El dibujante Máximo, fotografiado en su domicilio en abril de 2008
El dibujante Máximo, fotografiado en su domicilio en abril de 2008 - DANIEL G. LÓPEZ

Muere Máximo, el dibujante que hizo del humor un género literario

El viñetista, que ha fallecido a los 82 años a causa de una parada cardiorrespiratoria, terminó su carrera en ABC

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«Levantarse por la mañana y distinguir entre la euforia y la depresión». Eso era, para Máximo San Juan, la Filosofía y así la práctico durante sus 82 años de vida. Una vida que hoy ha tocado a su fin, a causa de una parada cardiorrespiratoria, en su domicilio de Madrid, donde mañana será incinerado en el Parque cementerio La Paz. Con la muerte del dibujante, que terminó su carrera como viñetista en ABC, el humor gráfico español dice adiós a uno de sus más destacados representantes, que dedicó su larga trayectoria a este arte.

Autor polifacético y escritor por encima de todo («En mis dibujos todo es literatura. El dibujo de humor es un género literario que, accidentalmente, se apoya en la imagen», llegó a decir), sus obras estaban marcadas por una búsqueda constante y aspiraban a salirse del día a día a través del reto renovado, definiendo a un estudioso del dibujo como expresión artística.

Una disciplina que hoy, como ha destacado el ministro de Cultura, José Ignacio Wert, está de luto. «Máximo ha sido una voz en la que el humor ha constituido un vehículo para trasladar firmes convicciones éticas, sociales y políticas, donde la sonrisa instintiva daba paso a una reflexión sobre la cuestión que planteaba. Su humor era intelectualmente agudo y penetrante, a veces ácido, pero siempre matizado emocionalmente por su inspiración, por sus profundas convicciones éticas y sociales», ha dicho Wert a través de un comunicado. Uno de sus amigos y compañeros de profesión, José María Pérez, Peridis, también ha tenido palabras de recuerdo para Máximo. En declaraciones a Efe, Peridis le definió como «uno de los grandísimos» de «todos los tiempos del humor gráfico español», un «referente» con un «humor sumamente reflexivo».

Nacido en Mambrilla de Castrejón (Burgos) el 18 de febrero de 1932, Máximo San Juan estudió Peritaje Industrial en Valladolid, carrera que no llegó a terminar. Trabajó como locutor, guionista, escritor de poemas y jefe de Programas en Cadena Azul, pero en 1962 dejó la radio para dedicarse a dibujar. Su trayectoria como viñetista comenzó en Madrid, donde empezó a publicar sus primeros dibujos en la revista «Juventud», el diario «Arriba» y el magazín «Don José».

En 1964 Emilio Romero le contrató para «Pueblo», diario en el que trabajó durante diez años. Durante esa etapa también colaboró con «La Codorniz», «Mundo» y «El Correo Catalán». Tras un desencuentro con Romero, Máximo abandonó «Pueblo» y, tras colaborar con la revista «Por favor», en mayo de 1976 comenzó a trabajar en el recién nacido diario «El País», en el que permaneció hasta el 20 de octubre de 2007.

Humor y diversión

El 13 de abril de 2008, Máximo empezó a publicar en «ABC», periódico en el que apareció su última viñeta el 28 de febrero de 2013. Una etapa durante la que se sintió «absolutamente libre y cómodo, muy bien tratado, con mucha cordialidad, y cariño», según confesó en una entrevista con motivo de la publicación de su libro «Diario Regio». Previamente, el dibujante estuvo vinculado a «Blanco y Negro» y logró el Premio Mingote en 1980 por un dibujo realizado con motivo de la exposición Picasso en Nueva York y publicado en «El País».

Además de dicho galardón, Máximo fue premiado a lo largo de toda su carrera con el Joaquín Costa de Periodismo, el González Ruano (1988), el Rodríguez Santamaría (2007) de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), el Internacional de Humor Gato Perich (2008) o el Premio Iberoamericano de Humor Gráfico Quevedos (2010). A los miles de dibujos se suman libros como «Historias Impávidas», «Este País», «Carta abierta a la censura», «Diario Apócrifo», «Animales políticos», «No a la OTAN y otros incordios», «Hipótesis» o «El poder y viceversa». En 1977 adaptó la obra teatral «La tierra es redonda», de Armand Salacrou.

Poca amigo de sonoros halagos (del Séneca de la Prensa al filósofo del humor), Máximo era él mismo. Con eso se conformaba. Y cada día seguía asombrándose, teniendo claro que «no es obligatorio que humor y diversión se unan». Porque, como bien dijo un día, «hay un humor triste y melancólico» que hoy, más que nunca, invade las páginas de todos los periódicos.