EL DEDO EN EL OJO

Ciudadanos y ciudadanas

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NO son pocas las exigencias que, de manera arrebatada, impone la «dictadura de género» en el uso del lenguaje. Como el loco Lope de Aguirre hiciera para conducir a sus huestes en busca de El Dorado, nuestras feministas de género llevan años afanándose en guiarnos hacia el hallazgo de un lenguaje que venga a borrar de un plumazo las diferencias entre sexos (que no entre géneros). Para ello reivindican una forzada, retorcida y antinatural utilización de la lengua española que, por estrambótica, puede incluso llegar a producir vergüenza ajena.

Y como de retorcimiento estamos hablando, nos proponen la ocurrente fórmula de desdoblar el género gramatical para, de ese modo, «visibilizar» a la mujer (según la RAE visibilizar significa /»hacer visible artificialmente lo que no puede verse a simple vista, como con los rayos X los cuerpos ocultos, o con el microscopio los microbios»).

Total que al final el argumento se les vuelve en contra y la mujer queda equiparada a la condición de germen o microorganismo. Torpeza la vuestra, queridas.

Que esta propuesta disociativa se encuentra preñada de una alta dosis de ideología feminista-radical lo desmuestra un hecho en el que no sé si ustedes habrán reparado. ¿Se han dado cuenta de que el desdoblamiento del género se utiliza ampliamente para referirse a todo lo que connota un significado positivo pero es soslayado para referirse a lo que infiere algo negativo?

Reparemos en la generosa utilización del cansino ciudadanos y ciudadanas, cordobeses y cordobesas, trabajadores y trabajadoras, profesores y profesoras, …para aludir a condiciones más o menos positivas (ciudadanía, productividad, academicismo,…). Sin embargo, muy pocas veces (ninguna, diría yo) se les oye recitar chorizos y chorizas, ladrones y ladronas, banqueros y banqueras, maltratadores y maltratadoras, especuladores y especuladoras,… para referirse a condiciones perversas o censurables. Sutil detalle que tal vez no pase desapercibido para lo políticamente correcto (es más, estoy convencido de que este mecanismo de ingeniería lingüística es marca de la casa) pero que los adoctrinados hablantes no advierten.

Si el lenguaje constituye el modo en que traducimos los pensamientos y comunicamos la realidad después de su aprehensión y procesamiento, el forzamiento que supone esa forma de hablar antinatura (el cerebro tiende a economizar) intenta alterar de forma chusca la percepción de la realidad.

Próximamente se va a celebrar el Día Internacional contra la Violencia de Género (como si la gramática pudiera agredir…) y las consignas se van a vender como rosquillas entre «los y las» hablantes. ¿Han conseguido siquiera reducir mínimamente los casos de violencia doméstica? /Niente./ Es más, el Instituto Andaluz de la Mujer informa que las adolescentes ven cada vez más normal que los varones empleen ciertas conductas catalogadas como violentas. ¿De qué sirve entonces tanta zarandaja? Ellos y ellas sabrán.

¿Nos echamos unas subvenciones?