Un Goya cordobés de miedo
Francisco Rodríguez Frías y María Dolores Gómez Castro posan para ABC con sus respectivos Premios Goya al mejor maquillaje por «Las brujas de Zugarramurdi» - DE SAN BERNARDO

Un Goya cordobés de miedo

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Francisco Rodríguez y María Dolores Gómez consiguieron el galardón por su trabajo en peluquería y maquillaje, respectivamente, en «Las brujas de Zugarramurdi»

Casualidad o premonición. El caso es que un cordobés, el actor Antonio Tejero, fue el encargado de presentar, junto a Andrea Duro, los nominados al Goya a la mejor peluquería y maquillaje, y fueron otros dos cordobeses, Francisco Rodríguez Frías y María Dolores Gómez Castro, quienes salieron a recogerlo como respectivos jefes de departamento de peluquería y maquillaje, por su excelente labor en «Las brujas de Zugarramurdi», de Álex de la Iglesia. Película en la que, por cierto, también participaba la actriz cordobesa Macarena Gómez.

Lo cierto es que ambos premiados, que mostraron una actitud dispar a la hora de agradecer el premio ante las camaras, forman un tándem que se forjó cuando coincidieron en la serie «Herederos», portagonizada por Concha Velasco, y, tal y como relatan los dos, fue una «auténtico flechazo laboral» que los ha llevado a ir de la mano en un buen puñado de proyectos cinematográficos y de televisión, además de realizar trabajos en solitario cada uno por su cuenta.

Francisco Rodríguez tiene 37 años y creció en Carlos III, en la zona de Levante. A pesar de que nadie en su familia se había dedicado a la peluquería, su vocación fue más fuerte que el rechazo inicial por parte de su padre, fallecido hace ya nueve años. «Por eso se lo dediqué a él y fue muy emotivo, porque de ese modo, esté donde esté, sé que le he podido demostrar que esto es lo que me gusta y para lo que de verdad valgo», explicó a ABC.

Con 14 años comenzó a estudiar Formación Profesional de Peluquería y tuvo la suerte de que su tutora, que trabajaba en el Gran Teatro, le pusiera en contacto con quienes iban a ser sus padrinos profesionales: el matrimonio formado por Miguel Gómez y Esther Várela, que trabajan en el Teatro Real de Madrid. «Les fui a hacer una visita y a los dos meses me llamaron para hacer una sustitución de 90 días y me pasé allí trabajando unos diez años», recordó.

En Madrid, a la fuerza

Su partener, de 31 años y natural de la zona de Colón, se formó en Madrid, porque Córdoba, para su desgracia, «no contaba con medios para hacer lo que yo quería». Sus inicios están relacionados con la moda, que aún hoy compagina con el cine y la televisión trabajando en el «Monster Estudio» de fotografía. En 2004 hizo su primera serie como jefa de maquillaje y desde entonces no ha parado de trabajar en lo audiovisual, en las artes.

En su caso, durante la gala de los Goya, «estaba tan nerviosa que no me marché huyendo del escenario de milagro», pero se quedó y agradeció el premio a Álex de la Iglesia y a los actores de la película, que tuvieron que aguantar estoicamente horas y horas de durísimas sesiones «cubriéndoles de sangre y de babas sin protestar».

Pero la experiencia resultó «muy divertida y, sobre todo, muy gratificante», coincidieron ambos.

¿Y cómo surgió la posibilidad de colaborar con el célebre director vasco? Los dos trabajaban un agosto en la serie «Tierra de lobos» —mientras «mataban» a César Bravo, el protagonista, rememora la maquilladora—, y en ella también actuaba Carolina Bang (actual pareja de Álex de la Iglesia), que estaba encantadas con sus resultados. Así, recibieron una llamada suya preguntándoles si quería participar en su proyecto. «Creí que era una broma, porque nos lo propuso de forma tan natural que no parecía él», explicó Gómez. La cosa acabó cuajando en una cena donde ambos profesionales confirmaron que aceptaban. Buscaron un voluminoso equipo de 30 personas para el trabajo.

En la actualidad ambos vuelven a colaborar en la serie de televisión «Isabel», en su tercera temporada, que terminará de rodarse en un par de semanas y que muy probablemente se emitirá en septiembre próximo.

Aún así, a ninguno se le ha subido el Goya a la cabeza. «Seguimos siendo los mismos, procurando dar lo mejor de nosotros en cada trabajo que nos salga y colaborando de forma altruista en cortos o revistas», señalan.

Eso sí, lo único que esperan ahora es que no se cumpla la leyenda que corre en el mundilo del cine sobre la «maldición» del premio, según la cual aquél que lo recibe ya no vuelve a trabajar.