Una imagen de Venus enviada a la Tierra por la sonda Magallanes. NASA

Venus causará mañana un minieclipse solar al cruzar por delante de nuestra estrella

A. AGUIRRE DE CÁRCER/
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En 1882 empezó a construirse el templo de la Sagrada Familia, murió el biólogo Charles Darwin y el forajido Jesse James fue asesinado tras dieciséis años de persecución. Un hecho realmente estelar, de envergadura cósmica, sucedió también ese año. El 6 de diciembre de 1882 fue la última vez que las imperturbables leyes de la mecánica celeste propiciaron una infrecuente alineación de la Tierra, Venus y el Sol en un mismo plano. Es una conjunción que se repite cada 122 años y origina el fenómeno conocido como tránsito de Venus, el lento paso de ese planeta por delante del Sol.

Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que ninguna persona viva lo ha visto. Sólo sobreviven testimonios fotográficos y documentales del interés popular y científico suscitado por ese evento astronómico. Pero mañana martes, 8 de junio, volverá a repetirse. Millones de personas se preparan para contemplarlo mirando al Sol con filtros adecuados o por internet. En España, el fenómeno será visible completamente a partir de las 7.20 de la mañana hasta casi las 2 de la tarde. Durante seis horas y trece minutos, Venus se desplazará de izquierda a derecha delante de la franja inferior del disco solar como un pequeño punto oscuro. Lo volverá hacer el 6 de junio de 2012, pero entonces no se verá bien desde España. Para la mayoría de los europeos, mañana será la última oportunidad que tengan en la vida para ver en directo un tránsito venusiano. El siguiente se producirá en 2117 y los posteriores en 2125 y 2247. Europeos, africanos y asiáticos, excepto los habitantes del lejano oriente, son los más afortunados. Mañana disfrutarán de una visión completa del tránsito. Americanos y australianos sólo lo verán parcialmente y en algunas zonas de la Tierra no se verá nada del espectáculo planetario. Los momentos más llamativos son el principio y el final del tránsito. Es precisamente entonces cuando se produce el efecto de la «gota negra»: el planeta parece quedar enganchado unos segundos al extremo del disco solar.

Mercurio también protagoniza tránsitos solares, y con mucha más frecuencia, ya que gira más deprisa y cerca alrededor de nuestra estrella. En 88 días completa una vuelta y cada cien años se le puede ver pasar por delante del Sol hasta catorce veces. La próxima será el 8 de noviembre de 2006. Venus se prodiga menos. Está más lejos del Sol y necesita 224 días en dar un giro. De hecho sólo ha efectuado seis tránsitos desde la invención del telescopio.

La razón de que sólo efectúe un par de tránsitos cada 120 años radica en que las órbitas de Venus y la Tierra no giran en el mismo plano. Y el tránsito sólo puede ocurrir si ambos planetas y el Sol se sitúan en una perfecta línea. Aunque este fenómeno se ha repetido miles de veces desde el nacimiento del Sistema Solar, no se avistó un tránsito de Venus hasta 1639. Hasta el siglo XVI no era posible predecirlos.

Historias de tránsitos

Los trabajos matemáticos de Johannes Kepler proporcionaron el conocimiento necesario sobre las órbitas planetarias para poder predecir los tránsitos de Mercurio y Venus. Como detalla la Universidad de Barcelona en un portal específico creado en internet (http://venus.am.ub.es). Kepler predijo un tránsito de Mercurio el 7 de noviembre de 1631 y uno de Venus el 7 de diciembre del mismo año. Para su desgracia, no vivió lo suficiente para poder comprobarlo. Pero Kepler no erró. El astrónomo francés Pierre Gassendi observó el tránsito de Mercurio desde París. Otros lo hicieron desde Alsacia, Tirol y Bavaria. Del paso de Venus previsto el mes siguiente no hay testimonios, ya que tuvo lugar de noche en Europa.

Kepler sí se equivocó al pronosticar que los tránsitos de Venus se producirían cada 120 años. Un joven inglés, Jeremiah Horrocks, revisó las previsiones del astrónomo Van Lansberge que, contradiciendo a Kepler, predijo un tránsito en 1639. Horrocks realizó sus propios cálculos y concluyó que efectivamente se produciría uno el 4 de diciembre de ese año. Acertó. Horrocks lo observó con un sistema de proyección (ver gráfico) y aprovechó ese primer avistamiento para hacer ciencia. Calculó el diámetro de Venus y la distancia entre la Tierra y el Sol. William Crabtree, un amigo de Horrocks, también lo vio desde Manchester.

En los años 1761 y 1769, cuando se produjeron los dos siguientes, ambas alineaciones celestes habían sido anticipadas con mucha antelación y hubo decenas de expediciones científicas para analizar el fenómeno desde numerosos puntos de la Tierra. Fue entonces cuando el célebre capitán inglés James Cook viajó hasta Tahití en el buque Endeavour, al frente de la expedición organizada por la Royal Society. El principal interés de los investigadores era aprovechar esa rara alineación para averiguar la distancia exacta entre la Tierra y el Sol. Y es que ese último parámetro era el número mágico que permitiría, en conjunción con las fórmulas de Kepler, calcular la distancias precisas entre todos los planetas y el tamaño del Sistema Solar. Con ayuda de satélites, los científicos han dejado fijada esa distancia entre la Tierra y el Sol en 149.597.870 kilómetros, es decir, una unidad astronómica (UA).

Ese interés científico no ha desaparecido. Numerosos telescopios terrestres y tres satélites de observación solar escrutarán el inminente «minieclipse». Ahora se trata de experimentar técnicas e instrumentos para detectar planetas alrededor de otras estrellas aprovechando esa fase de tránsito. Aunque es mínimo el descenso del brillo en los astros, cuando un planeta lo cruza por la cara visible desde la Tierra, fue suficiente para descubrir varios planetas extrasolares en los últimos años. De hecho, ese sistema será usado por el observatorio espacial «Kepler», de la NASA. A partir de 2007 intentará localizar mundos habitables a partir de lejanos tránsitos planetarios.

Como sucedió en 1882, el paseo de Venus por la cara visible del Sol será un espectáculo de masas, con numerosas observaciones populares convocadas en todo el mundo. En España, los Planetarios de Madrid y Pamplona y varios museos científicos han programado actividades especiales. También, los principales observatorios astronómicos (el Astrofísico de Canarias, Astrofísico de Andalucía y el Centro Astronómico de Calar Alto) y algunas Universidades, como la de Barcelona y Complutense de Madrid, ofrecerán en directo el tránsito en internet.