Biblioteca Nacional de España, la memoria de nuestra cultura
En la Biblioteca Nacional se conservan más de 30 millones de obras - ignacio gil
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Biblioteca Nacional de España, la memoria de nuestra cultura

Por su enorme riqueza patrimonial, se trata de una de las más importantes bibliotecas del mundo

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Las bibliotecas nacionales son las instituciones culturales en las que se deposita el conocimiento y la creación de un país. Existen muy pocas bibliotecas nacionales en el mundo, no más de tres, de la categoría de la Biblioteca Nacional de España, producto de nuestra evolución histórica como país y de la enorme riqueza y variedad de nuestra cultura. En sus más de 500 kilómetros de estanterías repartidos en las sedes del Paseo de Recoletos y Alcalá de Henares, se conservan unos 30 millones de ejemplares que muestran la creación literaria, la evolución científica, las ideas y el pensamiento, generados en nuestro país a lo largo del tiempo.

Aquí se conserva la trayectoria real de nuestra cultura, cultura que conocemos porque ha quedado reflejada en múltiples tipos de soportes, y que al ser asimilada a lo largo de las generaciones que nos precedieron, permite la evolución y el progreso de la sociedad.

Las colecciones conservadas en la Biblioteca Nacional de España son de una extraordinaria riqueza patrimonial. La cultura manuscrita se refleja en todo su esplendor tanto en exquisitos códices miniados como en textos científicos, religiosos o literarios únicos en cuanto a su valor artístico y contenidos. Recordaremos, entre muchos, el Beato de Liébana, El Misal Rico de Cisneros, el Libro de Horas de Carlos VIII o el Poema de Mío Cid, testimonio más antiguo de la poesía épica castellana del siglo XIV.

Aquí se conserva el Poema del Mío Cid, el testimonio más antiguo de la poesía épica castellana del siglo XIV

Junto a ellos, los primeros libros impresos, muchos de los cuales son producto de ediciones procedentes de las primeras imprentas españolas y ejemplo de bellísimas composiciones tipográficas. Colecciones de libros que muestran el esplendor literario del Siglo de Oro, de la Ilustración o de la generación del 27, conviven armónicamente junto a excepcionales colecciones dedibujos, estampas y grabados producto de la creación de los principales artistas españoles, como Goya o Velázquez, y de extranjeros como Durero o Rubens, entre otros muchos.

La historia de la prensa también tiene su espacio; desde las primeras gacetas hasta la prensa actual, la colección de publicaciones periódicas es un completo reflejo de nuestra historia contada por todos aquellos que en su día la vivieron. Resulta también excepcional la colección de cartografía, desde los primeros mapas manuscritos hasta el momento actual.

La historia de la creación musical española tiene un lugar propio en la BNE; la colección musical, además de conservar una amplia muestra de música manuscrita e impresa, recoge la evolución de la edición fonográfica desde los primeros soportes del sonido, como discos de Aristón, cilindros de cera o rollos de pianola, hasta nuestros días. Además, la historia audiovisual española recoge la práctica totalidad de la producción nacional de audiovisuales. Junto a estas colecciones, otros materiales completan el testimonio de nuestra transformación como sociedad. Cientos de miles de fotografías son un reflejo de personas, paisajes y acontecimientos históricos de nuestro país desde principios del siglo XIX. La evolución de nuestra sociedad aparece asimismo reflejada en otras manifestaciones que al conservarse muestran el gusto y la sociología de un determinado momento: carteles publicitarios y políticos de los siglos XIX y XX, cromos, cajas de cerillas, calendarios o recordatorios…

También se recoge la evolución de la edición fonográfica y cientos de miles de fotografías

La Biblioteca Nacional de España, en su vocación de preservar el conocimiento y la creación producidos en nuestro país, posee una importante colección de archivos de las personas que han tenido un destacado protagonismo en nuestra historia. Documentos de músicos como Francisco Barbieri o Tomás Bretón, o escritores como Jorge Guillén o Corpus Barga, entre otros muchos, se conservan en este lugar, verdadero centro depositario de la cultura española.

Pero la historia de las colecciones de la Biblioteca Nacional de España es un reflejo, además, de nuestra propia historia. Los ejemplares depositados en sus estanterías formaron parte un día de la Real Biblioteca Pública, fundada por Felipe V hace 301 años, de bibliotecas nobiliarias, como la del Duque de Uceda, el Marqués de Mondéjar o el Duque de Medinaceli, o de bibliotecas de eruditos o bibliófilos, algunas felizmente recuperadas en su totalidad y que constituyen fuentes únicas de conocimiento, entre otras muchas aquellas formadas en su día por Gómez Imaz o García Figueras.

La Real Biblioteca Pública fue fundada por Felipe V hace 301 años

A la colección histórica, de incalculable valor patrimonial, se une la condición de la Biblioteca Nacional de ser la depositaria del saber y la creación que se produce diariamente en España. En ella ingresan cada año casi 900.000 ejemplares de libros, revistas, discos, películas, carteles… todos ellos soportes de nuestra cultura que son producto de la creación literaria, artística, musical, el desarrollo de la ciencia y del pensamiento.

La Biblioteca Nacional de España se considera a nivel nacional e internacional una institución cultural de primer orden, y es referente indispensable para cientos de miles de investigadores y estudiosos de la cultura española que acuden a sus salas de lectura y consultan sus ejemplares, algunos de ellos solo aquí conservados.

Sus colecciones han vivido también nuestra propia historia, han sufrido guerras, pillajes, abandonos y, por fortuna, periodos de esplendor. Son la muestra de la evolución y producción del conocimiento español para generaciones que han aprendido de otras culturas desde hace más de 300 años y que con este aprendizaje han conseguido alcanzar un conocimiento propio y diferenciado que es la esencia última de nuestra evolución como sociedad avanzada. Todo ello ha sido posible porque ha existido permanencia; la cultura es inmortal porque alguien en algún momento la dejó escrita y de este modo permitió que otras personas la leyeran, la asumieran y la mejoraran y, como si se tratase de una inmensa cadena, han hecho posible, en definitiva, nuestra mejora como nación.

Ha habido guerras, pillajes, abandonos y períodos de esplendor

Nada existe si no permanece. Miles de libros, lamentablemente, han desaparecido a lo largo de la historia, y al no conservarse su valioso legado, hemos dejado de aprender y de conocer algo nuevo. Gracias a la Biblioteca Nacional de España y al extraordinario valor de sus colecciones conocemos hoy la grandeza de nuestra cultura, podemos contemplar la exquisita belleza de la miniatura de un códice, gozar con la inigualable prosa escrita por Cervantes, emocionarnos con un poema de García Lorca o soñar con lejanos países.

Si toda esta riquísima manifestación de nuestra propia esencia no se hubiera protegido y custodiado, la cultura española sería otra y nosotros, sin duda, seríamos distintos. El valor de nuestra sociedad es el de nuestra cultura, aquello que nos permite aprender, disfrutar y mejorar como personas, aquello que nos ayuda a entender el sentido de la existencia. Por ello no debemos perder nunca nuestra esencia cultural y valorar el privilegiado lugar donde se conserva aquello que nos identifica.