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10 cosas que deberías evitar si vas a publicar fotos de tus hijos en redes sociales

¿Dónde poner los límites sin renunciar a las ventajas comunicativas de internet? Toma nota de los errores más frecuentes a la hora de publicar información de menores en las redes

Content Factory

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Mostrar indiscriminadamente a los niños en las redes sociales no es algo tan inocente como pudiera parecer. Sin embargo, cada vez es más habitual que los padres compartan información de sus hijos en internet, incluso desde su nacimiento. La foto de su primer día de guardería o cuando se durmió sobre el plato de macarrones; el vídeo del partido de balonmano del sábado; su última redacción para el colegio… Muchos lo hacen sin pararse a pensar que, a golpe de clic, están creando la huella digital de sus retoños. Todo ello sin que estos puedan opinar al respecto y sin tener en cuenta posibles peligros futuros sobre los cuales los expertos llevan tiempo alertando. Ya en 2015, un estudio elaborado por la consultora Nominet reflejaba esta realidad en cifras, indicando que ya entonces los padres de Reino Unido publicaban 200 fotos anuales de sus hijos menores de cinco años.

Esta práctica se llama sharenting –del inglés share (compartir) y parenting (criar)– y es más que habitual. Según datos recogidos en la campaña Por un uso Love de la tecnología, con la que Orange pretende concienciar sobre la importancia de utilizar la tecnología con responsabilidad, al cumplir los seis meses el 81% de los bebés ya tiene presencia en internet; y antes de los dos años el 5% posee un perfil propio en Facebook. Esta tendencia de muchos progenitores a sobreexponer la imagen de los niños en las redes condiciona su reputación futura y puede suponerles situaciones muy incómodas en años venideros. No en vano, de acuerdo a un informe de la Universidad de Michigan, el 55% de los padres cuelga información “potencialmente vergonzosa” de sus hijos. Además, el 51% revela datos gracias a los que se les podría localizar y un 27% publica fotos “inapropiadas”, lo que podría poner en riesgo su seguridad.

El sharenting plantea, por tanto, una serie de escenarios que podrían comprometer sus vidas adultas, personal o profesionalmente. Lo compartido puede ser caldo de cultivo de situaciones de acoso escolar (bullying) o cibernético. Además, dicha información puede acabar siendo usada por terceras personas de un modo inapropiado, usándose en entornos de pornografía infantil o cometiendo una suplantación de identidad.

Para evitar circunstancias de este tipo, expertos e instituciones, como la Asociación de Internautas entre otras, ofrecen consejos sobre cómo gestionar en el mundo virtual lo relativo a los menores. A continuación, recopilamos una lista con 10 aspectos a tener en cuenta para evitar riesgos presentes y futuros:

Respeta la intimidad del menor. Lo primero a considerar es que, en la red, la privacidad nunca es completa y cualquier archivo que subamos quedará allí registrado para siempre. Una vez subida a internet, una foto no se puede borrar nunca. Por eso, antes de publicar cualquier contenido, valora si debería quedarse en el ámbito privado de la familia o los amigos. Pregúntate: ¿les gustará a mis hijos que sus futuros compañeros de instituto puedan acceder a esa foto? Si has dudado, no la cuelgues en internet.

Busca el consenso familiar. Ambos progenitores deberían estar de acuerdo sobre cómo gestionar la imagen de sus hijos en la red. Consúltalo con tu pareja para determinar cuándo y de qué manera se compartirán los archivos. Este punto es especialmente delicado si los padres del menor ya no conviven o se encuentran inmersos en un proceso de separación o divorcio.

No etiquetes con el nombre. Al etiquetar a los menores con sus nombres y apellidos se genera un proceso en el que las fotografías son indexadas en los buscadores. De esa manera, cualquiera podrá asociar las caras de los niños con su identidad real.

Acota la difusión. Muchas veces, los ajustes de privacidad de las redes sociales y aplicaciones de mensajería, como WhatsApp o Telegram, pasan desapercibidos para el usuario. Pero, lo cierto, es que todas esas plataformas permiten personalizar los criterios para acotar al máximo el público al que llegarán esas imágenes.

Nunca publiques desnudos. Jugando en la bañera o tirándose de cabeza en la piscina… Por muy tiernas e inocentes que sean para ti esas imágenes no todo el mundo las verá así. No compartas nunca esas fotografías, porque es la mejor forma de evitar que puedan caer en manos indeseadas, como redes de intercambio de pornografía infantil.

Regula la periodicidad. La dinámica e inmediatez de las redes sociales puede llevarnos a compartir más de una imagen a diario. Es recomendable que, cada vez que vayas a publicar una foto de tus hijos, te preguntes si de verdad es relevante para tus contactos. Esta práctica te ayudará a limitar los contenidos compartidos.

Protege su integridad física. Uno de los riesgos de publicar contenidos personales en las redes sociales es que se acaba ofreciendo, sin ser conscientes de ello, mucha más información de la necesaria. Datos que pueden servir para localizar a tus hijos –cuyo uso es recurrente en los casos de secuestros exprés– o en suplantaciones de identidad. Por eso, evita dar detalles o datos concretos del lugar o la hora en que se han tomado las fotografías y revisa las publicaciones para asegurarte de que no aparece el nombre del colegio –si van vestidos con el uniforme, por ejemplo–, la dirección de la casa o la matrícula del coche, etc. En definitiva, recuerda no dar detalles sobre las rutinas familiares ni información personal.

Siempre nos quedará el mail. Es cierto que las redes sociales son una vía cómoda y rápida para compartir archivos con tus seres queridos. Pero si tu intención es compartir fotos o vídeos con tu círculo más íntimo, el correo electrónico ofrece una mayor seguridad y el proceso suele ser más selectivo.

Respeta la legalidad. Publicar fotos de tus hijos en redes sociales sin su permiso puede acabar convirtiéndose en un problema legal. Ya existen sentencias condenatorias en este sentido. Así, en 2018, un tribunal italiano condenó a una madre a pagar 10.000 euros por subir imágenes de su hijo en Facebook. En Francia, este tipo de casos están penados con multas de hasta 45.000 euros y un año de cárcel. En España, los casos en que estén implicados menores de 14 años se regulan por la Ley Orgánica 1/1996 de protección jurídica del menor; y si superan los 14, se aplica la Ley de Protección de Datos.

Piensa en los demás. Aunque a ti te parezca buena idea compartir esa foto de la celebración del cumpleaños o la cabalgata de Reyes, no todo el mundo podría estar de acuerdo y puede haber terceros que también aparezcan y se molesten. Si vas a publicar imágenes en las que tu hijo aparece con amigos o familiares también menores, pide permiso a sus progenitores para hacerlo. Fíjate también en el resto de menores de la imagen. Si se les ve la cara, aunque sean desconocidos para ti, lo más recomendable es difuminar su imagen –la mayoría de apps de edición de fotos lo permiten– o directamente editar la foto para que no salgan.

En definitiva, como nos recuerda la campaña Por un uso Love de la tecnología, no consiste en dejar de publicar, pero sí en hacerlo con cabeza y pensando en las consecuencias que esta inocente acción puede tener sobre nuestros hijos.

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Este contenido ha sido desarrollado por Content Factory, la unidad de contenidos de marca de Vocento, con Love Orange. En su elaboración no ha intervenido la redacción de este medio.