Nuria Espert ilumina el festival de Almagro

Nuria Espert ilumina el festival de Almagro

La actriz recibió el premio Corral de Comedias en la apertura del certamen

ALMAGRO Actualizado:

El festival internacional de teatro clásico de Almagro vivió anoche, en la inauguración de su XXXIV edición, una de sus más emotivas veladas, con la entrega a Nuria Espert del premio Corral de Comedias. Sobre el escenario de este histórico espacio y en torno a la actriz se reunieron varias de las más sobresalientes personalidades del teatro español: Mario Gas, Josep Maria Flotats, José Luis Gómez y Lluís Pasqual, además de Antonio Garrigues-Walker, arroparon a Nuria Espert. También estuvieron presentes la presidenta de la Junta de Castilla La Mancha, María Dolores de Cospedal; la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde; Luis Maldonado, alcalde de Almagro; y Nemesio de Lara, presidente de la Diputación de Ciudad Real. Como maestra de ceremonias, la directora del festival de Almagro, Natalia Menéndez.

«Yo creí que Nuria ya tenía el premio». Fue el leit motiv de todas las intervenciones, que destilaron cariño y admiración a partes iguales hacia una mujer que es leyenda del teatro español y que hoy, cumplidos los 76 años, sigue dictando leccionesde interpretación a lomos de ese comprometido monólogo que es «La violación de Lucrecia», de Shakespeare, actualmente de gira por España.

Fueron todas intervenciones teñidas de emoción. Lo comentaban antes de salir a escena Josep Maria Flotats y Mario Gas: el primero se confesaba nervioso como un primerizo. «Teníamos todos muchas ganas de expresar de la mejor manera nuestro cariño a Nuria y de estar a su altura; en el fondo nuestras palabras eran una declaración de amor, y eso provoca nervios», decía Flotats. «Estamos nerviosos -añadía Gas- porque queremos intentar mostrar nuestro alma, nuestro corazón, la veneración que sentimos por Nuria».

Y hubo amor, y cariño, y veneración, a través de intervenciones sentidas, divertidas, sinceras, que trazaron a través de las anécdotas y los recuerdos un perfil más personal de una actriz que reúne en el mundo del teatro una devoción casi unánime.

Mario Gas recordó las cuñas radiofónicas que escuchaba en casa y que anunciaban a la compañía de Nuria Espert en «El comprador de horas»; se refirió a los tres años que pasó junto a la actriz en el montaje de «Doña Rosita la soltera», de Lorca, y dijo de Nuria que es «algo muy importante que nos pasa», y se inventó el verbo «geniar» para definir lo que pasa cuando se sube a escena. «Es una persona normal que en el escenario genia».

Lady Nuria

«Mi querida Lady Nuria», comenzó José Maria Flotats, que en una intervención tan emocionada como vibrante destacó la capacidad de trabajo de Nuria Espert, su generosidad, su talento, su arte, e incluso su busto, que fue glosado hace tiempo por el poeta Joan Oliver. «Para un director, trabajar contigo es un chute de ego», añadió Flotats. «El teatro nunca ha sido para ti un oficio, sino una pasión». Y concluyó: «No deberíamos darte premios, deberíamos canonizarte ya. Santa Nuria, ora pro nobis».

Más académicas fueron las palabras de José Luis Gómez, que dijo de la actriz que «sigue viviendo y enriqueciendo hoy el teatro». El director del teatro de La Abadía se refirió a su etapa alemana y dijo: «En mis años europeos vi actrices inolvidables, pero ninguna como ella».

Lluís Pasqual guardó el papel que había escrito y echó mano de sus recuerdos de Nuria. «Lo que se ha dicho aquí sobre ella hubiera sido hace unos siglos motivo para una caza de brujas». Y recordó que en Olite, a mediados de los ochenta, mientras representaba «Medea», Nuria paró la lluvia. «Habíamos estado dudando todo el día si suspendíamos o no; cuando llegó el momento de los conjuros de Medea, muchos espectadores habían abierto ya sus paraguas. Entró Nuria en escena, empezó su monólogo, y el cielo se abrió. Concluyó la escena y volvió a llover».

El último en intervenir, antes de los discursos oficiales, fue Antonio Garrigues-Walker, que siguió el tono cariñoso y admirado de sus predecesores. Como prólogo, se dirigió a la nueva presidenta castellano-manchega, Dolores de Cospedal, para reclamar la ayuda a las industrias culturales, «que son -dijo- las que van a generar dinero en estos tiempos de crisis», y ya se volvió a Nuria Espert para hablar de sus circunstancias y de sus hombres. Citó a Alberti, «que le escribió poemas horrorosos, del tipo "Nuria se viste de rojo / y nadie le quita el ojo"», y se refirió -su nombre ya había aparecido en varias ocasiones- a Armando Moreno, fallecido marido y compañero de aventuras teatrales de Nuria Espert durante muchos años. De la actriz destacó que «lo que ha aportado a lo largo de su vida es ética», y concluyó pidiendo que «nurialicemos España».

Cerró el acto la propia Nuria, que dijo sin pudor que «me gustan los premios, porque soy una mujer muy insegura, y me ayudan en mis incertidumbres». Se mostró feliz de que dos mujeres «en lugares importantísimas me hayan entregado este premio, del que dijo que era el que más le había emocionado en toda su vida». De sus cuatro compañeros de estrado dijo que eran «los cuatro hombres más importantes del teatro español; los admiro, y la admiración es un paso importante para el amor, el cariño y el respeto». Y habló Nuria del honor, una de las grandes palabras de nuestro teatro clásico, tantas veces escuchada y esgrimida en el Corral de Comedias. «Las personas tenemos honor; la llamamos autoestima, respeto por nuestras ideas, y hoy el honor existe, y se vulnera. El teatro se ha vuelto una cuestión de honor. La gente del teatro es generosa con el honor, y que hoy, en estos tiempos de catástrofe global, se llenen los teatros, es porque es un lugar donde encontrar algo real y verdadero, algo ético. El gran teatro nos habla de valores importantísimos».