Rafael Prieto: «El órgano sexual más importante es el cerebro»
Rafael Prieto, jefe de Urología, en uno de los pasillos del Reina Sofía esta semana - FOTOS: VALERIO MERINO
Presidente de la Asociación de Andrología

Rafael Prieto: «El órgano sexual más importante es el cerebro»

En una charla de poco más de 50 minutos es capaz de desactivar un puñado de mitos sexuales. Nosotros hicimos la prueba y nos trajimos esta lección de sexualidad básica dictada por todo un experto

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UN día entró en una rueda de prensa con un estudio debajo del brazo. Tomó asiento y exclamó: «Señores, se nos ha caído un mito. Al varón también le duele la cabeza». El documento que tenía en sus manos revelaba que el 52% de los hombres reconocían que alguna vez habían puesto una excusa para no tener relaciones sexuales. Rafael Prieto, jefe de Urología del Reina Sofía, ha derribado este y otros mitos de la sexualidad, un territorio que aún hoy sigue dominado por prejuicios y tabúes. Aquí, en su consulta de la tercera planta, sin embargo, todo brota con naturalidad. Sin zonas vedadas. El sexo, al fin y al cabo, tal como repite una y otra vez, nace y muere con nosotros.

—Es chocante que algo tan cotidiano como el sexo siga siendo tabú. Al hombre, sobre todo a los jóvenes, le cuesta dar el paso y consultar a su médico.

—¿A los más jóvenes?

—La gente joven tiene más complejos para hablar de sexualidad. Parece paradójico pero es así. Cada día hay más gente joven con problemas de sexualidad. Hay un mito. El varón ve la televisión y piensa que tiene que tener un pene de un tamaño determinado o durar mucho tiempo en el acto sexual. Y eso crea mucha ansiedad.

Rafael Prieto (Córdoba, 1959) es un torbellino de datos, estudios y estadísticas que desmontan, una a una, el aluvión de ideas preconcebidas con que nos desayunamos cada día. Por su consulta pasan a la semana 200 pacientes, la mayor parte hombres, y el 75% espera que sea el doctor quien empiece a preguntar. «A mí me sonroja que no lo hagan porque temen que el médico se incomode», se sorprende este especialista con más de 20 años de vuelo.

Los dos principales problemas que entran por su puerta son la disfunción eréctil y la eyaculación precoz. La primera tiene un origen mayoritario de tipo cardiovascular. «Es un problema de arterias y va afectando progresivamente. ¿Por dónde empieza? Por la arteria más pequeña, que es la del pene», explica Prieto. Un paciente con disfunción eréctil, abunda el doctor, es un paciente cardiópata mientras no se demuestre lo contrario. «Le pondré un ejemplo: si a su coche se le enciende la luz del aceite puedo hacer dos cosas: me paro y busco ayuda o sigo y gripo el motor. El pene es la luz del aceite del coche». Más claro, agua. «Al hombre, sin embargo, le cuesta trabajo reconocerlo y hablar con su pareja».

—Su pareja se dará cuenta rápido.

—No siempre. Cuando tiene ese problema rehuye la actividad sexual. Y su pareja se preocupa: ya no le gusto, no me quiere, tendrá otras aventuras. Lo primero es reconocer que tiene un problema y luego acudir al médico, no al vecino del quinto.

—¿Cómo andamos de salud sexual?

—Mal. La salud sexual empieza por la formación y por la escuela.

—¿Y de qué tabú falta por liberarnos?

—Esa complicidad que no existe muchas veces con la pareja. Y la mujer es la otra pata del banco. Hay muchas con falta de deseo, que aparece a determinada edad por un problema hormonal. Ha habido dos revoluciones sexuales: la de los anticonceptivos, donde la mujer por primera vez podía separar sexualidad de maternidad; y la del viagra.

—Un dato: la mujer va 150 veces al ginecólogo por 1 del varón al urólogo. ¿De qué tenemos miedo?

—Tenemos pudor. En cuanto le dices al varón «bájese el pantalón y los calzoncillos» automáticamente mira para arriba. Y tiene miedo al tacto rectal.

—Un signo de falsa masculinidad.

—Posiblemente. El varón no llora, no se pone malo. Y es un ser humano con los mismos sentimientos.

—¿Qué mito sexual no se sostiene?

—Que el varón siempre está dispuesto.

—¿Y por qué hacemos creer que sí?

—Por una cuestión cultural. Otra patología frecuente es el «síndrome del vestuario». Varones que van a la consulta para un alargamiento de pene. Oiga, el pene no es un trípode.

—¿Esto es muy común?

—Más de lo que la gente piensa. Es un problema de perspectiva y de falsas expectativas. Hay muy pocos pacientes que realmente lo requieran.

—¿Y el tamaño importa?

—El órgano sexual más importante es el cerebro. Ni la vagina ni el pene. En 2007 hicimos un congreso y vino un grupo de mujeres, que aseguró que el tamaño no importa tanto.

—¿Qué hay detrás de la eyaculación precoz?

—Un trastorno de receptores cerebrales que controlan la eyaculación. Hay fármacos que la regulan. La relación sexual empieza desde la primera insinuación y termina con el orgasmo. Pero hay pacientes que confunden los términos. Quieren tener una penetración de 40 minutos. Oiga: eso es incómodo. Ponga una cubeta con hielo para cuando salga humo.

Otro mito que el doctor Prieto se encarga de dinamitar es el relacionado con la sexualidad en la tercera edad. «Podemos tener una suficiente calidad sexual hasta que nos morimos», sentencia, antes de advertir: «Lo que no hay que tener son falsas expectativas. Yo tengo un paciente con 87 años que está en tratamiento con vasoactivos y se pincha en el pene cada vez que quiere tener relaciones sexuales». Y vuelve a recurrir a metáforas de gran poder didáctico. «Una persona joven va a un McDonald’s y se come siete hamburguesas. De joven queremos cantidad. Y una persona mayor dice: voy a comer una vez al mes, pero voy a comer bien».

—¿Cuál es el peor enemigo de la libido?

—Ahora, la crisis. Mantener una sexualidad activa en una pareja de larga duración es posible. Uno tiene que decir lo que quiere a su pareja. No hay nada perverso. La única perversión es obligar a alguien a hacer lo que no quiere.

—¿Tenemos la mente abierta?

—Cada vez más.

—¿Y el mito de la mujer estrecha?

—Hay muchos más varones estrechos que mujeres. La mujer es más abierta porque ha sufrido mucho y ha evolucionado más que los hombres.

—¿La anorgasmia está en la cabeza?

—Puede estar en la cabeza pero detrás puede haber otras patologías.

—Si yo le digo que «no hay mujer fría sino hombre inexperto», ¿usted qué me dice?

—Que depende. A veces la frigidez ocurre con un eyaculador precoz. Si yo eyaculo a los 30 segundos de penetrar, mi pareja tiene una anorgasmia. Pero no tiene una patología. La tengo yo.

—¿De qué nos salva el viagra?

—Nos permite recuperar una actividad que antes no se tenía, de forma segura y con pocos efectos secundarios.

—¿A los hombres nos sobra testosterona y nos falta sensibilidad?

—Somos esclavos de la testosterona. Lo que pasa es que es una hormona que se ve siempre en relación con la sexualidad y no es así. Está demostrado que los varones con testosterona baja mueren antes. A un violador le quitamos la testosterona y no tendrá una erección de calidad pero hará otra cosa. El problema no está ahí. Es una parafilia.

—¿Con solución?

—La mayoría de las veces no. Al pedófilo le falta el sentimiento de culpa.

—¿Ha topado con mucho sexoadicto?

—Existe, pero no tanto. Cada uno tiene su ritmo sexual y tener relaciones diarias no significa que seas adicto. Eso es un concepto muy «holywoodiense».

—¿Un hombre es más hombre si es más activo?

—No. La virilidad no tiene que ver con la práctica sexual.

—¿Y cómo se desmonta ese mito?

—Cuando el hombre vea a la mujer como un ser humano.

—¿Y no cómo qué?

—Y no como una muñeca hinchable.

—La sexualidad masculina y femenina, ¿transitan por caminos distintos?

—Deben transitar por el mismo. Cada uno tenemos un ciclo diferente y en la mujer hay trastornos hormonales que condicionan su sexualidad.

—¿Quedan muchos misterios por desvelar?

—Muchos. Por ejemplo, por qué nos gusta una persona y no otra. Lo que llaman la neurobiología del amor y que habrá que estudiarla.

—¿El sexo es vida?

—Claro. Es un marcador de salud.

—Y en materia sexual, ¿todo tiene arreglo?

—Todo no. Pero sí la gran mayoría.