¿Resuelto el enigma de la dama negra de Shakespeare?
Shakespeare, en un retrato recientemente descubierto en Londres - ABC

¿Resuelto el enigma de la dama negra de Shakespeare?

Un historiador asegura que era Aline Florio, la mujer de un tradocutor italiano

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El historiador británico Aubrey Burl asegura haber resuelto uno de los grandes enigmas en torno a la figura de William Shakespeare: la identidad de la Dama Negra, que inspiró algunos de sus más célebres sonetos. Según Burl, miembro de la Sociedad de Antiquarios, la misteriosa dama sería Aline Florio, la esposa de u traductor italiano de la época, ha publicado el diario británico The Times.

Asegura el historiador, que durante años ha investigado la obra de Shakespeare, así como biografías y otros documentos, que creó una lista previa de mujeres que podían ser la dama negra: un ama, una cortesana, alguna bella espectadora de sus obras o la mujer de un fabricante de pelucas. Pero después centró su investigación basándose en pistas sugeridas en los propios textos de Shakespeare que le llevaron a pensar que esa dama estaba «casada, le gustaba la música, tenía hijos, era infiel, le gustaba el sexo y era egocéntrica y egoísta».

Pagada de sí misma

Esta «joya», dice Burl, tenía nombre: «la esposa de Florio, de soltera Aline Daniel, que probablemente conoció a Shakespeare en Titchfield, la casa del conde de Southampton. Volvieron a encontrarse en Londres en la casa de Florio en Shoe Lane, cerca de River Fleet». Añade el historiador que traicionaba al tiempo a su marido, a Shakespeare y al propio conde de Southampon. «Era una mujer pagada de sí misma, que amaba para su propia satisfacción y hería y perjudicaba al igual a poetas y condes».

Shakespeare dedicó sus sonetos 127 a 154 a la que se conoce como la dama negra (o dama oscura), y en ellos el dramaturgo habla de una amante bella y misteriosa con el cabello oscuro y ojos negros como cuervos. Así hablaba de ella en su soneto número 130: «Los ojos de mi amada no pueden compararse con el sol; / el coral es mucho más rojo que sus labios. / Si la nieve es blanca, sus pechos son oscuros, / negros los alambres crecen en su cabeza. / He visto rojas y blancas rosas damasquinas, / pero no son las que hay en sus mejillas; / y en algunos perfumes se huele más delicia / que en el aroma pantanoso de su aliento. / Adoro oírla hablar, pero bien sé / que el sonar de la música da mucho más placer. / Es verdad, nunca vi una diosa caminar: / mi amada, al andar, pisa la tierra / pero creo tan única a mi amada / como a cualquiera falsamente comparada»

A principios de este año, Duncan Salked, de la Universidad de Chichester, dijo que la Dama negra era una prostituta. Burl, en su libro «La amante de Shakespeare», reconoce que es una posibilidad, pero cree que es muy remota y se inclina por la teoría de Aline Florio.