Seis sabios en la corte de Jaime I

POR ALBERTO CAPARRÓSFOTO MIKEL PONCEVALENCIA. Santiago Ramón y Cajal comenzó en Valencia su andadura profesional. En la capital del Turia obtuvo la cátedra de Anatomía. Este año, cuando se cumple un

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POR ALBERTO CAPARRÓS

FOTO MIKEL PONCE

VALENCIA. Santiago Ramón y Cajal comenzó en Valencia su andadura profesional. En la capital del Turia obtuvo la cátedra de Anatomía. Este año, cuando se cumple un siglo de la concesión del Nobel de Medicina al científico español, el acto de entrega de los premios Rey Jaime I sirvió de homenaje y recuerdo a la insigne figura de la investigación, en un escenario gótico, como la Lonja de Pescadores de la capital del Turia, a escasos metros de la Plaza del Mercado, donde vivió Ramón y Cajal durante cuatro años.

El espíritu investigador del Nobel ha llegado hasta hoy gracias a la transmisión intelectual de su legado por parte de «herederos» como Santiago Grisolía, impulsor de los galardones que, desde hace dieciocho años, otorga la Fundación Valenciana de Estudios Avanzados para distinguir trayectorias profesionales que, como la de Ramón y Cajal, supongan avances en el terreno de la ciencia, todavía, un siglo después, asignatura pendiente de la octava potencia económica mundial, como se afana en subrayar Rodríguez Zapatero.

Los galardones premian trayectorias relacionadas con trabajos científicos punteros en los ámbitos de la investigación básica, la economía, la investigación médica, la protección del medio ambiente, las nuevas tecnologías y el urbanismo. Los Jaime I han contado este año entre su jurado con dieciocho premios Nobel.

La ceremonia de ayer sirvió, un año más, para reconocer la tarea abnegada de una corte contemporánea de sabios, en el contexto de una Valencia, como la del siglo XXI, convertida en el exponente del «auge y el dinamismo» de la sociedad española, y «símbolo de la modernidad en los ámbitos de la ciencia y la arquitectura», según las palabras de Elena Espinosa, representante del Gobierno en el acto de ayer.

Una ceremonia realzada por la Corona que, fiel a sus principios, y en este caso representada por Su Majestad la Reina, respaldó con su presencia un entrañable acto de exaltación del desarrollo científico y la investigación.

Doña Sofía subrayó en su discurso que «siempre que se premia la excelencia y el esfuerzo en el trabajo cumplimos con un deber de justicia». La Reina destacó que en este caso concreto «en que se premia a compatriotas, nos hacemos también nosotros, como españoles, partícipes de sus triunfos, al tiempo que nos sentimos estimulados por su ejemplo y dedicación». En esta línea, el arquitecto Antonio Lamela, premio Rey Jaime I en la modalidad de Urbanismo, se comprometió, en nombre de todos los galardonados, a «seguir colaborando con nuestra patria, España, en el desarrollo de la humanidad». Para ello, dijo, «contamos con la referencia y el ejemplo de la Corona, que vamos a seguir».

En todo caso, la ciencia en nuestro país, con sus aplicaciones «útiles para el bienestar de la sociedad» -como subrayó la Reina-, conserva todavía cierto halo de épica. La misma que rodeó a Santiago Ramón y Cajal, que viajó solo a Estocolmo a recoger su Nobel. Ahora, los sabios del siglo XXI congregados ayer en Valencia al menos ya no lo están. El doctor abrió un camino, iniciado en tierras levantinas, que otros han tenido a bien explorar.