Venter, «creador» de especies, trasplanta el genoma completo de una bacteria a otra

La ciencia mundial vuelve a estar muerta de miedo y de fascinación ante Craig Venter, el biólogo norteamericano resuelto a no morirse sin cumplir su sueño de crear vida en el laboratorio. El

POR ANNA GRAU. SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK.
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La ciencia mundial vuelve a estar muerta de miedo y de fascinación ante Craig Venter, el biólogo norteamericano resuelto a no morirse sin cumplir su sueño de crear vida en el laboratorio. El visionario de la biología sintética puede haber dado ya el paso definitivo para ser su padre: ha logrado convertir una bacteria en otra. Ha roto la barrera entre las especies.

¿De considerarse el sucesor de Charles Darwin y Alexander Humboldt, a ser su émulo? No será por falta de ambición y de audacia. Ex combatiente en Vietnam, tanto o más empresario que científico, su nombre saltó a la fama -no siempre buena- cuando quiso sin complejos patentar la explotación privada del genoma humano.

Esto le encasquetó para algunos una aureola de egoísmo sin complejos. Otros prefieren verle como un liberal congénito en un país donde casi nadie cree en el Estado, y menos que nadie, la Ciencia. Estados Unidos mantiene el liderazgo científico gracias a una iniciativa privada que puede llegar a ser sorprendentemente más desinteresada que la pública.

El recolector de especies

Bill Gates, cuya fundación tiene mayor presupuesto que las Naciones Unidas, financia la investigación con células madre que desatiende el gobierno de George W. Bush. El mismo Craig Venter ha logrado que la Casa Blanca le subvencione una vuelta al mundo en barco para recolectar toda clase de microorganismos y especies... con la promesa de que servirán para encontrar nuevas formas de energía, para cuando las reservas de petróleo se extingan.

Venter dice que la biología sintética que él alienta puede servir para crear microorganismos capaces de generar fuel y etanol: una fuente de energía alternativa, inagotable, que no habría que ir a buscar al subsuelo de países intratables, sino que se produciría cómodamente en el laboratorio. Y con patente americana, encima.

La oferta es tentadora. Y Venter ha acreditado hasta la saciedad que él no le hace ascos a hacerse rico. Pero el relato de sus conquistas que esta semana aparece en la prestigiosa y exigente revista «Science» va mucho más allá. Venter parece haber encontrado la manera de poner el capitalismo a trabajar para él. A remar con entusiasmo en las galeras de su curiosidad científica sin límites.

En una videoconferencia de prensa organizada por la Asociación Americana para el Avance Científico, Venter y sus colaboradores en el instituto que lleva su nombre, los doctores John Glass, Carol Lartigue, Hamilton Smith y Clyde Hutchison III, dieron cuenta de su descubrimiento. Lo que han hecho es tomar genoma «desnudo» (sin proteínas) de una bacteria, el «Micoplasma mycoides», y trasplantarlo a otra, el «Micoplasma capricolum». Han conseguido que el genoma del donante reemplace por completo al del receptor.

Hasta ahora se había conseguido «mover» genoma de un organismo a otro, se habían logrado recombinaciones en las células, hacer coexistir ADN. Por primera vez se logra un trasplante, una sustitución plena. Es magia genética: una bacteria se transmuta en otra.

«Es como si hubiéramos convertido un Macintosh en un PC», explicó gráficamente Venter durante la videoconferencia. En las páginas de «Science» se expone paso a paso el proceso seguido. El minucioso aislamiento del genoma de la bacteria donante, «lavado» una y otra vez de proteínas, tratado con agentes que lo hicieran resistente a determinado antibiótico y lo dotaran de una coloración azul. Todo ello, con el máximo cuidado para prevenir contaminaciones y para no romper el ADN.

Luego vino la preparación del recipiente, igual de ardua. Y por fin, la instalación. A los tres días era visible una colonia azul, y resistente a la tetraciclina: bingo. Hechas todas las comprobaciones, no hay ninguna duda de que se ha conseguido el trasplante genómico. Se ha creado una especie nueva. Se ha subido un peldaño importantísimo hacia la viabilidad de la biología sintética.

Sólo dos dudas: ¿cómo se ha conseguido? Venter y su equipo son los primeros que manifiestan que por ahora su éxito está más demostrado que explicado. Les faltan detalles del proceso. Por ejemplo, están bastante seguros de que en algún momento se produjo una fase convivencial entre las dos especies, pero que rápidamente la división celular favoreció el genoma trasplantado.

Imposible predecir el futuro

Otra cosa es que la elección de un organismo tan sencillo como un micoplasma, sin paredes celulares, plantea el lógico interrogante de si se podría lograr lo mismo con organismos más avanzados. Una vez más, Venter y sus colaboradores son los primeros en llamar a la cautela: avisan de que les queda mucho por investigar aún, y de que no pueden predecir si el intercambio de genomas entre organismos vivos ha ocurrido o podría ocurrir nunca en el mundo natural. Si no es un proceso exclusivo del laboratorio.

Pero las puertas del futuro son grandes. «Los grandes diseños intelectuales empiezan siempre por lo más bajo», asegura Venter con su enérgica, persuasiva voz.