HSK Kormoran, el navió que acabó en el fondo de las aguas tras tender una trampa a su enemigo
HSK Kormoran, el navió que acabó en el fondo de las aguas tras tender una trampa a su enemigo - Wikimedia
Segunda Guerra Mundial

El buque «pirata» nazi que fue humillado por un navío australiano

La contienda entre el «HSK Kormoran» y el crucero ligero «HMAS Sydney» ha vuelto a salir a luz debido a que los arqueólogos submarinos pretenden digitalizar en 3D sus pecios

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Corría el 19 de noviembre de 1941 cuando, en plena Segunda Guerra Mundial, el buque de carga modificado como navío de guerra «HSK Kormoran» (dedicado habitualmente a cazar enemigos mediante técnicas usadas por los piratas) navegaba a 120 millas náuticas al oeste de Australia. Todo parecía normal hasta que su capitán se percató de que, frente a ellos, se ubicaba un navío aliado, el «HMAS Sydney».

Como miembro de la naviera alemana (la « Kriegsmarine») el oficial se dispuso entonces a atacarle, aunque de una forma curiosa: ordenó izar una bandera holandesa y hacerse pasar por un mercante aliado. De aquella forma, lograría acercarse sin levantar sospechas hasta el Sydney. Una acción nada honorable, pero usualmente efectiva. Así comenzó una batalla naval que acabó con casi mil muertos y con los dos navíos bajo las aguas.

La historia del «HSK Kormoran»y el «HMAS Sidney» había permanecido olvidada hasta ahora. Sin embargo, y tal y como afirma la versión digital del diario « Daily Mail», acaba de salir de nuevo a flote debido a que los investigadores de la Universidad de Curtin y el Museo de Australia Occidental pretenden hacer una reconstrucción en tres dimensiones del pecio de los dos navíos. Todo ello, en base a 700.000 imágenes en alta resolución que han tomado desde que los restos de los dos buques fuesen encontrados en 2008.

Un asalto «a escondidas»

Esta curiosa contienda se sucedió el 19 de noviembre de 1941, época en la que la marina alemana luchaba por hacerse dueña de los mares y sus buques combatían a torpedo y cañón para dominar el líquido elemento. Su dominio no era minio, pues habían logrado aislar a Gran Bretaña haciendo uso de su arma más efectiva: los submarinos. Eso impedía que a las islas pudiesen llegar víveres, armas y municiones para combatir a los germanos.

En esas andaba la situación internacional cuando se encontraron a 120 millas náuticas de Australia el buque a las órdenes de Hitler «HSK Kormoran» (un navío de transporte reconvertido en barco de guerra y que soía asaltar por sorpresa buques solitarios enemigos) y el «HMAS Sydney» (cuyo objetivo era, usualmente, escoltar a aliados a través de las aguas).

Según explica la página web del memorial dedicado a esta batalla, a las cinco de la tarde de ese día el Kormoran avistó al Sydney cerca de Shark Bay. Decidido, el capitán del buque nazi (Theodor Detmers) decidió mandarlo al fondo de las aguas tendiéndole una trampa.

Para ello, ordenó izar la bandera holandesa y hacer pasar su navío por un mercante para acercarse lo suficiente a su enemigo. Una treta similar a la que habían usado los piratas en siglos anteriores. El objetivo era que el enemigo, más rápido y mejor artillado (su equipamiento básico era de ocho cañones de 152 milímetros) no se percatara de la verdadera identidad de su contrario hasta que fuese demasiado tarde.

A las seis de la tarde, para favorecer su engaño, envió por radio un mensaje a través de la frecuencia aliada señalando que había divisado a un barco sospechoso. Su treta surtió efecto, pues el Sydney cerró los tubos de los torpedos. En los minutos siguientes, ambos se intercambiaron mensajes como su destino y sus órdenes. De hecho, los buques llegaron a estar tan cerca que las tripulaciones pudieron saludarse desde la lejanía. No obstante, todo acabó cuando el capitán australiano solicitó a su homólogo un código de identificación secreto para corroborar su identidad.

Sin poder respondele, Detmers se limitó a izar la bandera de la «Kriegsmarine» y abrió fuego sobre su enemigo. Por entonces eran las seis y media de la tarde. Fue entonces cuando los australianos se percataron de que el buque mercante era en realidad un navío armado de forma considerable e iba a costar derrotarle.

Instantes después, el fuego del Kormoran cayó irremediablemente sobre su enemigo y destruyó su puente usando sus armas antiáeres y los cañones de cubierta. El navío quedó incapacitado y a merced de los torpedos nazis. No obstante, antes de hundirse bajo las aguas los australianos decidieron armarse de valor y se dispusieron a arrojar todo lo que tenían sobre sus enemigos.

El combate continuó durante varios minutos y, finalmente, se consumó la tragedia cuando -antes de las ocho- ambos navíos se alejaron el uno del otro, derrotados. Curiosamente, los nazis vieron hundirse a sus contrarios desde sus barcazas de salvamento a las once de la noche, pues decidieron abandonar el Kormoran antes de que el fuego que se había entendido por él llegase hasta las minas almacenadas en la bodega. Fueron previsores, pues estas acabaron explotando y enviando a su querido mercante artillado al fondo del mar. Aquella jornada, los australianos perdieron 645 marineros y los nazis, 80.

Reconstrucción del pecio

Ambos buques permanecieron ocultos hasta que, en 2008, la Universidad de Curtin y el Museo de Australia Occidental llevaron a cabo una misión de recuperación en la que encontraron los restos de ambos buques. Estos se encontraban a 20 kilómetros de distancia unos de otros. Durante esa misión, los expertos realizaron más de 700.000 fotografías de los pecios en alta resolución con las que, ahora, pretenden reconstruir digitalmente los restos de los buques. Un proyecto que costará un millón de dólares.