COLECCIÓN FAMILIAR  Francisco Umbral y María España
COLECCIÓN FAMILIAR Francisco Umbral y María España

«Acompañé y ayudé a Paco todo lo que pude hasta el último momento»

POR ANTONIO ASTORGAMADRID. Cuando Umbral murió a su lado estaba su ángel protector, María España Suárez, alma, amanuense, guardiana, voz y samaritana del tránsito en el fulgor de la palabra. A ella

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POR ANTONIO ASTORGA

MADRID. Cuando Umbral murió a su lado estaba su ángel protector, María España Suárez, alma, amanuense, guardiana, voz y samaritana del tránsito en el fulgor de la palabra. A ella consagra Francisco Umbral «Carta a mi mujer», escrita en los veranos de 1985 y 1986, y que guardó en un cajón. A España, su esposa, consagra Umbral este legado póstumo e inédito, una larga y poética misiva, prologada por Pere Gimferrer, y editada por Planeta. En 2007 María le recordó a su marido que ese año no tenía libro, «y él me dijo que bueno, que empezara a pasarlo al ordenador para corregirlo, porque lo había hecho en la olivetti». Sólo le dio tiempo a trece folios porque Umbral enfermó. «Carta a mi mujer» recuerda a «Mortal y rosa», la pulsión literaria más grave de Umbral, que respondía a una circunstancia terrorífica: la muerte de su hijo por leucemia, con apenas 6 años: «Los ojos de mi hijo, sus ojos que ayer eran flores abiertas, capullos de noche, y hoy son rendijas tristes, sesgados por el cansancio y el recelo». Umbral sufría como hombre, a la medida del hombre, con sus recursos y su mecánica de hombre, pero dentro de sí, dentro de ese sufrimiento, había algo más sufriente, «una pulpa casi submarina de sollozo». ¿Qué guarda esa carta?

-En «Carta a mi mujer» asoma un Umbral íntimo, hogareño, muy familiar, esposo, afable... ¿Quizás por esa imagen que tenía Umbral de titán de la columna, de escritor consagrado, muy leído, la timidez y el rubor le llevó a no enviar nunca esa carta a luz pública?

-A lo mejor fue por eso. Ya sabe usted la separación que había entre los libros y la columna. Lo increíble es que Paco era una persona capaz de escribir una novela, unos diarios, y libros muy literarios y líricos como «Mortal y rosa», «Un ser de lejanías» y «Carta a mi mujer». Como él se había hecho una imagen un poco «dura», quizás pensó que era un texto muy tierno, muy insólito, inesperado. La gente se preguntará por qué no lo publicó si es un libro tan bonito y mejor que muchos otro que ha publicado. Son libros absolutamente literarios. Quiero decir que no se puede buscar en ellos un tema, una historia, no. Es poesía, muy arraigada, con una escritura que emociona, aunque sólo por la forma de estar escrita.

-¿Es una memoria interior?

-Si lo quiere llamar así...

-¿Umbral reivindica con esta «Carta» el yo privado en público?

-A mí me parece que es acertada esa definición. Es un libro dedicado absolutamente a mí. Lo que pasa es que lo de España lo cambia por María porque citar constantemente España en el libro resultaría un contraste un poco duro entre la cosa literaria, la escritura tan literaria, íntima y hermosa y España queda ahí como una cosa patria. Un poco raro. Él me llama María, que en realidad es un nombre añadido al de España, que es como me llamo realmente: España solo. El María me lo he tenido que añadir a lo largo de la vida porque no me admitían el España solo. El profesor de religión me dijo que España no era un nombre católico, que me tenía que poner el María delante. Y fui y lo hice.

-¿Se reconoce en la «Carta»?

-Paco habla de todo lo que le rodea: la casa, el jardín, los amigos, y de mí, moviéndome por la casa, etc... Es una cosa que sólo la puede ver un escritor con la sensibilidad de Paco, un poeta, una persona que lo ve de una manera literaria, que no es frecuente. Una se reconoce, y llega a ver lo que no había caído en la cuenta de qué era. Leyéndome me veo como no me hubiera visto nunca. Yo no habría caído en la cuenta de que era así si no me lo hubiera dicho Paco.

-Los que busquen el morbo o datos biográficos de Umbral no los encontrarán en «Carta...»

-Claro que no. El libro sorprenderá porque es muy lírico, tierno, emocionante, aunque tiene alguna cosa que si él lo hubiera vuelto a releer a lo mejor la habría quitado. O no, porque él no corregía apenas, sólo alguna falta de máquina. Yo creo que lo tenía muy claro en la cabeza y, como tenía muy buena memoria, aquello que se le había ocurrido lo escribía. Así cada día.

-¿Fue María la «samaritana» del tránsito postrer de Umbral?

-No lo sé, pero en cierto modo se puede interpretar así. La verdad es que yo hice todo lo que pude, le ayudé todo lo que pude, y le acompañé todo lo que pude hasta el último momento. Por lo menos él se sentiría en ese sentido protegido y seguro de que estaba en manos de una persona que le cuidaba de verdad como se merecía. Paco no era una persona corriente, y por eso se le echa más de menos.