Anatoli Lunacharski
Anatoli Lunacharski
RAROS Y MALDITOS

Anatoli Lunacharski, el hombre que fusiló a Dios

Como comisario soviético de Instrucción Pública, organizó un proceso contra el Ser Supremo, que fue condenado a muerte en 1918. Los defensores pidieron la absolución, argumentado una grave demencia. Era amigo de la esposa de Lenin y fue nombrado embajador en España justo antes de su muerte

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EL 17 de enero de 1918, el nuevo régimen soviético que encabezaba Lenin fusiló a Dios. Un pelotón militar disparó en Moscú media docena de ráfagas de ametralladora contra el cielo para cumplir la sentencia que acababa de dictar un tribunal revolucionario: condena a muerte del Ser Supremo.

El hombre que había promovido y organizado el juicio se llamaba Anatoli Lunacharski, que era en ese momento comisario de Instrucción Pública y estrecho colaborador de Lenin. Lunacharski decidió sentar en el banquillo a Dios por crímenes contra la humanidad y, para ello, designó unos jueces, unos fiscales y unos abogados defensores que cumplieron con su papel a lo largo de un proceso que duró cinco horas.

Los acusadores presentaron testimonios históricos y alegatos sobre la culpabilidad de Dios, subrayando su responsabilidad en los desastres humanitarios y los pecados de sus representantes en este mundo. Los defensores pidieron la absolución, recurriendo al curioso argumento de la grave demencia del Sumo Hacedor. Tras una corta deliberación, el tribunal lo declaró culpable sin ningún tipo de atenuante y dictó la pena de muerte, que debería ejecutarse de forma inmediata y sin petición de perdón.

El proceso, llevado a cabo apenas tres meses después de la toma del poder por los soviets, contó con la aprobación de Lenin, Trotski, Kamenev, Zinoviev y otras figuras del régimen, que vieron una oportunidad propagandística en esa condena.

Lunacharski tenía una amistad personal con Nadezhda Kruspskaya, la esposa de Lenin, que fue una de sus más cercanas colaboradoras en la reforma del sistema educativo. Ella le apoyó incluso cuando decidió dimitir en 1929 por desacuerdos con la cúpula soviética ya en la época de Stalin.

Tras su abandono de esa responsabilidad, Lunacharski fue nombrado en 1930 representante de la Unión Soviética en la Sociedad de Naciones en Ginebra, un cargo que le alejaba de las luchas de poder. Tres años después, fue designado embajador en España, puesto del que no pudo tomar posesión porque murió en Menton (Francia) de forma repentina. Sus cenizas están depositadas en una urna en la muralla del Kremlin, junto a los héroes y altas autoridades de la Unión Soviética.

Lunacharski escribió numerosas obras históricas, entre ellas, una biografía de Oliver Cromwell y otra de Tomás Campanella. En 1923, publicó «Don Quijote liberado», ya que era un admirador de la creación de Cervantes y un buen conocedor de la cultura española.

Había nacido en Ucrania y desde muy joven se había proclamado marxista. Estudió en la Universidad de Zúrich y trató personalmente a Rosa Luxemburgo, por lo que estaba considerado como un ideólogo bolchevique. Se ganó la vida como periodista y crítico literario, pero siempre se mantuvo cerca de Lenin, al que respaldó en los momentos cruciales. Murió oportunamente a los 58 años cuando Stalin había empezado a eliminar a todos los dirigentes históricos de la Revolución bolchevique.