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Cómo crear un «bosque urbano»

MARTA MOREIRA - Actualizado: Guardado en: Actualidad

El recuento de carencias asociadas a la crisis económica se ha convertido en el lugar común del análisis socioeconómico contemporáneo, pero lo cierto es que los tiempos de estrecheces son también un contexto perfecto para el emprendimiento y la creatividad. Un ejemplo de ello es el resurgir de los movimientos vecinales cívicos, gracias a los que muchos barrios valencianos están ganando espacios verdes y zonas de ocio donde antes solo había solares abandonados y escombros.

Éste es el espíritu que ha movilizado a los vecinos de Benimaclet para roturar con sus propios brazos cuarenta parcelas de huertos urbanos en un terreno de 4.000 metros cuadrados, propiedad de una entidad bancaria. Este solar, correspondiente a un plan urbanístico que lleva 17 años sin aprobarse ni ejecutarse, era hasta hace un año y medio un nido de maleza. Encontramos casos similares en el solar Max Aub del barrio de Zaidia o el de la calle Guillem d’Anglesola, situado en la zona Marítim-Ayora.

La urbanización del terreno situado detrás de la subestación eléctrica de Patraix tiene origen en una iniciativa impulsada por un grupo de estudiantes de arquitectura de la UPV y dos colectivos del barrio de Favara. Se trata de una zona calificada de uso público, pero sumamente degradada. Los vecinos han decidido limpiar y urbanizar el solar y construir un edificio-contendor para acoger talleres y actividades culturales.

El Carmen

El barrio del Carmen es un ejemplo paradigmático de colaboración entre vecinos (y permisividad tácita de las autoridades locales). La paralización de los planes urbanísticos del PAI que abarca las inmediaciones del mercado de Mossen Sorell (donde estaba proyectada una parada de metro de la Línea 2) ha dibujado durante 25 años un paisaje de jardines tapiados y solares dejados a su suerte o utilizados como aparcamiento improvisado.

Ante la escasez de espacios verdes en el barrio, un colectivo de vecinos, artistas y comerciantes decidió hace un año y medio tomar la iniciativa y plantear al Ayuntamiento y a los propietarios de las parcelas el uso temporal de toda la manzana hasta que lleguen tiempos mejores. El proyecto, que viene acompañado de un estudio jurídico y técnico, consiste en la apertura de un solar tapiado, ubicado en el cruce de las calles Alta y San Miguel, cuyo interior está poblado de árboles de gran porte que nadie puede disfrutar. Mientras se fragua la conquista del llamado «bosque urbano del Carmen», este colectivo ha continuado su labor en otros dos solares de la misma plaza. Grandes maceteros pintados por grafiteros, bancos públicos, jardineras y zonas de juegos para niños ocupan dos esquinas de la calle Corona que antes dominaban los coches. Todo sufragado con pequeñas aportaciones de 50 euros. Esta pintoresca esquina de aire berlinés ha pasado de ser un lugar de paso a formar parte de las rutas turísticas que atraviesan el barrio. A los turistas y visitantes en general les encanta hacerse fotos en este curioso espacio verde, erigido con la colaboración de personas de distintas generaciones y tribus urbanas. «Algún grupo político se ha acercado a nosotros para sumarse el tanto, pero nosotros tenemos claro que esto es una iniciativa exclusivamente popular», apunta uno de los promotores del proyecto.

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