Un atormentado universo literario

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Es Jim Morrison el poeta más apocalíptico del rock. Más que Nick Cave, Patti Smith o Peter Hammill. Más, desde luego, que Bob Dylan, aunque se quieran escoger las piezas más «oscuras» de su poemario. Morrison, concibió en 1967 el texto de «The end», que, además, de alimentar su posterior obra literaria, también lo hizo con las imágenes de arranque del espléndido filme de Francis Ford Coppola «Apocalypse now». Y, aunque siempre mantuvo que, antes que músico, era un «hombre de palabras», paradójicamente no llegó a ser un poeta reconocido.

Jamás quiso hacer una poesía fácil, pero su biografía siempre alejada de lo que la ciudadanía estadounidense entiende como «normal» o «moral», hizo de él un poeta de ardientes minorías. Sin embargo, si un texto como el del espectáculo «La celebración del rey Lagarto» se cuaja de metáforas oníricas y de exceso de barroquismo verbal, la lectura de sus poemas está hecha para arrastrar casi a cualquier lector.

Aunque su primera publicación, «Las nuevas criaturas» (1968), todavía era deudora de la poesía provocadora y visionaria de William Blake, a partir de «Los Señores» (1969) surge la gran voz chamánica de Jim Morrison, que alcanza su cenit en «Una oración americana» (1970). De este libro existe, asimismo, una versión musicalizada, publicada en CD con el mismo título.

Poco antes de su muerte en París, escribió una de sus mejores entregas: «Desierto», una colección de textos inéditos, notas, ensayos y poemas, que, en 1993, publicó en España en dos volúmenes, la editorial Fundamentos, en cuyo catálogo también es posible localizar el resto de títulos citados.