«Solo Szenen», 1997-98, obra presentada en 1999 en la Bienal de Venecia. Efe

El artista alemán Dieter Roth «se deja la piel» en el MACBA en una muestra que funde arte y vida

BARCELONA. Ángela Molina
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La exposición «La piel del mundo + otras cosas más», a partir de hoy y hasta el 25 de junio en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), es un ejemplo de cómo arte y vida se dan la mano, se funden y hasta se descomponen en un caos orgánico que ahora se presenta, rigurosamente cartografiado, en las salas de un museo. Dieter Roth (Hannover, 1930-Basilea, 1998) solía decir: «Si pudiera decir con razón que aquello que se ve en el exterior como lo externo puede ser tomado como lo interno... porque la piel -mi piel- es la piel del mundo». Investigar los límites de la comunicabilidad de esta mirada introspectiva sobre «la piel del mundo» a través de la imagen y de la palabra se convirtió en el objetivo fundamental de este artista singular que influyó y se dejó influir; los «cuadros casuales» de Spoerri y las máquinas móviles de chatarra de Tinguely definieron su particular estética; y el propio Roth generó resonancias en la producción de artistas de generaciones muy jóvenes, como Fischli & Weiss, Thomas Hirshhorn o Paul McCarthy.

NO A LAS OBRAS ACABADAS

Los materiales efímeros se convirtieron para Roth en los elementos que le liberaban de la obligación de crear obras de arte acabadas, lo que evitó que su obra se convirtiese automáticamente en historia del arte susceptible de ser conservada en los almacenes de los museos. Pero no es una paradoja que estén ahora ocupando las salas del MACBA, ya que los comisarios, Corinne Diserens, Roland Groenenboom, Ina Conzen y Björn, explican sin concesiones cómo era el universo de Roth a través de sus pinturas, esculturas, fotografías, dibujos, obra gráfica, vídeos, cine, música y poesía, presentados con técnicas y materiales experimentales como el chocolate, el queso y otros alimentos, el moho, basuras y excrementos, aceptados en las prácticas artísticas actuales. «Roth -explicó ayer Manuel Borja-Villel, director del MACBA- siempre se opuso a que los restauradores retocaran sus obras dañadas, e incluso llegó a pleitear contra ellos».

La exposición muestra parte de las obras que Roth creó durante sus estancias en Cadaqués, entre 1976 y 1977, y en las que trabajó en estrecha colaboración con el artista pop Richard Hamilton. En este espacio se muestran cuadros para perros (colgados a la altura de los ojos de los animales), cuadros para los humanos y trípticos con autorretratos de ambos artistas. Son obras que surgieron a partir de la idea de un amigo común, Marcel Brodthaers, de realizar una exposición pensada para que la visitaran los perros.

Junto a estos cuadros, los visitantes pueden escuchar dos singles grabados por Roth y Hamilton, en los que se entremezclan las guitarras y los ladridos.

Otro espacio recoge la colección Sohm, el dentista particular de Roth, hoy propiedad de la Staatsgallerie de Stuttgart, con obras que van de 1960 a 1983. El último ámbito incluye los trabajos creados por el artista desde 1980 con su hijo Bjorn, como «Diario» (1982) y «Solo Szeenen» (1997-1998), películas que recogen varias horas de la vida cotidiana del artista y que se exhiben en monitores. Otra colaboración corresponde a la grabación, durante 24 horas seguidas, de los ladridos de los perros encerrados en la perrera del Tibidabo de Barcelona. Dibujos y fotografías de estos animales realizados por el artista y sus tres hijos, Bjorn, Karl y Vera, acompañan a este inquietante testimonio canino.