El tenor norteamericano Gregory Kunde, tras recibir su premio
El tenor norteamericano Gregory Kunde, tras recibir su premio - efe

Los siete pecados capitales de la ópera

José Carlos Plaza firmó una poética gala en la entrega de la octava edición de los Premios Líricos Campoamor

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Los Campoamor, los galardones que desde Oviedo y a nivel nacional reconocen el trabajo de la industria de la ópera y de la zarzuela en España, se entregaron el sábado en el emblemático escenario de la capital asturiana que les da nombre: el espectáculo ideado por José Carlos Plaza (premiado en 2012 por su montaje de la ópera de Manuel Penella «El gato montés») congregó en la ciudad a la flor y nata de la lírica en una nueva entrega de una velada que ha creado estilo, a medio camino entre una gala lírica y una tradicional entrega de galardones. Porque en la gala de los Premios Líricos Teatro Campoamor se evita como sea tanto los discursos de agradecimiento de los ganadores como la humorada fácil, y en esta ocasión más que nunca, ya que se ha tratado de uno de los enfoques más poéticos de las ocho que suman estos Oscar 2013 de la lírica española.

Plaza planteó una especial mirada a los «Siete pecados capitales», aquí aplicados a la lírica: la poesía, la voz y la emoción, el sentimiento amor-odio, la armonía, la libertad, la emoción y la alegría de vivir, cada uno refrendado por selecciones de óperas de todos los tiempos, desde «L’Orfeo» a «Cavalleria rusticana» pasando por «Carmen», «La donna del lago», «Il Trovatore», «Il Turco in Italia» o «Adriana Lecouvreur», entre otras, además de la zarzuela «Los claveles» y «El maestro Campanone», integrando además otros géneros, como un par de sinfonías de Beethoven.

Las actuaciones corrieron por cuenta de los presentadores -la soprano María Rodríguez, la mezzo Marina Rodríguez-Cusi, el tenor Enrique Ferrer y el barítono Gerardo Bullón-, con la dirección del joven Cesar Álvarez al mando de la Orquesta Oviedo Filarmonía y de la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo, y, cómo no, de los premiados en esta edición que reconocía a los mejores intérpretes de la temporada lírica española 2012-13.

José Carlos Plaza recurrió principalmente a proyecciones de vídeo y fotografías en diversos relieves para crear los ambientes que consideró necesario para ilustrar sus «pecados líricos» (escenografía de Francisco Leal, vestuario de Pepispoo), consiguiendo adecuada agilidad en los cambios de escena, muy bien controlados desde el podio por César Álvarez.

Así, uno a uno, fueron recogiendo sus galardones Emilio Casares en representación del Instituto Complutense de Ciencias Musicales (ICCMU), Premio contribución al mundo de la lírica; Manuel López Cachero, presidente de la Asociación de Amigos de la Ópera de Madrid, Premio Especial del Jurado por su medio siglo de trayectoria; Carmen Romeu, Cantante revelación; Nino Machaidze, Mejor cantante femenina de ópera; Ainhoa Arteta, Mejor cantante ópera española o zarzuela; Gregory Kunde, Mejor cantante masculino –quien agradeció el galardón en nombre de todos los premiados, feliz por su premio «después de 38 años de carrera»-; Leticia Martín, de los Teatros del Canal, coproductor del montaje de «Pepita Jiménez» galardonado como Mejor producción de ópera española o zarzuela; Emilio Sagi, «regista» de la ópera de Haydn «Il mondo della luna» en el Teatro Arriaga de Bilbao, del que es director, montaje que se hizo con el Premio a la Mejor producción de ópera –quien recordó a su «jefe», el recientemente fallecido alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, y a esas dos estrella de la zarzuela también fallecidos hace unas semanas, Pepa Rosado y Rafael Castejón, ambos premiados con un Campoamor en ediciones anteriores-; Calixto Bieito, Mejor director de escena por la «Pepita Jiménez» antes citada; y Luana Chailly en representación de su padre, el maestro Riccardo Chailly, Mejor director musical por «La Bohème» en el Palau de les Arts de Valencia.

Con los sones del «Himno a la alegría» de la «Novena» de Beethoven se despidió el espectáculo dejando para el final la entrega del Premio a toda una carrera al tenor andaluz Pedro Lavirgen, quien dedicó esta distinción «que tanto quería» a su esposa Paquita, «a quien le debo la carrera», dijo emocionado: «La de cantante es la profesión más hermosa que uno pueda tener», sentenció antes de recibir la ovación de un público que quedó encantado con el espectáculo.