«Paco de Lucía era un genio que nunca estaba satisfecho»
José Rodríguez - abc

«Paco de Lucía era un genio que nunca estaba satisfecho»

El intérprete encontró en el luthier José Rodríguez, afincado en Córdoba, guitarras de su gusto y también un amigo íntimo

J. M. C.
Actualizado:

Paco de Lucía, su hijo Curro, y sus hermanos Pepe y Ramón, conocían bien el arte de José Rodríguez como luthier y, al igual que hicieron otros músicos, como Alejandro Sanz, Vicente Amigo, Paco Peña o Manuel Silveria, le acabaron encargando varias guitarras que luego han quedado registradas en grabaciones «de peso» donde aparece la referencia del artesano en el disco.

Pero su relación con la familia De Lucía no fue meramente profesional. Su amistad, concretamente con Paco de Lucía, se remonta más allá de tres décadas y, si bien comenzó con el encargo de una guitarra negra (de madera de palosanto) por parte del genio de las seis cuerdas, «acabó derivando en una relación muy profunda». Hasta el punto de que José Rodríguez puede llamar —y así lo hace— compadre a Pepe de Lucía, por ser el padrino de su hijo.

Fue, de hecho, el cantante quien le notificó ayer por la mañana los problemas que se estaban produciendo con los aviones para que el cuerpo del fallecido regresara a España desde México, cosa que ocurrirá hoy, a las ocho de la mañana, antes de que permanezca disponible al público para dar su última despedida en el Palacio Real de Madrid y sea, finalmente, enterrado en Algeciras «junto a su padre y su madre, como era su deseo».

La de palosanto no fue la única guitarra que le fabricó. También le hizo la de Curro cuando éste tenía siete años, «mucho más pequeña para ver si se animaba a meterse en el mundo de la guitarra, pero no lo conseguimos». De su taller salió otra más, blanca (de ciprés) con clavijas de madera, como las que se fabricaban antiguamente, porque el artista la prefería para grabar en estudio.

Maderas sonoras

«También me había pedido que le construyera otra de madera de ébano, pero fue cuando hace nueve años trasladé mi taller desde Andújar a Córdoba y con el trabajo que yo tenía y él que no me presionaba con el encargo, al final se nos fue y no se la pude hacer», explicó el artesano con pesar.

Desde entonces, sus instrumentos se hacen en lo que para él es la ciudad «referente» de la guitarra clásica y para el flamenco. Según recuerda José Rodríguez, empezó a fabricarlas desde pequeño. Con su maestro viajaba hasta Córdoba a llevárselas a Miguelito Rodríguez Benito, ya fallecido, y a Manuel Reyes, aún vivo pero retirado, cuando entonces trabajaba en la plaza del Potro. «Hay gente que no se da cuenta de que Córdoba tiene un espacio muy grande en el mundo de las guitarras a nivel mundial y me parece una verdadera pena que no se les haya reconocido nunca ni a Miguelito ni a Manuel; yo estuve luchando años por conseguirlo pero lo he dado por perdido».

Estando en Córdoba Alejandro Sanz le encargó una guitarra de ciprés de primera especial y otras más para regalársela a su amigo Juan Luis Guerra y a los que estuvieron colaborando en su último disco. «Alejandro es también muy especial, como lo era Paco de Lucía», apuntó Rodríguez.

El luthier ha estado en varias ocasiones en la casa que tenía el guitarrista en Madrid. Una de esas veces, Paco le pidió que tocara algo con la guitarra y tras convencerle acabó atacando una petenera. De repente, el guitarrista se medio incorporó y le impidió seguir tocando mientras chistaba con la boca. «Me quedé asombrado y me explicó que le daba mal fario, porque una vez en Chile, tras un concierto, se fueron a casa de otro músico a tocar y cuando empezaron a interpretar una petenera se produjo un terremoto tremendo que le dejó muy mal cuerpo». Ese «mal rollo» tiene su reflejo en que Paco de Lucía «jamás» ha grabado ese palo.

Cuando se le pide a José Rodríguez que describa a su amigo fallecido, mira un instante al infinito para regresar a la realidad con el ceño fruncido. «Era un verdadero genio que siempre usaba para el directo una guitarra fabricada por Faustino Conde, pero no era tampoco un maniático —porque eso le pasa también a Vicente Amigo con una de Manuel Reyes—, pero no creo que fuera realmente consciente de su don y daba igual lo bien que llegara a hacer algo porque siempre se encontraba insatisfecho. Y es que, como yo siempre he dicho, era un auténtico perfeccionista», reflexionó.