«Niño con liebre» vuelve a Cabra tras una doble compra
La escultura «Niño con liebre», que volverá a Cabra - abc

«Niño con liebre» vuelve a Cabra tras una doble compra

Un coleccionista lo adquiere a la hija de José Solís y lo vende al Ayuntamiento por la misma cantidad

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Cuatro años después de los infructuosos intentos del anterior gobierno municipal, la ciudad de Cabra verá cumplido el sueño de que vuelva allí una de sus joyas arqueológicas. Se trata de la escultura «Niño con liebre», una singular obra de entre los siglos I y II después de Cristo que apareció en la llamada Villa del Mitra y que se expondrá en el Museo Arqueológico Municipal cuando reabra sus puertas el próximo diciembre. El Ayuntamiento lo comprará al coleccionista Francisco Cabello al mismo precio al que éste lo adquirió a su anterior propietaria, María de la Sierra Solís, hija del que fue ministro de Franco.

La obra llegará a Cabra después de una curiosa operación a varias bandas, aunque para entenderla al completo hay que remontarse hasta hace 60 años. En la década de 1950, se encontró en el término municipal de Cabra un conjunto conocido como la Villa del Mitra, porque era precisamente la figura que lleva este nombre la más importante de las que se desenterraron. La estatua del Dios Mitra pasó al Museo Arqueológico Provincial, donde es una de las piezas más destacadas, pero no se apagó su relación con Cabra y la zona que lleva ese nombre siguió dando nuevos frutos.

Así, apareció también una estatua del dios Dionisos, Baco para los romanos, asociado al cultivo y consumo del vino, y también el «Niño con liebre». El propietario del terreno en que aparecieron estas obras, y por lo tanto también su dueño, se lo regaló al político egabrense José Solís Ruiz, uno de los más carismáticos miembros de los Gobiernos del franquismo. Solís, que destacó por su compromiso con su ciudad natal, fue ministro secretario general del Movimiento entre 1957 y 1969, una época en que se le conoció como «la sonrisa del régimen». En sus manos estuvo hasta su muerte en 1990, cuando la heredó una de sus hijas, María de la Sierra Solís, que aseguró que hasta el año 2006 ninguna institución pública se había interesado por esta pieza arqueológica.

Negociación

Fue en 2009 cuando el Ayuntamiento, entonces presidido por la socialista María Dolores Villatoro, se puso en contacto con la propietaria con la intención de que lo donase a la ciudad, al haber tenido noticias de que existía intención de desprenderse de la escultura. El Ayuntamiento argumentaba entonces el interés público y patrimonial de la obra, pero la titular insistió en sus legítimos derechos sobre la pieza y en su voluntad de venderla a cambio de dinero. En diciembre de 2008, se subastó por un precio de salida que estaba entre los 40.000 y los 45.000 euros pero la puja quedó desierta.

El intento del Ayuntamiento de Cabra por hacerse con la propiedad de la escultura no llegó a buen puerto y el siguiente capítulo se acaba de escribir ahora. El coleccionista Francisco Cabello, dueño de un importante conjunto de piezas arqueológicas de varias épocas, se hizo con esta obra adquiriéndola directamente a María de la Sierra Solís. Ahora ha llegado a un acuerdo con el Ayuntamiento de Cabra para transmitírsela por la misma cantidad que abonó, con lo que se cumple la voluntad del Consistorio, entonces con el respaldo de todos los grupos políticos, de que el «Niño con liebre» se quede en la ciudad.

La pieeza es una escultura fechada entre los siglos I y II después de Cristo de rasgos henelíticos, característicos de esta etapa del arte clásico. Representa a un pequeño de corta edad jugando con este animal. No tiene significación religiosa pero sí la podría tener simbólica, ya que la liebre era símbolo de generación y vigilancia, porque siempre tiene los ojos abiertos.

La escultura ocupará un lugar muy destacado en el Museo Arqueológico Municipal, que prepara su reapertura tras una reforma y donde estará junto con varias piezas aparecidas también en la Villa del Mitra, como la de Dionisos. El mes de diciembre será el momento en que, más de medio siglo después, esta pieza vuelva a la ciudad donde se halló.