No siempre este sencillo aparato está asociado a connotaciones tan positivas...
No siempre este sencillo aparato está asociado a connotaciones tan positivas... - FLICKR
El origen de los insultos más populares

¿Por qué decimos al loco que «está como una regadera»?

En el origen de la comparación se decía que estas criaturas hacían aguas, en referencia a cierto deterioro mental

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Desde épocas pretéritas, un artilugio compuesto por un pequeño depósito y un difusor ha sido indispensable para un gran número de plantas. El agua que brota de su interior es sinónimo de felicidad en el hogar. Pocas veces el cine ha reflejado tan bien la alegría que en las escenas donde alguien sale utilizando una regadera. El protagonista derrocha vitalidad al tiempo que baila o tararea una canción. Pero no siempre este sencillo aparato está asociado a connotaciones tan positivas...

A pocas personas se les escapa que el término también hace referencia a todos aquellos que se dejaron la cordura en algún lugar recóndito. Como bien apunta Pancracio Celdrán en «El Gran Libro de los Insultos», publicado por la editorial La Esfera, «se trata de un sujeto muy peculiar que hace y dice tonterías sin dejar de razonarlas. También comparamos con este objeto al excéntrico o persona que se aparta de la norma y se muestra extravagante en el vestir, el hablar o en la forma de llevarse y traerse por la vida».

De este vocablo se desprende la expresión popular 'estar como una regadera', en alusión a la persona chiflada o disparatada. En el origen de la comparación se decía que estas criaturas hacían aguas, en referencia a cierto deterioro mental. «Es comparación acaso no anterior al siglo XIX, que equipara los agujeros por donde el agua de este artilugio sale a chorros, con la cabeza de la persona de quien se dice, dando a entender que tanto la cabeza del orate o loco, como la regadera, pierden sustancia y no logran regirse con cordura», señala el autor.

Pero no es la única teoría. Celdrán remarca que existe la creencia de que la asociación pudo nacer a raíz del estreno de una obra que causaba furor en su época: En 1907 la cupletista Julita Fons estrenó «El Vals de la regadera» en el Teatro Eslava de Madrid, una pieza procedente de la zarzuela «La alegre trompetería», en donde se decía con cierta picardía subida de tono:

Tengo un jardín en mi casa

que es la mar de rebonito;

pero no hay quien me lo riegue

y lo tengo muy sequito

Al levantarme / y al acostarme

lleno de agua / la regadera,

y con las faldas / muy recogidas

le voy regando / de esta manera...

«Cuando la cupletista hacía ademán de regar con la regadera, el público enloquecía y hacía gestos destemplados conforme Julita Fons iba insinuándose más y más, de modo que en aquellos años primeros del siglo XX se decía que estaba como una regadera la persona que pierde el control y gobierno de su persona».