Ildefonso Falcones y José Calvo, antes delcomienzo del acto en el Patio de Recibo de Viana
Ildefonso Falcones y José Calvo, antes delcomienzo del acto en el Patio de Recibo de Viana
Foro Cultural ABC | Ildefonso FalconeS

«Siempre fui un lector voraz y escribía por creer que es lo mismo»

El autor desgrana junto a José Calvo Poyato el proceso de creación de «La reina descalza» y del momento histórico que subyace en la obra

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Si toda novela histórica tiene mucho de viaje en el tiempo hasta la época en la que el autor ha querido contar su relato, Ildefonso Falcones lo hizo por partida doble ayer en Córdoba, porque viajó con la palabra y al siglo XVIII, donde está ambientada «La reina descalza», su más reciente novela.

Falcones, autor de éxito desde «La Catedral del Mar» y «La mano de Fátima», abrió ayer el Foro Cultural de ABC Córdoba con un clamoroso éxito de público. Decenas de lectores y admiradores de su obra llenaron el restaurado Salón de la Osa del Palacio de Viana para asistir un acto que, más que conferencia, fue, como quería el protagonista, una conversación. Primero, con el escritor, historiador y articulista de ABC José Calvo Poyato, y después con el público, que no paró de hacer preguntas e interesarse por su obra y por la forma de concebirla. Un dinámico acto organizado por ABC, patrocinado por la Fundación Cajasur con la colaboración de Carburos Médica. El director de ABC Córdoba, Francisco J. Poyato, condujo el acto, al que también acudió el gerente de ABC Andalucía, Álvaro Rodríguez Guitart.

José Calvo comenzó recordando cómo en este tipo de narrativa es mucho más importante y largo el proceso de documentación histórica y de preparación que la redacción en sí, también importante. Al hablar sobre «La reina descalza», de la que ensalzó que «es como una ópera que crece poco a poco hasta llegar al estallido final», Calvo Poyato preguntó cómo había escogido como protagonista a una gitana, un grupo social «mal visto» en la España del siglo XVIII.

Al respecto, el escritor indicó que «la Historia es una, la ficción infinita», como ejemplo de su motivación para abordar esta temática.

Falcones contó cómo había querido indagar en los orígenes del flamenco. «La cultura gitana nunca ha tenido tradición escrita, sino oral», explicó, y por eso aparece la fusión con la música cubana. «Me interesa mucho todo lo que pasó en Cuba en la segunda mitad del siglo XVIII y el siglo XIX, cuando el gran auge de las azucareras supuso una gran crueldad para los esclavos africanos que trabajaban allí», explicó el escritor.

Esclavitud brutal

En aquel clima en que muchos morían aplastados porque se dormían por la falta de descanso, la música era fundamental para comunicarse entre sí, «porque los amos pensaban que si los esclavos cantaban no pensaban». Del encuentro de las dos culturas surgió algo que llamó «preflamenco», y que en la novela se plasma en la amistad entre Caridad y Milagros. Fue lo que José Calvo Poyato llamó una especie de «vasos comunicantes»: la primera es una esclava que viaja a España y que gana la libertad tras la muerte de su amo durante el trayecto. «Tras 25 años trabajando en una vega de tabaco, tiene que acostumbrarse a poder mirar a hombres blancos a la cara», dijo el autor. La segunda, una gitana que baila y canta, y que entra en un proceso inverso, de pérdida de la libertad precisamente cuando su cultura es lo contrario.

Se detuvieron en el tabaco, que en la novela fuman hombres y mujeres, y que, para la medicina de la época, se consideraba beneficioso para la salud por ser expectorante y por ayudar a descansar.

La novela, contó José Calvo, abunda en los personajes castizos, «los petimetres», porque está ambientada en Sevilla. «En el siglo XVIII acababan de llegar los Borbones y, sobre todo en Madrid, se instauraban las costumbres francesas. Como reacción popular de rechazo surgieron quienes conservaban las costumbres españolas, la forma de vestir y de comportarse».

Los gitanos capitalizaron buena parte de la conservación, empezando por las leyes, «que siguen teniendo validez, hasta el punto de que todavía la Policía sabe que tiene que hablar con el patriarca y que su palabra tiene valor».

Según él, «son una comunidad etnocentrista, que mira con ojos de gitano un mundo que piensa que está hecho para ellos». Repasó la historia de las persecuciones que sufrieron, y que culminaron cuando el Marqués de la Ensenada, ministro de Carlos III, quiso exterminarlos mandando a los hombres a los arsenales y a las mujeres y niños a la cácel. «El problema era que se detuvo a los que estaban asimilados e integrados, no a los trashumantes», relató. Todo terminaría después. Uno de los lectores preguntó por otro hecho histórico reflejado en la novela: la fundación de la hermandad de los Gitanos de Sevilla, la misma que hoy sigue viva. Falcones explicó que había reflejado los hechos tal y como debieron de ser, y explicó el por qué. «La Inquisición no los persiguió, aunque se les tenía por ateos o por paganos», comenzó. Después, cuando se les empezó a pedir que los párrocos acreditaran que eran católicos, había que mostrar que sí lo eran, y la creación de la cofradía fue uno mecanismo de integración.

José Calvo Poyato pidió detenerse en un personaje, el de Melchor, algo que agradeció el autor. «Es un gitano viejo, y un personaje muy interesante, tan interesante que tiene capítulos enteros. Es uno de esos personajes que van creciendo cuando uno los hace», relató el escritor barcelonés. Lo mismo pasó con Ana Vega, hija de este personaje masculino y tercera protagonista femenina. «Yo decía que era una novela de tres mujeres, y los de marketing de la editorial decían que eran dos, pero el personaje sigue ahí», insistió Ildefonso Falcones.

Los lectores, que luego fueron en masa a pedir dedicatorias, hasta preguntaron al escritor por el lugar en que la historia de la literatura le pondrá. «A mí en ningún sitio», comenzó bromeando. Pero después, siguió y dijo que prefiere estar en el lado de «la novela de ficción antes que en el de la novela histórica». No en vano, confesó que escribe desde siempre y que en casa guarda obras inéditas, como temió que pasara con «La Catedral del Mar», tras tres años de negativas.