Gabo nos dejó hace un año
Gabo nos dejó hace un año - reuters
Primer aniversario de la muerte de gabriel garcía márquez

Gabo decidió legar sus escritos a la Universidad de Texas hace 15 años

El Jueves Santo de 2014 se apagó la vida del Nobel colombiano. Un sobrino desvela a ABC algunos de sus secretos

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Un año después de muerto Gabriel García Márquez, aquí, bajo los almendros en flor de Cartagena de Indias, ya se ventilan sin temores unos secretos maravillosos de escuchar.

El primero. Hace 15 años, cuando el escritor colombiano (1927-2014) se enteró de que tenía cáncer linfático, decidió qué dejaba, cómo lo dejaba y a dónde iban a parar sus herencias literarias. «Él sabía que, si sus cosas se quedaban aquí, en Colombia, corrían el riesgo de perderse, de no ser bien utilizadas», afirma Gabriel Eligio Torres García, el hijo de Rita, la séptima de los once hermanos que tuvo el premio Nobel.

Gabriel Eligio se refería al tesoro que, por 2,2 millones de dólares, adquirió en diciembre pasado el afamado Centro Harry Ransom, de la Universidad de Texas. En 40 cajas Gabo empaquetó más de 50 años de secretos literarios y 10 libros, incluido el manuscrito de su afamada novela «Cien años de soledad», de 1967.

Que decidiera enviarlo a Estados Unidos no gustó ni en México ni en Colombia, países de los que Gabo fue un ciudadano más. Hubo indignación. ¿Por qué la médula ósea del escritor colombiano se quedaba en un país que incluso le quitó el visado por sus relaciones con dictadores, como el líder cubano Fidel Castro, y sus simpatías con los movimientos revolucionarios de izquierda? ¿Por qué en Colombia sólo quedó el liqui-liqui, vestido blanco con el que recibió el premio Nobel en Estocolmo y que hoy está expuesto en el Museo Nacional de Bogotá?

Pero Gabo, para quien lo más importante era que sus amigos lo quisieran, se guardó el secreto. Y su sobrino también. «Él tejió su propia mortaja literaria hace mucho tiempo ya», cuenta a ABC este sobrino, de 48 años, que guarda muchos secretos.

El segundo. Una tarde, hace más de dos décadas, Gabo le pidió que le guardara el primer borrador de «El general en su laberinto», esa obra en la que describe los últimos días del libertador Simón Bolívar. Gabo iba a tomar un avión, le tenía pánico a volar. «Cuando aterrice en México destruyes ese manuscrito», le ordenó al sobrino. Éste leyó el manuscrito de un tirón y lo destruyó, en efecto, porque Gabo no murió volando, sino que lo hizo el 17 de abril de 2014, a los 87 años, como su personaje Úrsula Iguarán, un Jueves Santo, de hace un año ya.

«¡Aquí nadie llora!»

Murió junto a los suyos y ahora se sabe cómo, porque también se encargó de contárselo a la periodista Silvana Paternostro –autora de «Soledad & Compañía: un retrato compartido de Gabriel García Márquez»– el fotógrafo Guillermo Angulo, amigo del alma de Gabo. «Tomé un avión. Llegué a la casa del Pedregal (México) a la una y cuarto de la tarde. Gabito murió a las 12:08. Rodrigo, el mayor de los Gabos (el otro hijo es Gonzalo), me dijo: "Qué bueno que viniste, mano. Mientras más seamos, mejor se reparte el chingadazo”. Yo fui el único, fuera de la familia, que vio a Gabo muerto. Se veía muy bien y tranquilo, le di un beso de despedida en la mejilla. Ya habían apagado los vallenatos que habían sonado hasta su muerte. Antes de salir, Mercedes nos dijo a todos los que íbamos para (el Palacio) Bellas Artes: “¡Que aquí nadie llora. Aquí es a lo mero macho de Jalisco!”».

Un año después a Gabo nadie le llora. Al contrario. Es un festejo. La entrevista bajo los almendros en flor con el sobrino del Nobel colombiano tuvo lugar durante la 55 edición del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias. Fue en honor a Gabo, tan amante del cine como de las letras, y por eso fundó en 1986 la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (Cuba). El público aprendió de las películas que influenciaron al Nobel y asistió a un remate inesperado.

Su hijo Rodrigo García Barcha (1959), director de cine, clausuró el festival con «El último día en el desierto», una película que recrea el momento en el que Jesús termina sus 40 días de ayuno y oración en el desierto y es tentado por el demonio, antes de afrontar la prueba más difícil de su vida. Pero, en realidad, como explicó García Barcha, es una profunda reflexión sobre la vida, el ser humano y las complejas relaciones entre padres e hijos. «Las vio todas (Gabo), menos esta. Le encantaban mis películas. Sus comentarios no me eran útiles, porque todos eran positivos. Presumía de ellas y se las pasaba a sus amigos. Esta la grabé hace un año, pero él no alcanzó ni a ver el guión porque ya tenía dificultades para leer. Este proyecto no lo conoció», manifestó a diversos medios nacionales el hijo de García Márquez.

«Gabo no se ha ido, nadie quiere que se vaya», dice a ABC Jaime Abello Banfi, director de la Fundación Gabriel García Márquez, que también festejó los 20 años de su fundación. Cerca de 35.000 periodistas han participado en los más de 500 talleres que ha impartido esta institución. Y hay muchos más planes para el futuro.

Jaime García Márquez, ingeniero y el octavo de los once hermanos García Márquez, de los que ya sólo quedan seis vivos, tiene un proyecto entre manos: montar el Centro Cultural García Márquez con muchos recuerdos que guarda la familia. A fin de cuentas, Gabo dejó una casa en la ciudad amurallada. Está un poco desvencijada. Pero quizás no por mucho tiempo. Podrá ser el centro de referencia de Gabo en Cartagena. Algún día.