silla de ruedas que quedó tetrapléjico a los 14 años por saltar de cabeza en una piscina sin profundidad suficiente. Tras muchos años de rehabilitación recuperó parcialmente la movilidad en los brazos. Nada le auguraba un encuentro como el que tuvo en 2000, cuando participó en el taller de Vértigo para personas con y sin discapacidad. Su vida cambió. Y ahora participa como profesor en los talleres que continúan celebrándose en este lugar irrepetible. Este mes de agosto volverá a ofrecerse un año más, en la escuela del Kibutz, del 19 al 23.

Quienes asistimos a la breve actuación de Hai y Tali en el local de ensayo acabamos con lágrimas en los ojos y el corazón en un puño, tal es la intensidad de su coreografía. Hace que te olvides de que uno de los dos danzantes está en una silla de ruedas. Sus cuerpos interactúan, el movimiento se contagia. Viendo sus extremidades encontrarse y rehuirse, lentas, vienen a tu cabeza imágenes de pájaros con alas rotas que vuelven a volar, o tal vez ángeles caídos, cuerpos ingrávidos, sueños trizados que se mezclan. No podríamos honestamente señalar con claridad a quién pertenecen, si a ellos o a nosotros. Quedan grabados en la retina. El número se llama «Intimate».

«En nuestro mundo somos críticos con los logros», dice Tali, una mujer magnética, sobre su baile. «Pero si aceptas lo que existe, empiezas a mejorar. Hay un deseo de felicidad en el que nos encontramos con el otro para ver qué pasa», comenta. Suena sencillo. Hai responde sobre los motivos de haberse embarcado en el proyecto que no recuerda haber decidido hacer esto. «Sentí una conexión que no viene de la mente, en el baile suceden las cosas sin pensar», concluye. Y sin pensar le acompaña en la vida, mientras enseña a otros a bailar más allá de los límites.