EL DEDO EN EL OJO

COACHING PARA PROGRES

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Y va la Junta comprando un paquete de «coaches» para adiestrar a sus altos mandos

LA crónica del Washington Post (12/08/2013), que lleva a portada la situación de una familia cordobesa venida a menos por la crisis, queda absolutamente mutilada al omitir la otra cara de la realidad que la complementa. Para haber ofrecido un reflejo exacto de lo que ocurre en esta vapuleada Andalucía, deberían haber informado de la existencia de 2.709 directivos junteros de libre designación retribuidos con una generosidad encomiable.

Ésa, y no otra, es la imagen exacta de estos tiempos que han propiciado los barandas del régimen: una tierra depauperada, una famélica legión clamando por sobrevivir, una colección de sueños hechos añicos que conviven con el boato de unos pocos que miran la vida a través del cristal blindado tras el que discurre su siniestro devenir.

Causa indignación tener conocimiento de que la Junta de Andalucía, desde el año 2007, ha despilfarrado cantidades importantes de dinero público en asuntos tan peregrinos como «coaching» para altos mandos mientras Andalucía se desangra en una hemorragia incontenible.

Si el régimen bolivariano de Venezuela (ése que tanto les pone) se inspira en la salvífica figura de Chávez, nuestro régimen ha parecido encontrar en el «coaching» una especie de inspiración tecnificada que dote a sus acciones de una especie de revestimiento científico que haga incuestionable su proceder.

Para los psicólogos serios la irrupción en nuestro «mercado espiritual» de nuevos chamanes y gurús nos parece un atropello. Al igual que ha surgido toda una oferta basada en una extraña Psicología de la Gestalt, en las constelaciones familiares, en la medicina ayurvédica y en la biodanza (entre decenas de dislates) también han aparecido nuevos «expertos en coaching» que atesoran una alta capacidad para embaucar al personal mientras se cuelgan medallas y se llenan el bolsillo. Y va la Junta y cae en esta trampa, comprando para ello un paquete de «coaches» para adiestrar a sus altos mandos en el liderazgo (¡joder!, ¿¡todavía más!?) y dando por bueno lo que la cuestionada Psicología Positiva nos ofrece (la Psicología científica anda a gorretazos con estas historias como en su tiempo lo hizo con el Psicoanálisis).

La Junta propone para sus jerifaltes, entre otros cursos, el de «desarrollo de capacidades de mentoreo». Han leído bien: mentoreo. Causa pavor conocer que el «mentoreo» se relaciona con la formación que reciben los pastores de algunas iglesias para atraer a los fieles. Ahora se entiende todo: no se referían a las capacidades de «mentoreo», sino a las de «pastoreo», el pastoreo del rebaño en que nos hemos convertido los andaluces a base de comer alfalfa.

Y mientras el esperpento así discurre, nuestra familia cordobesa del Washington Post no tiene más futuro que el de un horizonte preñado de nubarrones.

Dan ganas de «mentar» a la madre de más de uno.