La brutalidad del poder sube a escena en El Cairo
Un momento de la obra “Zenocrate and Zenobia (The Exiled)” - Mostafa Abdel Aty

La brutalidad del poder sube a escena en El Cairo

Marco Magoa presenta en la capitalegipcia “Zenocrate and Zenobia (The Exiled)”, con textos de Christopher Marlow y Calderón de a Barca

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La Historia se repite. La tecnología avanza a una velocidad tan abrumadora que permite que un vehículo mande a la Tierra imágenes desde Marte. Pero en el mundo que aún nos alberga, nada ha cambiado. La avaricia de poder, la brutalidad o la traición “son lo mismo hoy que hace 7.000 años”, reflexiona el director teatral Marco Magoa, que acaba de estrenar en un convulso El Cairo su última obra, “Zenocrate and Zenobia (The Exiled)”, una performance que explora los vericuetos del poder y la violencia.

Basada en textos de Christopher Marlow y Calderón de a Barca, y con una gran dosis de cosecha propia, el creador asturiano resucita a la poderosa reina Zenobia, cautiva del emperador Aureliano, y a la ambiciosa Zenócrate, esposa del brutal Tamerlano, dos mujeres marcadas por el poder y separadas por los siglos, pero cuya esencia se repite a lo largo de la Historia. La primera es víctima de su propio éxito, “porque a las mujeres con mucho poder se les mira mal, molestan, aún existe ese punto machista”, y la segunda, “la que está al lado del poderoso y lo justifica, es feliz, no se entera o no quiere enterarse”, explica Magoa.

"¿El poder es malo?"

Ejemplos contemporáneos de esta última no faltan. Ahí están Suzanne Mubarak, Asma al Asad o Leila Ben Ali. Como toda buena esposa de un autócrata que se precie, la Zenócrate imaginada por Magoa crea una fundación para los niños de Marte y su marido Tamerlano quiere apoderarse hasta del aire del planeta rojo, quizás su futura conquista. “¿El poder es malo?”, se pregunta el rey persa. “Para mí no”. Todo depende de en qué parte de la tortilla se esté cuando dé la vuelta, una metáfora sobre la esencia y futilidad del poder más que válida en un Egipto que hoy tiene abiertos sendos juicios a sus últimos dos presidentes, Hosni Mubarak y Mohamed Mursi.

Montaje arriesgado y contemporáneo

Cinco actores dan vida a la performance, en la que se mezcla música electrónica, vídeo o un aria compuesta e interpretada por el propio Magoa, y que se desarrolla con el público de pie, fluyendo entre los artistas y participando en el espectáculo. Un montaje arriesgado y contemporáneo al que los egipcios están poco acostumbrados, pero que “acaba siendo un lenguaje que ellos entienden, porque tienen un punto naif de querer jugar, no son fríos, son participativos”, reconoce el director, que en el pasado trabajó con La Fura dels Baus y que para este proyecto, el tercero que estrena en El Cairo, ha contado con financiación de la embajada de España en El Cairo y del British Council.

Gran parte del dramatismo de la performance lo aporta Amr Darwish, un actor con parálisis cerebral que da vida a Tamerlano y que “ha sabido dotar al personaje de una gran fuerza”, señala el asturiano, quien reconoce que actores de este tipo en Egipto, donde la discapacidad suele ser una condena al ostracismo, carecen de oportunidades. “El año pasado, cuando estrenamos “El Otro”, no pude contar con él, pero este año ha sido al primero al que he llamado”, explica el director, que en todos sus montajes ha contado con un elenco y un equipo completamente egipcio. La obra, de unos 50 minutos, se desarrolla en árabe, aunque con algunas pequeñas partes en español y en inglés.