Alejandro Romay, el «zar» del teatro y la TV argentina, desembarca en España

En Argentina se le conoce como «el zar». En el tono de Alejandro Romay se adivina su pasado como locutor, y hay en sus maneras una elegancia de «bon vivant». Acaba de gastarse casi 900 millones de pesetas en adquirir el teatro Alcalá Palace, e invertirá otro tanto en las obras de acondicionamiento. También tiene en proyecto hacerse con la gestión del actual cine Carlos III para convertirlo en teatro.

MADRID. Julio Bravo
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La culpa de que haya decidido asentar su productora en España la tienen María Guerrero y Lola Membrives. Alejandro Romay, una de las más destacadas figuras del mundo del espectáculo en Argentina, tanto en la televisión como del teatro, al que dedica todas sus fuerzas desde hace un par de años, se siente endeudado con España. «Tanto María Guerrero como Lola Membrives se entregaron por completo al teatro argentino, y yo quiero reivinidicar su figura y agradecerles todo lo que hicieron por nosotros», argumenta el empresario, de 74 años.

El primer paso ha sido la adquisición del teatro Alcalá Palace. «Están ya firmados los planos, y ya se han puesto en marcha las obras. El Ayuntamiento de Madrid ha actuado con rapidez y están prácticamente ya todos los permisos. Esperamos concluir la obra en siete u ocho meses, para poder inaugurar en septiembre de 2002». La sala, cuenta Romay, tendrá un aforo de 1.200 butacas.

El teatro musical conformará la columna vertebral de la programación del Alcalá Palace. Si no hay novedades, será Aida Gómez la encargada de abrir el teatro, con un espectáculo basado en el mito de Salomé. «Es una artista maravillosa —se entusiasma Romay—. No puedo olvidarme de que en su última venida a Buenos Aires, con el Ballet Nacional, nos llenó el teatro en un día en que había huelga general y además llovía. Fue extraordinario». El género musical es heredero de la lírica, de la ópera, y tanto España y Argentina tienen, con la zarzuela y la revista «a la francesa», un buen precedente para que guste. «Actualmente —reconoce— estamos un poco supeditados a Broadway, no sólo en el musical, sino también en el teatro de texto, pero España y Argentina tienen suficiente capacidad creativa como para ver la realidad social y transformarla en mensaje, que es lo que al fin y al cabo persigue el teatro. En apariencia es un entretenimiento, pero siempre, incluso en la pieza más ligera, se puede encontrar la denuncia social».

Alejandro Romay sabe de lo que habla, porque ya se ha encontrado con dos atentados contra sus teatros: en 1975, incendiaron el teatro Argentina cuando se iba a estrenar «Jesucristo Superstar»; unos años más tarde, fueron las críticas políticas de una revista titulada «Sexcitante» las que motivaron un nuevo incendio provocado. «Eso indica que el teatro sigue vivo y sigue teniendo fuerza en la denuncia. Hoy hay más pasotismo, pero cuando los productores descubrimos obras con carga crítica tenemos la obligación de ponerlas en pie e indicar el camino».

Actualmente, Alejandro Romay tiene dos teatros: el Broadway (con dos salas, denominadas Raúl Rossi y Narciso Ibáñez Menta, en homenaje a los dos actores) y El Nacional. Allí ha llevado obras como «Closer», de Patrick Marber, que quiere traer a Madrid; el musical «Fiebre del sábado noche», que también podría, dentro de unos meses, cruzar el Atlántico; o «Las alegres mujeres de Shakespeare», «La tiendita del horror» y «El zorro».

Su segundo proyecto madrileño es la recuperación para el teatro del Carlos III. «El mayor problema —explica Romay— es la insonorización de la sala, porque no puede olvidarse de que debajo hay una discoteca. Estamos trabajando en ello y si conseguimos una buena insonorización, tenemos todo prácticamente firmado para conseguir su explotación como teatro; después, claro, de los permisos necesarios».