Antonio Gamoneda: «Más que un soñador, yo soy un materialista visionario»

Aunque no quiere «destripar» su contenido, Antonio Gamoneda nos anticipa que dedicará el discurso que mañana pronuncia en el histórico paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares a Miguel de

POR TULIO DEMICHELI. ALCALÁ DE HENARES.
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Aunque no quiere «destripar» su contenido, Antonio Gamoneda nos anticipa que dedicará el discurso que mañana pronuncia en el histórico paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares a Miguel de Cervantes y la pobreza. «De todos es conocida su dificultosa vida. Una vida transcurrida en la pobreza. Voy a tenerlo muy en cuenta en mi discurso, poniendo no sólo su vida, sino también su obra en relación con la pobreza». Y nada más. Da un largo sorbo a su café y, de pronto, retumban afuera, en la alcalaína plaza de San Diego aledaña al hotel donde se hospeda, dos truenos que anuncian una tormenta que no acabará por desaguar.

Entonces, Antonio Gamoneda recuerda cómo su madre y la lectura contrarrestaron las hieles de su infancia leonesa, marcada por la muerte, con los antídotos del cariño y la poesía. «Teníamos una comunicación muy especial, claro, estábamos muy unidos viuda y huérfano, madre e hijo. Ella me proporcionó grandes estímulos, quizá no en el sentido de la creación, pero sí en el de la memoria familiar y me enseñó a amar a Asturias».

Cuenta el poeta de Arden las pérdidas (1993-2003) que «las escuelas públicas estuvieron más cerradas que abiertas desde el año 36, pues el magisterio sufrió un castigo muy fuerte, así que aprendí a leer en el único libro que había en mi casa, un libro de poemas escrito por mi padre que también era poeta y que se titulaba Otra más alta vida. Esto significó que me fui haciendo, simultáneamente, con la escritura y la lectura a través de la poesía. Empecé a conocer e intuir -claro, como lo hace un niño: de forma elemental- que la palabra podía tener una condición rítmica, musical, y que las significaciones de la palabra poética no se correspondían con las significaciones del habla coloquial. Esa simultaneidad me hizo poeta sin querer».

De Bécquer a los simbolistas

Poco a poco fueron apareciendo en su formación las voces en las que se ha ido reconociendo y aún se reconoce. «Tres o cuatro años después leí mi segundo libro de poesía, las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer, poeta que me impresionó de una manera tremenda, mucho más que ahora, pues ya no le tengo en la misma valoración. El tercero que leí y el primero que yo mismo compré -bueno, no llegué a hacerlo, porque me lo regaló el librero después de hacerme leer un poema- fue la Segunda antolojía poética (1898-1918) de Juan Ramón Jiménez. Y después vienen ya -tengo unos trece años- otras lecturas, de las cuales las más contundentes, significativas y fuertes para mí fueron -hay que tener en cuenta que estamos en la posguerra y que había muy pocas publicaciones- los grandes poetas simbolistas [Baudelaire, Verlaine, Rimbaud, Mallarmé, Nerval...] que, además, me ayudaron a aprender francés. Han tenido un peso en mi lectura y escritura que creo que aún continúa».

Nada de realismo social

A pesar del impacto de la posguerra en su vida personal, Antonio Gamoneda dio una respuesta poética muy distinta a la de su generación [Gabriel Celaya, Gil de Biedma, Ángel González, Francisco Brines, etc.], una generación marcada por la militancia ideológica y muy practicante del realismo social, corriente mayoritaria. El autor de Descripción de la mentira (1975-76) nunca ha sido un poeta realista. «Yo no he tenido nada que ver en cuanto a eso con mi generación. En realidad, no creo mucho en las «generaciones», mucho menos en la mía porque se trata de una «generación» inventada. El propio Gil de Biedma dijo que era una «operación de márketing»».

Gamoneda ha tenido una postura distinta «porque, además, yo vivía en una pequeña ciudad provinciana y no estaba en los grupos en los que, por decirlo así, se confundía la creación con la ideología, sino que yo partía mucho más de la experiencia existencial que del dato ideológico, aunque luego yo haya tenido, cómo no, mi propia opción ideológica. Eso ha hecho que la zona de mi poesía que puede tener un cierto contenido social no sea del mismo tipo que la de los poetas, digamos, oficialmente consagrados como poetas sociales».

Jazz, gospel, blues, spiritual...

En cualquier caso, para el autor de Blues castellano (1961-66) «ellos tenían otros padres, otros poetas incluyentes, yo partía de influencias distintas que consistían, fundamentalmente, en las letras jazzísticas, en la cuerda del blues y del gospel, del spiritual americano por una parte; y luego, tuvo mucho peso en mí durante algún tiempo, no después, el poeta turco, no muy conocido, Nazim Hitmet. Quienes condicionaron mi poesía, digamos, social eran, más bien, poetas que interiorizaban la circunstancia social y que tenían una actitud de autocontrol. Y pesaron mucho más que los autores de poesía programada según una ideología».

Gamoneda cree firmemente en «la realidad de los sueños, incluso de los sueños de cada día y de cada noche. En los sueños todos hemos sido felices o desgraciados. Sin embargo, más que un soñador, yo me considero a mí mismo una suerte de materialista visionario, lo cual es una manera dudosa de ser materialista y de ser visionario».

«No soy un literato»

Un materialista visionario que encarna una perpetua Sublevación inmóvil (1953-59) y que nunca ha vivido de la poesía, pues él no es un «escritor profesional y ni siquiera pienso que sea un literato. ¿Por qué? Yo soy simplemente un poeta. Y un poeta lo que proyecta es, más bien, una emanación de su propia vida; mientras que la literatura en términos mayoritarios reposa sobre la ficción. Simplemente, emanación de mi vida, noticia y reminiscencia de mi propia experiencia existencial. Yo no trabajo con la ficción, aunque la respeto mucho, pues existe una obra de ficción grandiosa. Pero hay que distinguir entre ficción y existencia. Yo no soy un literato ni un escritor profesional porque no he entrado, ni creo que tenga ya tiempo, ni ganas para entrar en la ficción».

Si no es un «literato» ni un «escritor profesional», ¿cómo se ha ganado la vida? «Fui empleado de banca durante casi un cuarto de siglo. A los catorce años y un día -lo que no es una condena judicial porque, si no tenías catorce, la legislación laboral no permitía que trabajases- yo era lo que se llamaba un «meritorio» en el Banco Mercantil de León. Empezaba la jornada encendiendo la calefacción a las cinco de la mañana; luego hacía los recados y el reparto de correspondencia; cuando terminaba todo eso, me permitían hacer escritura bancaria y contabilidad, entendiendo que esto era un aprendizaje por el que no había que pagar un duro. Luego, pasados dos años y pico, ya empezabas a cobrar como empleado de banca».

Desposeído como funcionario

Empleado de banca y luego funcionario de la Administración, Gamoneda pasó a crear y dirigir los servicios de Cultura de León por cuenta de la Diputación Provincial. «Yo ya tenía una actitud y una ideología, por lo que trataba de hacer una labor progresista con el dinero de la Dictadura, lo cual era difícil de llevar adelante. Mientras fue secretario general de la Diputación de León el padre de Luis Mateo Díez, pude trabajar a gusto, pues él tenía mucha autoridad y decía: «Dejad que Gamoneda haga las cosas». Luego él se trasladó a Madrid y, poco después, me desposeyeron de la condición de funcionario -se ríe y enseguida continúa-: Aunque las cosas no terminaron ahí, porque a los quince días vieron que aquello, si yo no trabajaba, se iba a hacer puñetas. Y entonces me llamaron otra vez y me dijeron: «Bueno, ya no puedes ser funcionario porque hay una sentencia judicial, pero te contratamos». «Sí, les dije, pero me pagáis el doble». Y así fue».

Potenciar oficios tradicionales

Un problema de salud le obligó a jubilarse cuando llegó a los sesenta y un años. «Pero no cesé de trabajar y pasé a formar parte del patronato de la fundación Sierra-Pambley, impulsada por Giner de los Ríos, Azcárate y Cossío y que había sido, desde 1887, satélite de la Institución Libre de Enseñanza, pero, mientras que la ILE se dedicaba a la enseñanza universitaria, esta fundación se orientó a la formación de campesinos y obreros, sobre todo potenciando los oficios tradicionales: la forja, la ebanistería... Así he estado hasta hace poco más de un mes, donde yo he advertido mi vida tan complicada, tan cargada de deberes más o menos voluntarios que amistosamente he dimitido».

Cae la tarde. Los nubarrones pasaron de largo camino de la capital. El poeta, premio Nacional de Poesía, premio Reina Sofía y premio Castilla y León de las Letras, da por terminada cordialmente la entrevista y se despide; aún podrá descansar un par de horas antes de que siga «todo este jaleo» que concluirá en el Paraninfo renacentista de la Universidad de Alcalá, cuando, acompañado de su esposa, María de los Ángeles; de sus hijas Amelia, Ana y Ángeles; y de su nieta Cecilia, a la que dedicó un libro en 2004, reciba de manos de Don Juan Carlos el premio Cervantes.