España, en guardia contra el fuego

El dispositivo de extinción de incendios forestales ya está en marcha. ABC visita a una de las brigadas de élite que luchan cada verano contra el fuego

MADRID Actualizado: Guardar
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El año pasado se produjeron en España 11.475 incendios forestales que quemaron más de 46.600 hectáreas o, lo que es lo mismo, el 0,1% de la superficie forestal nacional. Estos datos siempre impresionan, pero lo cierto es que en los últimos diez años el número de incendios ha ido descendiendo paulatinamente, aunque con algún año negro como 2005. Si al principio del decenio estábamos en cerca de 21.000 incendios de media al año, unos 60 incendios diarios, ahora estamos más o menos en la mitad, unos 32 fuegos diarios de media. Así lo explica José Ramón González, director de Programas del Centro de Coordinación de Información Nacional sobre Incendios, si bien no lanza las campanas al vuelo.

Y es que en los incendios forestales intervienen multitud de factores, y así un año con un número de incendios en la media puede desembocar en el triple de hectáreas arrasadas si el fuego no se controla a tiempo y se convierte en un gran incendio, aquel que supera las 500 hectáreas. Para intentar minimizar los riesgos que intervienen en un desastre natural de estas características cada vez se cuenta con más y mejores medios en los distintos niveles en que se previene o se combate un fuego, esto es, local, autonómico y estatal.

Central de operaciones

Desde que se avisa de que se ha producido un incendio se pone en marcha un dispositivo que variará según las dimensiones y los medios que cada comunidad tenga disponibles en ese momento. No hay que olvidar que en España la competencia sobre los incendios forestales la tienen las comunidades autónomas, pero el Estado cuenta además con 36 bases, 26 de medios aéreos y diez Brigadas de Refuerzo de Incendios Forestales (BRIF), por todo el territorio nacional, además del citado Centro de Coordinación de Información Nacional sobre Incendios en Madrid.

Por tanto, los medios estatales entran en juego cuando lo solicita la comunidad en cuestión, cuya actuación se coordina y se dirige desde esa central de operaciones, donde se controlan casi en tiempo real los incendios que se registran no solo en nuestro territorio, sino también fuera de él.

Gracias a las imágenes captadas por dos satélites de la NASA, desde las pantallas de la central pueden seguirse los fuegos activos, al tiempo que otra aplicación de la Agencia Estatal de Meteorología informa del riesgo de incendio de las distintas zonas del territorio y de la evolución de las masas de aire. «Este año hay mucha humedad en el suelo, pero también hay mucho combustible. Hay que esperar a ver cómo se comportan las temperaturas en los últimos días de junio y primeros de julio para saber qué riesgo tendremos», dice González, sin olvidar que el 90% de los incendios forestales son provocados.

En zonas de alto riesgo

Todas estas variables son muy importantes para decidir qué refuerzo mandar y qué brigada entrará en acción, dice González. «La peor situación es lo que nosotros llamamos los tres treinta, esto es, temperaturas superiores a 30ºC, humedad inferior al 30% y viento superior a 30 km/h. Entonces estamos en alarma absoluta y hay que extremar la seguridad».

Las BRIF son unidades helitransportadas de personal altamente especializado en la extinción de incendios forestales, que en la mayoría de ocasiones asumen el mando en los sectores más complicados de un fuego. Por eso normalmente no se les ve, están siempre en la primera línea de fuego. Para conocer cómo trabajan estos cuerpos de élite visitamos una de las diez BRIF que Medio Ambiente tiene ahora repartidas por nuestro país (cinco de ellas se quedan activas en invierno y primavera y realizan labores de prevención). Sus bases se ubican en zonas de alto riesgo de incendio o de elevada riqueza forestal y en sitios estratégicos a cualquier punto en un tiempo razonable.

En la base de Lubia (Soria) hoy toca ejercicio de entrenamiento de las distintas técnicas de ataque de un fuego. Suelen hacer uno o dos cada cuatro días para estar siempre preparados al máximo, al tiempo que si hubiera un incendio en su provincia la BRIF puede actuar en «despacho automático» siempre que no se la llame para cubrir otro fuego. «Hace falta jugar los partidos pequeños para enfrentarse al grande», dicen.

Salvando que no tienen delante un monstruo en llamas, con el humo y la falta de aire que se daría en condiciones reales, el ejercicio es durísimo y revela una coordinación que resulta vital ante un fuego real. La brigada, compuesta por un técnico jefe, un capataz y 15 operarios, va equipada con emisoras para comunicarse entre ellos y con los medios que apoyan desde el aire. Además, un GPS permite que en el centro de control de Madrid pueda saberse en qué punto exacto trabaja la BRIF. La seguridad es la máxima para unos equipos que se enfrentan al peligro cada verano por salvar nuestro patrimonio natural y evitar la pérdida de vidas.