España quiere recuperar su voz apagada en Oxford
La Reina, el martes pasado a su llegada al Exeter College de Oxford - efe

España quiere recuperar su voz apagada en Oxford

Académicos consultados por ABC constatan que nuestro país es «el gran ausente» en la prestigiosa universidad

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«Jamás pensé que obtener una beca de investigación en Oxford me llevaría a conocer a la Reina de España», explicaba esta semana a ABC, todavía sorprendida, Daniela Omlor, una estudiante de doctorado alemana que prepara una tesis sobre Jorge Semprún gracias a un programa que lleva el nombre de Doña Sofía. La Reina realizó una visita el martes al Exeter College de Oxford con motivo de su 700 aniversario, en calidad de miembro honorario de su claustro.

«Hay expertos en Grecia, Turquía o Macedonia pero no en España»La facultad alberga la cátedra española más importante en la prestigiosa universidad inglesa, la cátedra Rey Alfonso XIII de Literatura Española, establecida en 1927, y que tuvo a Salvador de Madariaga como primer ocupante. En los últimos 30 años, sin embargo, la voz de España se ha ido apagando en Oxford, como destacan expertos españoles vinculados a esta universidad.

Para muchos de ellos, la visita de Doña Sofía se encuadra en el intento de «ir sembrando» las semillas del regreso de España a Oxford, en palabras de Julio Crespo MacLennan, director del Instituto Cervantes de Londres, colaborador de ABC e historiador formado en Oxford. «Hay expertos en Grecia, en Turquía, en Macedonia y en Europa Central pero no en España, que es sin duda la gran ausente en Oxford», nos explica. «La tarea pendiente es conseguir dinero para establecer un endowment [financiación permanente] para poner fin a esa ausencia institucional con una cátedra de estudios sobre la España contemporánea», afirma.

Por este hervidero académico pasaron figuras como Unamuno, Caro Baroja o Cernuda. Pero fue a mediados de los setenta cuando Oxford desempeña un papel fundamental en la historia española al formar a toda una nueva generación de políticos, historiadores y economistas españoles. El epicentro académico y emocional de aquel periodo fue el Centro de Estudios Ibéricos, fundado por el hispanista Raymond Carr, decano del St. Antony’s College de Oxford de 1968 a 1987. Allí estuvieron políticos como Alfonso Guerra o Manuel Fraga, historiadores como Juan Pablo Fusi, José Varela Ortega, el diplomático hispano-israelí Shlomo Ben Ami y economistas como José María Maravall, Leandro Prados de la Escosura o Antonio Gomez Mendoza, entre otros.

Una presencia diluida

Una presencia que se fue diluyendo, como reconoció el propio Carr, a medida que España se fue normalizando hasta convertirse en «un gran país europeo». Charles Powell, actual director del Real Instituto Elcano, fue el último discípulo del gran hispanista en intentar mantener, ya a comienzos de los 90, un programa de estudios sobre España. En 1992, Powell presentó a José María Aznar al nuevo decano del St. Antony’s College -el centro de relaciones internacionales de Oxford por excelencia-, Ralph Dahrendorf. Este visitaría más tarde al político español, ya en la Moncloa. Pero aquellas conversaciones no derivaron en un instrumento concreto de presencia española en Oxford.

«Desaprovechamos en los 90 aquel gran momento de bonanza, de internacionalización de la economía española y de presencia exterior de la empresa española, y ahora será más difícil porque España es solo uno más entre un montón de países», explica Powell en conversación telefónica. Ya en los 80, el propio Maravall, ministro de Educación en el primer Gobierno de Felipe González, y también Narcís Serra, mantuvieron contactos con las autoridades de la universidad. Pero tampoco fueron concluyentes. Cuando en 1997 el propio Crespo concluye sus estudios de posgrado allí (con Charles Powell como director de tesis) entrega una de las últimas tesis doctorales sobre España publicadas en la universidad inglesa.

Dahrendorf abandonó su cargo de decano de St. Antony’s en 1997, y Powell regresó a España. «Cuando Charles se va, se apaga la voz de España», dice Crespo. En los últimos años, herederos de aquel periodo dorado de España en Oxford, como Varela, Powell o Crespo, han intentado involucrar a las instituciones y, sobre todo, a empresas españolas con intereses en Reino Unido, como Ferrovial o Iberdrola, para encontrar la financiación necesaria. El único resultado tangible es la beca de investigador visitante o fellowship sufragada por el Banco de Santander, insuficiente para construir las redes académicas y las líneas de investigación que requiere la tarea.

«Es verdad que no tenemos en estos momentos un profesor senior permanente dedicado al estudio de España o de la Península Ibérica en Oxford», ratifica a ABC Margaret MacMillan, historiadora y decana del St. Antony’s College desde 2007. MacMillan explica que ha mantenido algunos contactos al respecto, pero «no han conducido a nada. La España contemporánea no es una prioridad para el departamento de Historia, pero esto cambiaría si una institución española quisiera financiar una cátedra. La universidad prestaría atención».

«Viva la Pepa»

Curiosamente, el último gran grito español fue el «Viva la Pepa» que sonó en el acto de celebración del Bicentenario de la Constitución de Cádiz, organizado en 2012 por la Sociedad Tayloriana de Oxford. Además del ámbito literario y del programa de Santander Universidades, el Gobierno vasco mantiene, a través de la Sociedad de Estudios Vascos, una presencia estable en Oxford, casi ininterrumpida desde los 70. El llamado «Basque Visiting Fellowship» se origina en el trabajo, a comienzos del siglo XX, de lingüistas y antropólogos interesados en el caso vasco, con Julio Caro Baroja a la cabeza. Pero ha servido, en la época moderna, para formar a influyentes académicos como Gurutz Jáuregui o la economista Mari Carmen Gallastegui. Ambos llegaron a ocupar puestos de responsabilidad en el Gobierno Vasco. «Es muy difícil que se consolide un programa de estudios ibéricos sin un esfuerzo decidido del Gobierno español, y la clave son las empresas españolas», explica Noé Cornago, beneficiario del programa vasco en el curso 2011-2012.

«A Oxford no se puede venir con la bandera, la moneda de cambio es la calidad»Cornago, que fue uno de los asistentes al acto sobre la constitución de 1812, ha publicado en Holanda la obra “Plural Diplomacies” (diplomacias plurales) tras su paso por Oxford. Como muchas de las personas que han pasado por sus aulas, advierte que no todo vale. «A Oxford no se puede venir con la bandera sino a poner en valor la seriedad en la gestión académica y la solvencia intelectual, así es como se deja ese poso común que luego el sistema universitario aprovecha gracias a las redes que se establecen».

Y define la que es la verdadera moneda de cambio en sus pasillos: «la calidad, el pluralismo, la consistencia, esa es la moneda de cambio aquí, la seriedad de la cultura académica inglesa no se puede improvisar». La catalana Xon de Ros es profesora de literatura española y tutora de alumnos de grado universitario en el Lady Margaret Hall, el primer colegio para mujeres creado en Oxford, y el primero que se hizo mixto. De Ros fue la primera española en llegar a este college. Acumula más de 20 años de experiencia enseñando español en distintas universidades inglesas, y se muestra muy crítica con los estándares educativos españoles y con el «absoluto desinterés de las instituciones españolas» en estar en Oxford.

«¡Dicen Harry Potter con toda tranquilidad!»

«El sistema español no es exportable a un sistema meritocrático como el inglés que valora el pensamiento individual; el pensamiento original es machacado en España, y eso nos da desventaja». Y explica, indignada, la respuesta que recibe cuando pregunta a potenciales alumnos españoles qué libros han leído en inglés. «Dicen Harry Potter con toda tranquilidad, y en español citan a Góngora, a Lope o a Calderón, pero sin creérselo, no saben hablar de lo que han leído», explica.

Pero las maravillosas bibliotecas y los jardines ocultos de Oxford esconden también valiosas excepciones a esta regla, como la estudiante española Marina Pérez de Arcos, de 25 años. «Oxford te da una estimulación intelectual constante, un afán de superación permanente, pero tu nivel de inglés tiene que ser óptimo», explica. Fue admitida el año pasado para hacer un doctorado en el departamento de Políticas y Relaciones Internacionales, tras culminar el Master de Relaciones Internacionales en el St. Antony’s College.

Era la única española en una clase de 25 alumnos. Antony’s College. Era la única española en una clase de 25 alumnos. Especializada en la política exterior española en los 80, se considera una «españista», en oposición a la etiqueta de hispanistas que lucen los grandes maestros británicos que han escrito sobre España, como Carr, Hugh Thomas o John Elliott. «Ellos crean los tópicos y ellos los destruyen», defiende.

Pérez de Arcos es una de las fundadoras del primer grupo de teatro español en Oxford, «The Oxford Spanish Play». Quiere llevar su experiencia académica a España, donde representará el prototipo de partícula intelectual en la constelación de ideas y contactos que España debe reconstruir en los grandes motores de la inteligencia, como es la universidad de Oxford.