Nacho Vigalondo arrolla con «Extraterrestre» en Sitges

Rodada en su piso de Lavapiés, el director mezcla comedia y ciencia ficción

JOSÉ EDUARDO ARENAS
SITGES Actualizado:

Nacho Vigalondo tiene desconcertados a sus seguidores no solo españoles, sino que también en Estados Unidos ha surgido el efecto rebote de sus cortos en tono de comedia —que se vieron todos, uno detrás de otro, en Sundance—, e hicieron pensar si no estaba decidido a seguir un género en concreto. Ayer, en el Festival de Cine Fantástico de Sitges lo aclaró a medias relatando que en el género fantástico se encuentra muy cómodo —por lo que seguimos con el mismo dilema, ya que en la primera proyección de «Extraterrestre» encontramos comedia y ciencia ficción—. Vigalondo no deja ninguno de los dos estilos en el nuevo y esperado trabajo del director cántabro después del éxito de «Los Cronocrímenes».

Un OVNI sobre Madrid

Desde las primeras imágenes consiguió que comulgaran juntos prensa y público. Cuando Vigalondo se refiere a la película dice que las masas de gente ante una invasión extraterrestre «se han ido sofisticando hasta el hiperrealismo estremecedor de las últimas películas que han tocado el tema, pero la tradición, en esencia, sigue intacta desde que se publicó “La guerra de los mundos”, de H.G. Wells. Ahora lo que nos asusta es una tragedia repentina». Por eso ha movido ficha abrigando el texto con una comedia muy divertida relacionada casi con el teatro del absurdo en la que se lucen Michelle Jenner, Carlos Areces, Raúl Cimas, Julián Villagrán y Miguel Noguera. Sus personajes no se han enterado de que encima de Madrid hay un enorme OVNI y es tal la falta de información que acaban aturdidos. A medida que pasan las horas y los días sin salir de casa es donde Vigalondo echa la mezcla con una graciosísima historia de amor y sus periféricos encuentros y desencuentros.

El choque entre dos géneros aparentemente incompatibles es lo que le llevó a escribir el guión. Nacho Vigalondo no veía con buenos ojos que hoy todavía le preguntaran sobre su primera película. «Rodamos en mi piso de Lavapiés gran parte de la trama. No somos unos locos maravillosos, la disciplina del rodaje —cuatro semanas— te impone mucho rigor. Es una película pequeña, donde la logística es un enemigo que hay que vencer. He utilizado el truco, de baja estofa (risas), de utilizar a actores que conozco y trabajo bien».