Los juegos de luz y color de «El Expolio» restaurado lucen en el Prado
Los juegos de luz y color de «El Expolio» restaurado lucen en el Prado - JOSÉ RAMÓN LADRA

«El Expolio de Cristo» de El Greco recupera su luz en el Prado

El lienzo, una de las joyas de las celebraciones del IV Centenario de la muerte del pintor, se podrá ver en Madrid hasta diciembre, después regresará a la sacristía de la Catedral de Toledo

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Ayer fue un día de júbilo para el deán de la Catedral de Toledo, Juan Sánchez, como manifestó al recitar el salmo: «El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres». El motivo: la conclusión de la restauración de «El Expolio de Cristo» de El Greco, «este cuadro precioso que va a embellecer nuestra sacristía, la más bella que puede haber en toda España». Un lienzo que aprovechando las obras de acondicionamiento de la sacristía, con motivo de los actos del IV Centenario de la muerte del pintor, organizadas por la Fundación El Greco 2014 y que comenzarán en enero, fue trasladado al taller del Prado el pasado mes de julio para ser sometido a una profunda limpieza.

Esto ha permitido también realizar el primer estudio sobre el lienzo, gracias al apoyo de la Fundación Iberdrola, a través de radiografías y de una reflectografía infrarroja, pruebas que ayer flanqueaban al cuadro y que permitieron detallar, de manera gráfica, los hallazgos encontrados.

«“El Expolio” supuso para El Greco la primera oportunidad de hacer algo grande nada más llegar a Madrid» –explicó ayer durante la presentación Leticia Ruiz, jefe del departamento de Conservación de Pintura Española (1500-1700) del Prado–. La obra muestra a un pintor que ha dado un gran salto cualitativo, y que tiene una trayectoria creativa espectacular y desconcertante, solo comparable a la de Picasso».

Estado de conservación «excepcional»

Pintado entre 1577 y 1579 para la Catedral de Toledo, y por el que el artista recibió 33.000 maravedíes, el lienzo «demuestra la complejidad formativa con la que El Greco llegó a España, que ya conoce muy bien la técnica veneciana, dominaba muy bien el óleo sobre el lienzo, manteniendo al mismo tiempo una idea compositiva bizantina».

El acceso y estudio en profundidad por primera vez de este cuadro ha permitido descubrir algunas singularidades, como el uso del denominado «mantelillo», una tela fina de mayores dimensiones de los habitual –lo que evita que el lienzo tenga costuras– y más fuerte. Un material bastante caro que era utilizado en aquella época para hacer manteles de mesa. El estudio también ha permitido conocer más datos sobre el artista, «sobre las señas de identidad y característica de un pintor que era un pleiteador nato a la hora de reclamar el precio que quería por sus cuadros».

Rafael Alonso, por cuyas manos han pasado ya numerosas obras de El Greco –alrededor de ochenta–, ha sido el encargado de restaurar «El Expolio», tarea que le ha llevado dos meses, debido al estado de conservación «excepcional» en el que se encontraba. «Es un cuadro que apenas ha viajado y que no ha sido manipulado. Además, El Greco montó el lienzo sobre un tablero de madera apinatado» que benefició a la obra, cuyo lienzo, «de mucha calidad, sigue siendo el original y no ha sido nunca planchado, por lo que se conserva la textura y el relieve original de las pinceladas».

En busca del equilibrio

La principal labor de Rafael Alonso ha consistido en «estabilizar los desprendimientos de color en la parte baja del cuadro» y limpiar el lienzo. «Los barnices estaban alterados y tenían una pátina de suciedad que le daba un aspecto más plano a los colores». Es precisamente la limpieza «el aspecto más delicado» en un trabajo de restauración, matizó Rafael Alonso. «Si se hace mal se pueden producir daños irreversibles». El trabajo ha consistido en quitar «veladuras para entender mejor la composición, y mostrar así una pintura equilibrada, con más juegos de luz y de color». Realizado con «unos pigmentos de primera calidad», la limpieza ha permitido que los colores aparezcan «como piedras preciosas».

La radiografía y la reflectografía infrarroja, que por primera vez han sido aplicadas a esta obra, han desvelado a que el pintor no realizó cambios sustanciales en la composición inicial. La reflectografía infrarroja revela cómo la construcción de la pintura se llevó a cabo a partir de una mancha o esbozo general realizado con pincel y con pigmentos muy diluidos que luego fueron concretándose a través de toques más precisos y decisivos.

La creación de «El Expolio» coincidió en el tiempo con otro encargo de gran relevancia y dimensiones realizado al Greco para el Monasterio de Santo Domingo el Antiguo, «La Trinidad», colgado también en el Prado. «El Greco estuvo en Venecia y en Roma, ciudades que estaban llenas de buenos pintores, y decidió dar un salto a España, donde los amigos que conoció en Italia le aconsejaron que se vinculara con la gran obra de El Escorial y Toledo, donde tuvo estos dos grandes encargos».

«El Expolio de Cristo» se ha ubicado de manera provisional, hasta su regreso a Toledo, en la Sala 9B, a escasos metros de donde se encuentra «La Trinidad», y compartiendo espacio con otras obras del Greco como «La coronación de la Virgen», «La Resurrección de Cristo», «La Anunciación», «La Crucifixión» y «Pentecostés».