Condenan al SAS a indemnizar a un hombre que perdió las piernas

Salud tardó más de dos años en hacerle una prueba fundamental para su diagnóstico

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El Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 2 de Sevilla ha condenado al Servicio Andaluz de Salud (SAS) a indemnizar con 50.000 euros a un paciente del Hospital Reina Sofía de Córdoba, al que fue necesario amputar las dos piernas como consecuencia de una mala praxis médica.

La sentencia, a la que ha tenido acceso ABC, apunta que el demandante estaba diagnosticado de isquemia arterial crónica de miembros inferiores desde el año 2001. Se trata de una enfermedad de las arterias que se produce debido a una disminución lenta y progresiva del riego sanguíneo, normalmente en las piernas.

A principios de 2002 el paciente, que por entonces tenía 62 años, acudió al Servicio de Urgencias del complejo sanitario, donde, tras la exploración, el profesional que lo atendió dejó clara la necesidad de que se le practicara una aorto y una arteriografía, esta última fundamental para conocer la gravedad de su enfermedad. De hecho, en mayo de ese año tenía ya una obstrucción superior al 70 por ciento de sus vasos sanguineos.

Retraso injustificado

Pese a ello, y tras ingresar en varias ocasiones en el recinto hospitalario, la prueba ordenada seguía sin practicársele. El hombre tuvo que esperar más de dos años y sólo se hizo cuando su estado era crítico. Tal y como apuntó su letrado, Segundo López Izquierdo, en su denuncia, «el resultado de la negligencia médica o del mal funcionamiento de la administración sanitaria fue el agravamiento de la enfermedad padecida por mi mandante, siendo ingresado urgentemente el 22 de septiembre de 2004 y presentando en la exploración extremidades enrojecidas, con úlceras crónicas por insuficiencia arterial en los músculos motores principales de miembros inferiores». Sin embargo, su médico, en lugar de actuar de forma urgente, le dio el alta.

No fue hasta octubre de 2004 cuando, finalmente, se decidió cursar el ingreso del paciente para cirugía de revascularización, pero ya era demasiado tarde ya que sus piernas se habían gangrenado y fue necesaria la amputación de ambos miembros.

El fallo estima probado, sobre un informe realizado por un perito designado por la Real Academia de Medicina y Cirugía de Córdoba, que «el paciente recibió una atención inadecuada, no ajustada a la “lex artis”, pues ante su sintomatología no debía de haberse demorado la práctica de las pruebas diagnósticas prescritas».

Esa mala asistencia no lo fue por «impericia o negligencia de los profesionales que lo atendieron, sino por la lentitud del sistema de ejecución de las órdenes médicas, que provocan retrasos innecesarios y de riesgo para pacientes en determinadas patologías, como las que conllevan isquemias en cualquier parte del cuerpo».

La sentencia del juzgado considera, además, que «aunque resulte posible que, pese a haber actuado con la máxima urgencia practicando la intervención adecuada, el paciente hubiera padecido secuelas a pesar de todo, lo que no es de recibo ni disculpable es que no se adoptasen, con la rapidez que el caso exigía, los medios posibles para emitir el pronóstico más acertado posible y aplicar así el tratamiento correcto», señala.

En este sentido, prosigue la resolución judicial, «lo que sí puede afirmarse es que el retraso en la asistencia al paciente dejó expedito el camino de éste hacia las secuelas padecidas».

En definitiva, la tardanza en la realización de la arteriografía «supuso una pérdida de oportunidad para el paciente que, aunque no hubiese sido la causa eficiente de las lesiones que el mismo presenta, sí se evidencia como condición que disminuyó las posibilidades de una curación sin secuelas, o cuando menos, con daños de menor alcance».

El fallo judicial reduce significativamente la indemnización solicitada por el demandante, de 300.000 euros. La razón es que, pese a todo, «no podemos ignorar [...] que se trataba de un paciente que presentaba una patología grave, en la que la amputación suele ser el desenlace final». Y, además, el hombre continuó con su hábito de fumar, con lo que «la propia conducta del actor debió tener cierta incidencia en el rápido avance de la enfermedad, y por ende, en la amputación».