ESCRITOR

Juan Eslava Galán: «Lo que toca es acomplejarnos de ser españoles. ¡No tenemos de qué avergonzarnos!»

Tras cuatro años de espera por problemas legales, el viernes se estrena «La mula», basada en su novela homónima. La Guerra Civil, desde el bando nacional

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Desde que publicó «Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie», Juan Eslava Galán se situó en el bando de quienes creen que los bandos son accidentes del tiempo. Este historiador y novelista, jiennense de 1948, cumplirá uno de sus sueños el próximo viernes: ver proyectada en los cines la adaptación cinematográfica de «La mula», la novela en la que plasmó la historia de su padre. Esta película, una de las primeras que retratan la vida diaria en el bando nacional, ha sufrido un verdadero calvario hasta su estreno. El director, Michael Radford, abandonó el rodaje por desavenencias con la productora y el material ha quedado en un limbo legal hasta este 2013. Finalmente, el largometraje se estrenó en el pasado Festival de Málaga.

-¿Por qué dice siempre que hasta ahora no había tenido suerte con las adaptaciones de sus libros?

-Mi novela más famosa, «En busca del unicornio», tuvo un productor español que quería llevarla al cine y unos italianos que querían hacer una miniserie. Y por conflictos, al final nada. Estaba un poco frustrado.

-Pero está defendiendo la promoción de esta película a capa y espada...

-Me he emocionado mucho cuando he visto el trabajo de Mario Casas, ha dado con el tipo. Mi padre no era tan alto ni tan guapo, pero ha clavado el tipo sencillo de un mulero de esa época. Estoy muy contento.

-¿Le ha resultado difícil, como coguionista, adaptar su texto al cine?

-Siempre se ha dicho que mis novelas son muy cinematográficas, y yo siempre he defendido como novelista que somos el producto del cine que hemos visto. Pero los novelistas modernos, la técnica de montaje que usan no es la de la novela clásica. Usamos la técnica cinematográfica, porque el cine está conformando nuestra estética. Así que me he sentido comodísimo.

-¿Ha vivido con inquietud los avatares legales de «La mula»?

-Yo siempre soy optimista. Sabía que tarde o temprano se tendría que arreglar, porque esto simplemente era una cuestión comercial, y obviamente los tribunales le acabarían dando la razón a alguien. El trabajo ya estaba hecho. Sabía que tarde o temprano se estrenaría, y que era un buen trabajo.

-¿Ha mantenido el contacto con Michael Radford?

-No. La verdad es que tuve un contacto muy fluido con él mientras hicimos el guión. Teníamos el mismo tipo de humor, la misma visión del asunto. Obviamente, él me daba indicaciones cinematográficas que yo no captaba. Después... yo sabía que el asunto no estaba en mis manos. Soy como el arquero persa. Si está la flecha en el aire... pues esperaremos a que caiga.

-¿Sigue siendo necesario hablar de la Guerra Civil?

-A mí, francamente, me desagrada mucho que todavía estemos dándole vueltas a una cuestión que pasó más cerca del siglo XIX que del XXI, y que estén los políticos queriendo azuzar resquemores por cuestiones de partidos. Eso me parece absurdo. La guerra ocurrió, hay que darle carpetazo. El 99% de la población que está ahora viva no participó en la guerra ni tuvo nada que ver con aquello. ¿A qué viene decir que tu abuelo hizo tal o el mío hizo cual? ¡No tiene sentido!

-Pero, ¿aún aprecia en nuestra sociedad los efectos de esa división?

-No. Creo que ha habido un tiempo reciente en el que determinados políticos se han estado tirando los cadáveres de la guerra a la cabeza. Ahora la crisis ha borrado eso de algún modo y estamos en otro capítulo. Pero es muy reciente la caída en esa espiral de absurdo. Creo que hoy un político tiene que ser muy torpe para sacar a relucir la guerra.

-¿Y no ve paralelismos entre ese contexto y la crisis actual?

-Efectivamente, sí. Hay que pensar que en la guerra a la inmensa mayoría de la población le tocó en el bando donde estuviera geográficamente. Tuvo que hacerse perdonar o radicalizarse. Tiene cierto paralelismo con lo que está pasando ahora. Resulta que hay unos políticos de derechas y otros de izquierdas y, en medio, hay una población, también con su ideología, que se ve un poquito arrastrada por la incompetencia de esta gente.

-Usted vive en Barcelona. ¿Qué le parece la cuestión identitaria?

-Hemos llegado a un punto de no retorno. En ciertas autonomías llevan 30 años educando en el odio a lo español. Obviamente, eso tiene que calar en las nuevas generaciones. Yo creo que fue un tremendo error cederle la cuestión de la educación a las autonomías, y creo que eso ya no tiene solución.

-¿Por qué cree que nuestro cine reciente ha contado el conflicto desde el lado de los vencidos?

-Se han hecho panfletos de un signo y de otro. Obviamente, en la época de Franco se hicieron panfletos en el signo de la derecha, pero después se han hecho panfletos en el signo de la izquierda. Los izquierdistas son muy buenos, muy buenos, y los derechistas muy malos, muy malos. Cuando todos sabemos que todos eran españoles.

-¿Tienen esas películas la culpa de la imagen de hoy de nuestro cine?

-No, yo creo que no. Creo sencillamente que el cine español está en crisis. Yo encuentro, como aficionado, que es una crisis de creatividad. A lo mejor es una crisis de temas. Estamos reflejando temas que quizás no son exactamente lo que le interesa a la gente. Me estoy refiriendo al público sencillo, no hablo de los críticos. El público sencillo busca la magia del cine. ¡Hay que darle esa magia! Y a lo mejor últimamente no se la estamos dando.

-¿Qué parte de nuestra Historia conocemos menos los españoles?

-Yo echo de menos mucho que hagamos tratamiento cinematográfico de nuestra aventura en América. Se han hecho muy buenas películas, pero creo que está insuficientemente explotada. Y que ahí habría muchísimo que explotar.

-¿Cambiaría nuestro punto de vista sobre la conquista?

-Pues sí, y quizá lo que estoy diciendo viene muy a contrapelo, porque como ahora lo que toca es acomplejarnos de ser españoles... Los franceses se enorgullecen de su imperio, los ingleses del suyo, y nosotros tenemos que avergonzarnos del nuestro, ¿no? Incluso no podemos decir Selección Española, hay que decir la Roja. Me parece absolutamente estúpido. Tenemos que mirar alrededor en Europa, todo el mundo está contento con lo que fue alguna vez, ¿por qué nosotros no? ¡No tenemos de qué avergonzarnos!