Los pilotos americanos destrozan la flota japonesa en Midway
Cazas de la Marina de los EEUU sobre la cubierta de un portaaviones
la larga guerra del siglo XX. Segunda guerra mundial (XXiV)

Los pilotos americanos destrozan la flota japonesa en Midway

Parecía que la marea japonesa no tenía fin. A principios del verano de 1942 el imperio del Sol Naciente continuaba su expansión a lo largo y ancho del Pacífico. Y, sin embargo, en una sola batalla el curso de la guerra tomaría un drástico giro…

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Tras las espectaculares victorias del invierno de 1941-1942 y la primavera siguiente, el Alto Mando Imperial japonés se ve inmerso en una cuestión fundamental. Los objetivos por los cuales ha entrado en guerra —las materias primas del sudeste asiático— han sido asegurados tras la conquista de las Indias Orientales Holandesas y las posesiones del Imperio Británico.

La ocupación de las Filipinas y del numeroso anillo de islas en el Pacífico proporciona el cinturón defensivoque protege las nuevas adquisiciones y sus rutas marítimas hacia Japón. Pero la guerra continúa y se establece un debate en torno a la estrategia a seguir: ¿cuál debe ser el siguiente paso?, ¿se debe adoptar una actitud defensiva u ofensiva?

El almirante Yamamoto —verdadero conductor de la estrategia naval japonesa— considera que permanecer a la defensiva ante una potencia con el poderío industrial y los recursos humanos de los Estados Unidos es una actitud suicida. Se hace necesario plantear una estrategia que provoque una paz negociada, en la que Japón, desde una posición victoriosa, pueda conservar la mayor parte de lo conquistado.

Para ello el contralmirante Ukagi, jefe del Estado Mayor de Yamamoto, plantea tres opciones diferentes: la primera, invadir Australia, opción que será rápidamente descartada al contar con la oposición radical del Ejército japonés, que, volcado en la guerra con China, no está dispuesto a involucrar más tropas de las estrictamente necesarias en nuevos frentes de guerra. Las otras dos: invadir la India, vía Ceilán, o hacer lo propio con Hawai, vía Midway, son las que entran en el debate…

¿Midway o Ceilán? Ambas opciones cuentan con vehementes defensores y, tras un agrio debate, parece que la opción del ataque a Ceilán tiene más partidarios, aunque Yamamoto apoya personalmente el ataque a Midway.

Pero la discusión se zanja como consecuencia del raid de Doolittle. Se atacará Midway. Con ello se intenta forzar a la US Navy a plantear una batalla decisiva. Una batalla que sus fuerzas ganarán y así se obligará a los EEUU a sentarse a negociar la paz. Al mismo tiempo, se decide ocupar algunas de las Islas Aleutinas, en Alaska, ya que su posesión permitirá ampliar todavía más el cinturón defensivo nipón y protegerá el flanco norte del ataque a Midway y Hawaii.

Mientras, la lucha continúa. Dos son los frentes principales. Uno es Birmania, cuya campaña acabará a finales de 1942 con la expulsión de las tropas británicas e hindúes hacia la India. El otro frente se encuentra en las Salomón y Nueva Guinea, que son escenario de cruentas luchas entre las tropas australianas y japonesas.

La posesión de dichas islas permitiría estrangular Australia, al quedar rodeada de bases japonesas (Rabaul, la principal) que impedirían el tránsito de convoyes o tropas desde los EEUU y hacia Europa... A principios de mayo de 1942, una poderosa escuadra escolta a una fuerza de desembarco nipona con el objetivo de tomar Port Moresby, la capital de Nueva Guinea.

A su encuentro salen dos Task Forces (grupos de combate de la US Navy). En los enfrentamientos que siguieron, conocidos como Batalla del Mar del Coral, los estadounidenses, a pesar de unas pérdidas superiores, obligan a la marina japonesa a abortar sus planes de invasión.

Derrota decisiva

Pero los planes de ataque a Midway y la posterior invasión de las Hawaii prosiguen. Sin embargo, los estadounidenses, ayudados por su conocimiento del cifrado enemigo, logran adivinar el proyecto japonés.

Y así, a pesar de su inferioridad en portaaviones, el conocimiento del dispositivo nipón les otorga cierta ventaja. Durante los días 4 a 7 de junio tiene lugar uno de los combates más trascendentales de toda la gue-rra. La suerte y el valor se alían con la pericia en el bando estadounidense para otorgarle una victoria decisiva que cambiará el curso de la guerra en el Pacífico.

Al finalizar los combates, los cuatro portaaviones japoneses de la flota de invasión han sido hundidos y, lo que es más importante, las expertas —e insustituibles— tripulaciones de los aviones y navíos que habían hecho posible la expansión del Imperio del Sol Naciente han sido eliminadas. El hundimiento del portaviones «Yorktown» y la ocupación de las islas de Attu y Kiska en las Aleutianas no pueden compensar, ni con mucho, el carácter decisivo de esta derrota japonesa.