La Cruz de los Güelfos, que se exhibe en el Museo Kunstgewerbe de Berlín
La Cruz de los Güelfos, que se exhibe en el Museo Kunstgewerbe de Berlín - AFP

Arrecia la «guerra» entre Alemania y EE.UU. por el tesoro de los Güelfos

Los herederos de la familia que vendió el conjunto alegan que fue un expolio nazi

Corresponsal en BerlínActualizado:

La disputa por el Tesoro de los Güelfos, valorado en 250 millones de euros, llega después de cuatro años en los tribunales ante la Corte Suprema de Estados Unidos. Alemania defenderán la legitimidad de los Museos Estatales de Berlín de poseer dicho tesoro ante los herederos de los coleccionistas que lo vendieron a la Fundación del Patrimonio Prusiano tras el ascenso del nazismo.

El origen de la colección se remonta al año 1030, cuando la Casa de Welf comenzó a aportar reliquias a la catedral de Braunschweig, con las que esperaban que ganase en relevancia y contribuyese a la prosperidad comercial de la ciudad. Un inventario elaborado por la Casa Braunschweig en 1482 contenía un total de 140 objetos, todos ricamente guardados, y en 1545 fue añadido el tesoro eclesial de Cyriakusstiftes.

Se trata de la colección religiosa más importante de la época y sus estrellas, eran el Brazo de San Blas, el relicario con un diente de Juan el Bautista, en cristal de roca y plata dorada de Egipto de alrededor del año 1.000, y la Cruz de los Güelfos, que se exhibe en el Museo Kunstgewerbe de Berlín. Aunque la catedral las custodiaba, la propiedad de las joyas permaneció ligada a la familia hasta 1929, cuando el duque Ernesto Augusto, acuciado por las deudas, las vendiópor 7,5 millones de marcos del Reich. Los compradores fueron cuatro coleccionistas judíos de Frankfurt: Zacharias Max Hackenbroch, Isaak Rosenbaum, Saemy Rosenberg y Julius Falk Goldschmidt, que, con el ascenso del nazismo, se vieron obligados a huir de Alemania tras vender 44 de aquellas piezas a la Fundación del Patrimonio Prusiano, único ofertante, por 4,25 millones de marcos del Reich.

El origen del litigio

Sus herederos, Alan Philipp y Gerald Stiebel, nieto y sobrino nieto de aquellos coleccionistas judíos, entablaron en 2014 la batalla legal para recuperarlas, alegando que fueron expoliadas y haciéndose representar por dos poderosos bufetes de abogados, el alemán Markus H. Stätzel y el estadounidense Nicholas M.O’Donnell, que califican como una «farsa» los trabajos de la Comisión Limbach, nombrada por el Estado alemán para estudiar el origen de las adquisiciones, y que han llevado el caso ante los tribunales de los EE.UU.

Tras una sentencia del verano pasado, que consideraba la venta de 1933 como una acción de expolio nazi, Alemania apela ahora ante la Corte Suprema, en un ambiente hostil entre las administraciones de los dos países y en medio de un movimiento de devoluciones de obras de arte expoliadas por los nazis.