Tropas alemanas participan en la conquista de Yugoslavia, en 1941
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Sulfamidas y penicilina, las armas terapéuticas usadas en la Segunda Guerra Mundial

El uso de los antibióticos se generalizó durante la contienda. Los Aliados usaron fundamentalmente penicilina, mientras que los alemanes contaron con sulfamidas

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La Segunda Guerra Mundial supuso cambios drásticos en aspectos políticos, sociales y militares, pero también afectó directamente a consideraciones de índole científica y tecnológica. Por ejemplo, la contienda propició la aparición de nuevas armas de destrucción, el desarrollo de la bomba atómica y el uso generalizado del radar.

Además, se produjo el desarrollo de un nuevo grupo de fármacos, los antibióticos, que contribuyeron al beneficio de la humanidad. No deja de ser curioso que los dos ejércitos enfrentados utilizarán diferentes familias de antibióticos.

Las penicilinas de los Aliados

En 1928 el microbiólogo inglés Alexander Fleming (1881-1955) descubrió que la penicilina, producida por el hongo Penicilium notatum, tenía interesantísimas propiedades. Por accidente, mientras trabajaba en el laboratorio del hospital de St. Mary de Londres, descubrió que aquella sustancia impedía el crecimiento de determinadas bacterias, como Staphylococcus aureus.

Durante una década fue una curiosidad científica más, hasta que un grupo de científicos recrearon los experimentos de Fleming y lograron producir una cantidad de peniclina suficiente como para probarla en animales.

El primer ser humano tratado con penicilina purificada del que se tiene constancia fue el agente de policía Albert Alexander. Era el 12 de febrero de 1941. Desgraciadamente, el paciente falleció porque no se administró la suficiente cantidad de fármaco.

Las compañías farmacéuticas norteamericanas se interesaron por estos avances científicos. Gracias a esto, el descubrimiento de Fleming fue una poderosa arma terapéutica para combatir las infecciones de los ejércitos aliados.

Pocos meses después del fin de la Segunda Guerra Mundial, a comienzos de diciembre de 1945, Alexander Fleming, Howard Florey y Ernst Chain, recibieron conjuntamente el premio Nobel de Medicina por su contribución al desarrollo de la penicilina. 

El antibiótico de los alemanes

Por su parte, el ejército alemán contaba entre su arsenal terapéutico con sulfanilamida, el primer antibiótico de la familia de las sulfamidas, las «sulfas». Este fue resultado de los estudios del bioquímico Gerhard JP Domagk (1895-1964).

Este científico germano comprobó, en 1932, que esta sustancia era muy efectiva para contrarrestar las infecciones causadas por estreptococos en los ratones de laboratorio. Gracias a este descubrimiento consiguió salvar la vida de su hija de seis años, que estaba en la antesala de la muerte debido a una infección estreptocócica.

Durante la guerra el ejército alemán utilizó sulfamidas tanto en forma de polvo como de comprimidos para salvar la vida de miles de soldados heridos.

Siete años después del descubrimiento al bioquímico se le concedió el Premio Nobel de Medicina, galardón que no pudo recoger debido a la prohibición expresa por parte del partido Nacionalsocialista. Afortunadamente, Domagk pudo recibirlo en 1947, si bien no se le concedió la dotación económica.

El lado tenebroso de las sulfamidas

Las sulfamidas tienen también su lado oscuro. En el campo de concentración femenino de Ravensbrück, a noventa kilómetros de Berlín, los médicos de las temidas SS realizaron experimentos médicos con sulfamidas.

Desde julio de 1942 a 1943 se infectaron a prisioneros con estreptococo y Clostridium. Además, los médicos entorpecían la circulación sanguínea de las cobayas humanas taponando los vasos de las heridas para simular heridas del campo de batalla. Por último, se les administraba diferentes dosis de sulfamidas con la intención de conocer su efectividad.

M. Jara
- M. Jara

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.