El último Sherlock Holmes de la televisión (Benedict Cumberbatch) y John Watson (Martin Freeman)
El último Sherlock Holmes de la televisión (Benedict Cumberbatch) y John Watson (Martin Freeman) - abc
desmontando a un mito

¿Fue Sherlock Holmes un plagio?

Creado por Conan Doyle, el célebre detective es uno de los personajes clásicos de la literatura. Pero, dieciséis años antes, apareció en Francia «Maximilien Heller», de Henry Cauvain, que se anticipaba en todo. Analizamos todas las coincidencias

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Sí, elemental querido lector. Para muchos, serán puras coincidencias; para otros tantos, un plagio; y para otro puñado de aficionados, sólo serán algunas comprensibles influencias. Pero parece ser que Sherlock Holmes no sólo es de Arthur Conan Doyle. ¿Hablamos de plagio? Ya quisiera este plumilla apuntarse tan despampanante exclusiva.

Pero estamos ante una realidad, que ahora les detallaremos, y tiene pinta de que estamos ante una situación en la que cualquier parecido con la realidad NO es pura coincidencia. Resumamos. Sir Arthur Conan Doyle se habría inspirado demasiado en «Maximilien Heller», novela del escritor francés Henry Cauvain, aparecida dieciséis años antes en Francia que «Estudio en escarlata», primera obra del ciclo de Holmes. En el libro de Cauvain aparecía un detective privado adicto a las drogas, misántropo en plenilunio, fantásticamente dotado para la deducción lógica, notable químico, experto en ciencia forense... Aquí, el héroe es Maximilien, el doctor Jules sería Watson y Wickson sería Moriarty. Si seguimos resumiendo, podemos decir que Maximilien es un joven melancólico y enigmático, con una mente que no descansa. Escribe tratados filosóficos y económicos y se tiene por un sabio incomprendido, un genio al que nadie hace caso. Dejemos hablar al propio Heller: «Yo solo busco una cosa: los hechos. Cuando los tenga todos en mi mano, entonces, y solo entonces, en medio de todas esas inverosimilitudes que en un principio parecen tan insólitas, surgirá la verdad tan resplandeciente como el sol». Es prácticamente insomne, y de ahí nace su adicción al opio. Además, no dice ni pío acerca de sus pensamientos o sus planes, aunque ello le pueda costar la vida. Pero eso sí, qué casualidad, tiene un confidente, un médico, que narra sus audaces hazañas de su brillante amigo.

Este libro, «Maximilien Heller», que estará en las librerías a partir del 20 de marzo, será publicado por la activísima Editorial dÉpoca (probablemente la mejor en literatura victoriana de España), que dirigen Susanna González y Bernardo García-Rovés González. La traducción es de Eva María González Pardo.

Como explica Susanna González, «en esta precursora novela de detectives, la atención del lector se centra en la personalidad del investigador y el criminal, nunca en la víctima. Y el criminal no es un loco o un tonto que evidencie sus locuras, sino una especie de gemelo malvado del detective, casi tan brillante como él, con el que podría concertar un duelo a muerte. Al releer las páginas de la novela, el lector atento es consciente de que, efectivamente, las evidencias estaban ahí, y la resolución del misterio es absolutamente lógica».

Pero ya es hora de saciar al lector con estas coincidencias. Los dos son detectives privados, muy altos y delgados, muy inteligentes y con un extraordinario talento para la observación y la deducción lógicas; los dos son adictos a las drogas; altamente familiarizados con las ciencias químicas y las prácticas forenses; maestros del disfraz; sus hazañas las cuenta su amigo y confidente, un médico; su enemigo es un doctor maléfico y escurridizo; son maniaco-depresivos, con periodos de profundo abatimiento seguidos de una gran exaltación. Sólo son felices si utilizan su intelecto. También son misántropos, con una fuerte aversión al trato con los demás. Ambos son egocéntricos, excéntricos, pasan horas y días meditando en un sillón; viven en apartamentos profundamente desordenados, repletos de pilas de papeles y documentos por todas partes, tienen gato; se ayudan de niños en sus investigaciones...

Como concluye Susanna González, que se define como «detective de libros», «sabemos que Doyle leía en francés y estuvo siempre muy influenciado por la literatura francesa. No solo devoraba a Émile Gaboriau, a mediados de la década de 1880, sino que también era lector de Alejandro Dumas, George Ohnet y Fortuné de Boisgobey. En 1876 visitó a su tío abuelo y padrino, Michael Conan, que vivía en París. Un año antes se había reeditado una novela que tenía mucho éxito en Francia: Maximilien Heller, de Henry Cauvain. Contaba con varias reediciones sucesivas, una de ellas, en 1875. Se cree que en esa visita Doyle tuvo acceso a la novela de Cauvain y la leyó. Por tanto, ¿fue Maximilien Heller la «inspiración» de Sherlock Holmes? Parece que hay demasiadas coincidencias para que no sea el caso.

Dejamos al lector la última palabra.