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SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Caída, prisión y liberación de Mussolini

«Il Duce», relevado por el Gran Consejo Fascista y arrestado por el rey, sería rescatado por un comando de paracaidistas alemanes

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En la madrugada del 25 de julio de 1943, el Gran Consejo del Fascismo votó, a iniciativa de Dino Grandi, solicitar al rey que asumiese el mando supremo de las fuerzas armadas. Horas más tarde, Víctor Manuel III hacía efectiva la destitución de Il Duce, comunicándole que había decidido sustituirlo por el mariscal Pietro Badoglio. Sorprendido, Mussolini, sin ofrecer resistencia, sólo acertó a preguntar: «Entonces, ¿todo ha terminado?» Acababan así, sin pena ni gloria, sus casi 23 años de dictadura personal. El monarca ordenó a continuación su arresto, siendo trasladado a la isla de Ponza, primero, y a Villa Webber, en la isla de La Maddalena, poco después, para evitar que los alemanes localizasen su paradero.

Fracaso

Hacían bien los italianos en desconfiar de sus aliados, pues el 26 de julio, ya al día siguiente de que Il Duce hubiera sido destituido, Hitler había ordenado al general Kurt Student, comandante de la 2ª División de Paracaidistas, acantonada al sur de Roma, liberar a Mussolini en cuanto su paradero pudiese ser localizado. La búsqueda se encomendó a dos oficiales de las SS, Herbert Kappler, jefe de la policía alemana en Roma, y el capitán Otto Skorzeny, que ya se había distinguido en varias misiones especiales. A finales de agosto, los alemanes pudieron saber donde se encontraba retenido Mussolini, pero el plan para liberarlo fracasó: un día antes de la puesta en práctica de la operación, el jefe del fascismo había sido trasladado al albergue de Campo Imperatore, un inaccesible refugio de montaña encaramado al Gran Sasso, en los montes Abruzzos.

Skorzeny

Los agentes de Kappler volvieron a encontrarlo y Student decidió intentar de nuevo el rescate, encomendando al comandante Harald Mors, jefe del primer batallón del 7º Regimiento de Paracaidistas, la difícil tarea de planear y ejecutar la operación. A las dos de la tarde del 12 de septiembre, los Carabinieri que guardaban a Mussolini vieron descender diez planeadores que tomaron tierra en una pequeña planicie próxima al albergue. Pocos minutos más tarde, sin encontrar resistencia, los paracaidistas alemanes habían liberado al agradecido prisionero: «Sabía que el Fürher no me abandonaría». Más tarde, aterrizó un pequeño Storch para llevar al Duce a Pratica di Mare, cerca de Roma. Cuando el avión estaba a punto de despegar, Skorzeny, que había acompañado a los paracaidistas como observador, rogó al piloto que le dejase subir. Desde entonces no se separaría de Mussolini, pasando a la historia como su libertador, un mérito que no le correspondía. En Practica di Mare, Il Duce fue introducido en un nuevo avión en el que se trasladó a Alemania.

Los personajes

Pietro Badoglio

El hombre que rindió Italia. En medio del caos político subsiguiente a la invasión de Italia por los aliados, en julio de 1943, el mariscal Badoglio era nombrado por el rey Víctor Manuel como sustituto de Benito Mussolini. El 3 de septiembre, acordó la capitulación de Italia ante los aliados y, en octubre, el gobierno por él presidido declaraba la guerra a Alemania, su otrora aliada. En

1944 fue sustituido por Ivanoe Bonomi, retirándose de la vida política. Badoglio había sido jefe de las fuerzas italianas en el África Oriental en 1935 y Virrey de Etiopía tras la victoria. Retornado a Italia como jefe del Estado Mayor del Ejército, dimitió en 1940 tras la derrota en Grecia. Opuesto a la entrada de Italia en la guerra y a la firma del Pacto de Acero con Alemania, nunca fue acusado de crímenes de guerra, a pesar de las pruebas contra él por el uso de gas mostaza en la campaña de Etiopía.

Mark W. Clark

El liberador de Roma. El general Mark Wayne Clark fue el comandante en jefe de las fuerzas de los EEUU en Italia y, posteriormente, el jefe supremo aliado en la península. Su actuación fue muy discutida. Se le reprocha haber desaprovechado las oportunidades para dinamizar la campaña y dejar escapar a las fuerzas germanas hacia al norte al sucumbir a la vanidad de liberar

la Ciudad Eterna (6 de junio de 1944), dando lugar a combates que podían haberse evitado. Hábil negociador, consiguió atraer durante la Operación Torch, en noviembre de 1942, al almirante Darlan, máxima autoridad militar del régimen de Vichy en el Norte de África, hacia la órbita aliada. Tras la victoria en Europa, Clark dirigió las tropas de la ONU en la Guerra de Corea. Buen jefe y estratega más que cabal, siempre le acompañará la polémica por sus controvertidas decisiones en la campaña italiana.