EE.UU. incluye a «Josu Ternera» en su censo de terroristas

Elaboró en los años de plomo un manual para apilar muertos en una mesa de negociación

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J. PAGOLA

MADRID

Estados Unidos incluyó ayer en su «censo» de terroristas a José Antonio Urrutikoetxea Bengoetxea, «Josu Ternera», 40 años después de que se incorporara a ETA, y 30 años después de que comenzara a ocupar cargos en su «comité ejecutivo».

La decisión, aunque tardía, tiene importancia operativa, pero también una fuerte carga simbólica. Ello, porque el Ejecutivo de Zapatero pretendió presentar a «Ternera» como el cabecilla que estaba dispuesto a que la banda cerrara el ciclo de la «lucha armada». De tal forma que solo su desplazamiento de la cúpula y consiguiente irrupción del «duro» «Thierry» explicaría la ruptura del «proceso de paz». Una maquiavélica maniobra para dejar a Urrutikoetxea en la «reserva», por si acaso en un futuro se reanudara el diálogo. Pero el «manual para negociar» diseñado por «Josu Ternera» en los «años de plomo» proponía la «acumulación de fuerzas», esto es, apilar cadáveres sobre la mesa de diálogo a fin de que los etarras se encararan con el Gobierno desde una posición de fuerza. Una perversa estrategia que ETA aplicó al pie de la letra con las matanzas, «made in Ternera», de Hipercor y Zaragoza para afrontar desde la imposición las conversaciones de Argel.

Sin duda, la Administración Obama habrá tenido en cuenta estos antecedentes para incluirlo en su «censo» de terroristas. Así, el Departamento de Estado considera que Urrutikoetxea «ha jugado un papel decisivo en las actividades terroristas de ETA durante décadas», incluso cuando estuvo en la cárcel, en Francia. De hecho, «Antxon» lo reclamó para que se incorporara a la «mesa de Argel».

Tras ser extraditado a España, «Ternera» se vio beneficiado con el privilegio de esos cabecilla que ordenan a sus pistoleros el exterminio del adversario, pero personalmente no han apretado el gatillo. Así que, libre, se convirtió en parlamentario de Herri Batasuna en la Cámara de Vitoria y su representante en la «Comisión de Derechos Humanos». Pero gracias al coraje de las víctimas, el Tribunal Supremo le citó, aunque con mucho tiempo de antelación, para que declarara en noviembre de 2002, dentro de las investigaciones abiertas por su participación, como inductor, en la matanza de la casa cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza, en diciembre de 1987, en la que murieron once inocentes, cinco de ellos niños. El cabecilla tuvo margen para darse a la fura y reincorporarse a la cúpula, pero ya en labores de «asesor para la negociación».

«Vía Txusito»

Una de sus primeras actividades fue la de mantener reuniones con el presidente del PSE, Jesús Eguiguren, para diseñar la «oferta de Anoeta», que sirvió como «hoja de ruta» del denominado «proceso de paz», que la propia ETA reventó con la salvajada de la T-4. Expertos antiterroristas defienden la hipótesis de que «Ternera» no fue desplazado por «Thierry», sino que al comprobar que las negociaciones con el Gobierno agonizaban, se quitó voluntariamente de enmedio, a la espera de que en un futuro volviera a tener «su» oportunidad. El caso es que los «Txeroki», «Thierry», «Ata»..., al frente de ETA en el momento en que reventó el «proceso», han ido cayendo en manos de la Justicia, mientras que «Ternera» permanece en libertad, y no pocos ven sus «señas de identidad» en el «cese definitivo de la actividad armada».

Tras la ruptura del «proceso de paz», en junio de 2007, las Fuerzas de Seguridad de diferentes países han estado cerca de él. En alguna ocasión, la pista resultó ser falsa, pero en otras, los agentes llegaron al lugar tarde, por muy poco. ¿Alguien le dio el soplo? ¿Instinto de supervivencia del etarra que más tiempo ha estado en la dirección? Quizá confluyeron las dos posibilidades.