COSAS MÍAS

EL ECONOMISTA FATUO

EDURNE URIARTE - Actualizado: Guardado en: Actualidad

Es más grave aún el desconocimiento de las nociones básicas de cultura política e ideologías

LA política tiene el problema, les recuerdo siempre a mis alumnos de Ciencia Política, de que cualquiera se cree experto en ella. Cuando el politólogo aficionado es un economista inflamado al calor de la demanda de economistas disparada por la crisis, tenemos como resultado simplificaciones políticas como las del libro de Luis Garicano («El dilema de España», 2014) Simplificaciones que funcionan, y esto es lo realmente preocupante, porque son tremendamente populistas. Con la habilidad del economista que sí conoce las reglas del mercado y da al consumidor lo que desea leer. Que la culpa de los males de España es de los demás, de las élites, y no de la sociedad civil.

Lo que fundamenta Garicano con generalizaciones por las que mis alumnos suspenderían sus ejercicios de Ciencia Política de primer curso. Por falta de sustento empírico. Como su generalización de que el problema español es la baja calidad de nuestra élite política, algo que basa en su supuesta peor formación, desconociendo, por ejemplo, estudios comparados de élites políticas que dicen lo contrario, que el porcentaje de licenciados universitarios de nuestros parlamentarios está entre los más altos de Europa. O en la falta de estudios en el extranjero e idiomas de los líderes españoles, desconociendo, también, que Barack Obama, François Hollande, David Cameron o Angela Merkel, «pequeños» referentes, estudiaron exclusivamente en sus respectivos países, que solo Merkel posee un doctorado y que solo ella conoce bien un idioma extranjero, el ruso, por motivos obvios de la antigua RDA.

Pero es más grave aún el desconocimiento de las nociones básicas de cultura política e ideologías. Lo que le lleva al común error de ignorar a los ciudadanos, sus valores y sus ideologías, a la hora de entender los mecanismos de las reformas políticas. Como si las reformas políticas dependieran exclusivamente de los líderes políticos. Como si pudiera hacerse una reforma educativa, por ejemplo, ignorando el peso esencial de la ideología igualitaria de la izquierda en un país como España. Como si pudieran hacerse cambios políticos en las democracias contra las culturas políticas e ideologías mayoritarias. Que es algo así como hacer cambios en las empresas en contra de los Consejos de Administración.

El remate de todo lo anterior es una propuesta de reforma de partidos políticos que desconoce el funcionamiento de los partidos en las democracias, la profesionalización imprescindible de la política o los efectos de las elecciones libres en los partidos. Llegando a conclusiones sobre una supuesta rigidez de nuestro sistema de partidos que no tienen en cuenta, por ejemplo, el nacimiento de tres, nada más y nada menos que tres, nuevos partidos en España en los últimos tiempos, Ciutadans, UPyD y ahora Vox.

Y todo ello para contar a los ciudadanos que la culpa es de las élites, sobre todo las políticas, y que ellos son fantásticos. Una receta de éxito que define al populismo, sea el político o el intelectual.

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