A la izquierda, el doctor Joseph Bell; a la derecha, el médico y filósofo Oliver Wendell Holmes
A la izquierda, el doctor Joseph Bell; a la derecha, el médico y filósofo Oliver Wendell Holmes - ABC

Los verdaderos Sherlock Holmes que inspiraron a Conan Doyle

El personaje de ficción está basado en un profesor de medicina de la Universidad de Edimburgo y el antiguo mentor del propio escritor

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Cuando pensamos en Sherlock Holmes nos vienen irremediablemente a la cabeza una serie de objetos: una pipa, una capa, un violín y una gorra de cazador, así como una forma muy personal de resolver los asesinatos, el método científico. Sir Arthur Conan Doyle (1859-1930) nos presentó por primera vez a su personaje de ficción en «Estudio en escarlata» (1887), en donde el lector descubrió asombrado que su forma de trabajar era muy diferente a como nos tenía acostumbrados Scotland Yard, porque era capaz de ver lo que ellos no veían.

Históricamente, Holmes nació en la época victoriana, un periodo muy interesante desde el punto de vista de la Ciencia: es la tiempo del esplendor de la frenología, el comienzo del uso del éter como anestésico general (1844), el inicio del empleo de las huellas dactilares en la identificación de personas (1879), el descubrimiento de los rayos X (1895)… Todos estos avances no fueron ajenos al escritor inglés.

«Elemental, mi querido Watson»

A lo largo de sus 56 aventuras cortas y sus 4 novelas largas, Holmes utiliza la mente de una manera muy original, aplicando el método propio de los laboratorios a los oscuros y vaporosos callejones londinenses. La «novedosa» metodología se basaba en un agudo poder de observación, seguido de la formulación de una hipótesis, que debía ser verificada o contrastada. De hecho, una de las citas más memorables del sabueso de Baker Street, que resume a la perfección su método es: «Cuando se ha eliminado lo imposible, lo que queda, por improbable que sea, debe ser la verdad».

Su sistemática de trabajo es imperecedera y tiene un atractivo irresistible, a pesar de que se fundamenta en algo que puede presuponerse a priori trivial: la observación. No en vano, el presuntuoso personaje calificaba de «elementales» las bases de sus investigaciones.

La inspiración de la realidad

El nombre del personaje fue un homenaje a uno de los ídolos de la infancia del novelista inglés, el médico y filósofo Oliver Wendell Holmes (1809-1904), uno de los escritores estadounidenses más reconocidos del siglo XIX. Sin embargo, el carácter y la metodología de trabajo del detective están inspirados en otro galeno, a la vez que profesor de la Universidad de Edimburgo, el doctor Joseph Bell (1837-1911), conocido por su capacidad de observación. Este personaje fue mentor de Doyle -no hay que olvidar que el escritor era médico y que durante un tiempo ejerció como cirujano naval-.

Se contaba que el profesor Bell, en cierta ocasión, había advertido con tan sólo una mirada que un paciente era un suboficial recién licenciado en un regimiento escocés destinado en Barbados. También se decía que realizaba experimentos en sus estudiantes con sustancias tóxicas para conocer cómo se alteraba su capacidad de percepción.

En lo físico también había enormes similitudes entre ambos, desde un cuerpo fibroso hasta una nariz aguileña pasando por unos ojos penetrantes. En cierta ocasión el también escritor Robert Louis Stevenson envió una carta a Doyle en donde le preguntaba: «¿No es acaso Sherlock nuestro viejo amigo, el profesor Joseph Bell?». Podríamos decir que si Doyle fue el padre de Holmes, el doctor Bell fue su alma.

Como decía el Holmes de ficción, «no, no, yo nunca conjeturo. Eso es un hábito repugnante, que destruye la facultad de razonar».

M. Jara
- M. Jara

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.