Alma Guillermoprieto
Alma Guillermoprieto - EFE

Alma Guillermoprieto: «El periodismo de largo aliento es lo que permite reflexionar sobre el mundo»

La periodista y escritora mexicana recibe el Princesa de Asturias de Comunicación 2018

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«¿Puedes darme una media hora para tomarme un té y organizarme la cabeza? Estaba profundamente dormida. Son las cinco de la mañana acá. No amanece y estoy estúpida, entre la sorpresa y el asombro».Al otro lado del teléfono, desde Colombia, habla Alma Guillermoprieto (Ciudad de México, 1949). Son las cinco de la mañana y acaba de conocer la buena nueva: ha sido galardonada con el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. Al rato, la periodista y escritora retoma la conversación. «Ya estoy un poco más organizada… Esto es una cosa increíble», comenta ya con la teína en el cuerpo.

El acta del jurado, reunido en Oviedo, le ha concedido el galardón «por su larga trayectoria profesional y su profundo conocimiento de la compleja realidad de Iberoamérica». Es una realidad que esta cronista ha explorado desde países tan distintos como El Salvador, Colombia, México o Cuba. «El periodismo me ha convertido en una enamorada de América Latina. Me ha regalado un continente. Y yo he tratado de hacer que ese continente, con sus contradicciones, con sus dificultades, con su capacidad de regocijo, con su fuerza, exista en las palabras que voy juntando», subraya la galardonada. «Existe una identidad común en Hispanoamérica. Y esa identidad común nos la ha dado, para bien y para mal, España. Tenemos un idioma en común y una visión del mundo que se comparte con la herencia española», añade.

Para el jurado, esta reportera ha transmitido esa realidad «con enorme coraje, también en el ámbito de la comunicación anglosajona, tendiendo, de este modo, puentes en todo el continente americano». «Alma Guillermoprieto representa los mejores valores del periodismo en la sociedad contemporánea», concluye el acta.

Su carrera comenzó en La Habana, una ciudad a la que llegó como profesora de danza en 1969 y de la que se marchó como periodista «freelance». ¿Cómo ocurrió aquello? «Es una historia muy larga. Fue una transición, no un paso directo… Algún día tendré que contar esa historia», responde misteriosa. Sea como fuere, en Cuba comenzó a trabajar como reportera de América Central para «The Guardian». De ahí dio el salto a «The Washington Post», el periódico en el que desveló en 1982 la masacre de civiles en El Mozote (El Salvador), que le costó la vida a más de 800 hombres, mujeres y niños a manos del Ejército salvadoreño, en un momento de plena intervención de la Administración Reagan.

Ya en los noventa, comenzó a escribir largos reportajes para las revistas «The New Yorker» y «The New York Review of Books», periodismo de largo aliento, que es precisamente el género con el que más alto ha volado y por el que siente una gran devoción. «El periodismo de largo aliento es lo que permite reflexionar sobre el mundo. He visto con mucha alegría cómo en internet también existe y cobra vida este género. Y ocurre por la sencilla razón de que hace falta, de que no basta con gifs ni con tuits para entender el mundo», sentencia.

Muchos de sus trabajos en «The New Yorker» y «The New York Review of Books» los reunió en su libro «Al pie de un volcán te escribo». También es autora de «Samba» (que relata una temporada que pasó en una escuela de samba en Río de Janeiro), «El año en que no fuimos felices» (una colección de artículos sobre la crisis mexicana publicada en 1998), «Las guerras en Colombia: tres ensayos» o «La Habana en un espejo», entre otras.

Periodismo literario

En sus crónicas, Guillermoprieto siempre ha puesto un gran empeño en la labor literaria, creando una voz «clara, rotunda y comprometida», tal y como destacó el acta del jurado. No en vano, sus referentes literarios vienen de la ficción. «No son tanto referentes literarios como ídolos y ejemplos. Son Nabokov, Juan Rulfo, Joaquim Machado de Assis, García Márquez, Vargas Llosa...», confiesa haciendo un esfuerzo por condensar.

De alguna manera, Guillermoprieto tomó el testigo de Gabriel García Márquez, que en 1995 la sumó al grupo de periodistas y escritores vinculados a la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano. «Se trata de contar el cuento bien contado o bien echado, como decía él con su manera inconfundible. Yo creo que a él lo que le interesaba más que nada era que el oficio que él tanto amó, la reportería, ese trabajo de acercarse al mundo, se recobrara su prestigio», recuerda.

Aquella aventura en la Fundación de Márquez, en la que comenzó a impartir talleres de periodismo, se ha revelado con el paso del tiempo como una de sus pasiones, además de una forma de tomarle el pulso al periodismo más joven. «Lo veo muy valiente. A día de hoy, que una persona se decida a ser reportero o reportera, en las condiciones económicas que existen en este momento, me parece heroico. Me parece que refleja un gran idealismo», afirma antes de lamentar la situación actual del sector. «Creo que necesita enormemente de apoyos. Y necesita de un modelo económico para poder sobrevivir. Los periodistas, hoy en día, son jóvenes. Y son jóvenes en parte porque con los sueldos actuales es difícil llegar a la madurez en el oficio», remata.