ENTREVISTA

«El lenguaje filosófico es un lenguaje inevitable»

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El filósofo Eugenio Trías (Barcelona, 1942) presentó en 1999 "La razón fronteriza" (Destino), un libro de difícil comprensión que resume toda una vida dedicada al pensamiento. La contraportada de la obra anuncia, sin disimulo, lo que le espera al lector si osa detenerse en sus páginas. "'La razón fronteriza' propone que la filosofía se abra más allá del límite de lo que puede ser conocido. Sólo así, en perpetuo diálogo con el misterio que la rodea, la razón puede desprenderse de ese culto indebido que nuestra cultura le confiere".

Pregunta.- Señor Trías: soy universitario y no entiendo una palabra de lo que dice en el libro. ¿La culpa es mía, suya o de la Universidad?

Respuesta.- Ustedes los periodistas andan siempre con prisa y es normal que en una primera aproximación no haya entendido el contenido de mi libro. Hay que dedicarle, al menos, un verano.

P.- Un verano para el primer capítulo.

R.- No. En un verano da tiempo a leerlo entero.

P.- Dice usted en la página 77: "La ambivalencia jánica y bifronte del 'limes' constituye la razón que explica la naturaleza libre del existente fronterizo. El existente se ve remitido a un 'limes' que se ofrece como encrucijada, o como cruce de caminos"... Esto que usted dice aquí ¿sería posible decirlo con palabras pobres?

R.- Imposible. Lo que digo sólo se puede decir de esta manera. Como usted comprenderá, si hubiera otro camino más asequible lo utilizaría. El lenguaje filosófico es un lenguaje inevitable, un lenguaje con sus propias reglas de juego y su propia elaboración... La "Crítica de la razón pura", de Kant, tampoco se puede leer como el que hojea un periódico. Son distintos niveles de comprensión. Un libro como "La razón fronteriza", donde intento ir a los fundamentos de mi propia filosofía, exige una reflexión muy fuerte.

P.-¿Y compensa?

R.-Depende. A unos sí y a usted, por lo que veo, no. Los silencios de Aznar

P.-¿Para qué vale la filosofía?

R.- La filosofía, como la poesía, sirve para orientarse y ver luz sobre nosotros mismos. No sirve para nada práctico, pero sus enseñanzas pueden resultar como un confortable abrigo.

P.-Hace poco el filósofo Julián Marías presentó la reedición del único libro que escribió su mujer, muerta hace bastantes años. Ninguno de sus hijos asistió al almuerzo. ¿Es un ejemplo de un filósofo fracasando con su filosofía?

P.- ¿Por qué?

R.- Si no mejoras situaciones, si no moldeas la realidad, ¿para qué pensar tanto?

R.- La comprensión de la realidad no lleva aparejado la mejora de esa realidad. No conozco el caso concreto al que usted se refiere, pero hay vidas trágicas o solitarias de personas muy lúcidas, como las de Nietzsche o Kierkegaard.

P.-Decía Pío Baroja que no es bueno una lucidez excesiva para vivir la vida.

R.-Totalmente de acuerdo. Precisamente ese es uno de los asuntos que trato en mi libro. Atreverse a conocer, o al menos intentarlo, es una aventura de la que nadie sale indemne.

P.-Por lo que he podido intuir, otro de los asuntos que explora es el lenguaje. ¿Usted cree que cuanto más hablamos, más nos ocultamos?

R.-Hablamos para afirmar, negar, engañar, enamorar, crear misterio, crear equívocos, crear expectación, las posibilidades son infinitas y casi todas enriquecedoras porque forman parte de la ilusión... Aunque también es verdad que, en muchas ocasiones, la grandeza es anónima... y silenciosa.

P.- José María Aznar valora cada día más el silencio en las personas.

R.- Y yo. Con los años me he dado cuenta de que el silencio es más creíble que la charlatanería de los que tienen facilidad de palabra.

P.-¿La sobriedad expresiva de Aznar es su mayor virtud?

R.- Sí. La sobriedad y la cautela con la que está gobernando.

R.- ¿Y su mayor defecto?

P.- No lo sé... A veces, por televisión, se le ve bajito..., aunque tampoco se puede afirmar que eso sea un defecto.

P.- En este mundo que nos ha tocado vivir, ¿hay valores o modas?

R.- Las dos cosas. Valores y modas. Hay valores con una configuración teórica muy sólida. El problema surge cuando la sociedad tiene que cumplirlos. El individuo, en público, defiende un mundo moral, respetuoso y justo; pero en privado surgen las sorpresas.

P.-Si cada uno de nosotros levantara la alfombra de sus vidas, ¿cuantos iríamos de cabeza al infierno?

R.-Yo creo que todos.