A los 20 años de su muerte, Nueva York recuerda a Oskar Kokoschka

NUEVA YORK. Alfonso Armada, corresponsal
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«OK» es como firmaba sus obras este «artista degenerado» (según el canon hitleriano). «O ka» es como en alemán pronuncian el anglosajón «OK» («O key»). «¿Cómo estás, “O Ka”?», le preguntaba todas las mañanas Gilbert Lloyd a Oskar Kokoschka por teléfono los últimos años de su vida. «Bien, porque me he despertado», le confesaba su íntimo amigo. Lloyd, comisario del intenso homenaje (30 lienzos, numerosos dibujos y acuarelas) que la galería Marlborough de Nueva York ha organizado cuando se cumplen los veinte años de la muerte del pintor vienés, comparte recuerdos de su amigo mientras toma fotografías para la viuda de Kokoschka, Olda, a la que el pintor conoció durante un viaje a Praga que iba a durar diez días y se prolongó durante cuatro años.

VIBRANTES PAISAJES URBANOS

La mitad de las obras están en venta, y entre ellas una vívida estampa de la plaza de Cánovas del Castillo pintada desde el hotel Palace en 1925. Lloyd se reserva el precio, pero dice que «no es inferior a los dos millones ni superior a los tres», que traducido a la peseta de los meses contados supera con largueza los 350 millones. Entre las piezas destaca el formidable retrato del compositor Anton von Webern, con la mirada perdida en sus pensamientos. Pero los ojos se dejan arrastrar sobre todo por el registro bruto y el movimiento como de gran navío que busca el mar de «Nueva York. Manhattan con el edificio Empire State». El primer contacto de Estados Unidos con la pintura de Kokoschka fue tan temprano como 1915, durante la Exposición Internacional Panamá-Pacífico, celebrada en San Francisco con motivo de la apertura del canal. Se exhibieron 15 pinturas.

Entre los curiosos que se asomaron a la inauguración de esta exposición dedicada a Oskar Kokoschka, primera retrospectiva que se celebra en Nueva York desde 1987, con vibrantes paisajes urbanos de Londres, Praga, Viena y Lyon, había dos apasionadas conservadoras del Museo Thyssen, que prepara para noviembre una exposición-lupa a partir del retrato de Max Smith que atesora el museo y de la relación de Kokoschka con su primer benefactor, el arquitecto Adolf Loos.