El Museo Reina Sofía recupera las multitudes por obra de Dalí

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A quien se consideraba a sí mismo como un artista eminentemente teatral nada le hubiera gustado más que contemplarse 24 años después de su muerte. A él, Salvador Dalí, y a su obra, porque ambos, pese a polémicas históricas, son complementarios. Ayer, Su Majestad la Reina inauguraba la que está llamada a ser la gran exposición del Museo Reina Sofía de los últimos años, tanto por calidad como por las multitudes que se esperan desde hoy y hasta el 2 de septiembre y que todo museo ama y odia a partes iguales.

«Dalí, todas las sugestiones poéticas y todas las posibilidades plásticas» es una exposición que integra 200 obras a través de 11 espacios que recorren la obra del artista más polémico que dio España en el siglo XX. El Dalí genio, el odiado por su amor por el dinero, el que se dejó querer por el franquismo, el que despotricó contra el comunismo en 1930… todos esos están en esta exposición reiventada sobre la que atrajo en el Pompidou de París a 800.000 personas en cuatro meses. Y con piezas de colecciones privadas o museos estadounidenses muy difíciles de ver.

Doña Sofía recorrió las salas junto a la comisaria de la muestra, Montse Aguer. Se detuvo ante obras como «Academia neocubista» o ante máscaras como el «Retrato de Joella», ejemplos que demuestran cómo Dalí bebía de todo lo que le rodeaba (de los artistas del pasado y de los hechos del presente, como los avances científicos) para introducir escenografías que resumían sueños y miedos con el surrealismo como lenguaje. Porque de ellos está llena esta exposición, como atestiguan sus autorretratos: cuadros en los que se ríe de sí mismo, donde se adula tomando los estilos como pretexto para decirse eso de qué bueno soy, pero también donde deja clara su inseguridad sobre qué es lo que el público deseaba ver y apreciar de su obra.

Como actor pendiente del público, Dalí se enfrentó al arte que más masas ha atraído en el siglo XX, el cine, y por ende, la televisión. Y esta exposición da un certero pase más allá de «Un perro andaluz». Doña Sofía vio fragmentos de «Recuerda», en la que Gregory Peck se precipita por los acantilados de los sueños de la mano de Ingrid Bergman; pero también del cortometraje «Destino», que Dalí hizo para Disney, e incluso de los anuncios para Alka-Seltzer y Chocolate Lanvin. Porque Dalí fue el primer artista español que supo ver en EE.UU. el futuro de la cultura de masas y lo aprovechó para ganar en popularidad y dinero, una de las cosas que nunca le perdonaron la crítica y muchos españoles (que no a Picasso). Ahora España tiene tres meses para acabar con su leyenda negra. Otra cosa es que quiera.