Mosaico representando el faro de Alejandría - Qasr Libya Museum / Vídeo: La peste que creó a los instigadores del asesinato de Hipatia

La peste de Cipriano, la extraña epidemia que causó la caída de Alejandría

Una enfermedad de origen desconocido mató al 60 por ciento de los habitantes. Permitió el nacimiento de un grupo, los parabolanos, que después arrasaron templos y bibliotecas y acabaron con la célebre Hipatia de Alejandría

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Nos encontramos en la segunda mitad del siglo III en la ciudad de Alejandría, cruce de caminos de diferentes rutas comerciales y espléndida metrópoli fundada por Alejandro Magno. Bajo el sol abrasador las calles de la populosa urbe se llenan de cadáveres insepultos, el hambre, la violencia y los tumultos hacen estragos en todos los barrios de la ciudad.

Una epidemia que se inició en Etiopía y que se extiende por todo Egipto amenaza con acabar con todos los habitantes de la ciudad. Los cronistas afirman que nunca habían visto una cosa igual. Se estima que tan sólo en la ciudad de Alejandría falleció casi el sesenta por ciento de la población, no había casa en la que no hubiese fallecido alguno de sus miembros.

La sintomatología solía comenzar con «un agotador flujo de vientre», a lo que seguía nauseas, vómitos, fiebre, úlceras en la garganta, ojos inyectados en sangre y «tormento de las extremidades» (gangrena en brazos y piernas).

La enfermedad ha pasado a los anales de la Historia de la Medicina como la epidemia de Cipriano, en alusión al obispo de Cartago, que llegó a identificar en esta plaga un apocalipsis biológico.

Los parabolanos: los camilleros más temerarios

Es fácil entender que nadie osase entrar en contacto con los enfermos ni con los fallecidos, bueno casi nadie… En Alejandría apareció un grupo de jóvenes cristianos, al inicio unas decenas, que se ofrecieron para hacer el trabajo de camilleros arriesgando sus vidas para exponerse a una enfermedad contagiosa con elevada mortalidad. Eran los parabolanos.

Los parabolanos se encargaban de asistir y lavar a los enfermos, reconfortar a los moribundos, cerrar los ojos y enterrar a los fallecidos. Su osadía rayaba la locura por lo que fueron calificados como los parabolanos, es decir, los «temerarios».

Estos jóvenes carecían de cultura, se encontraban en lo más bajo del escalafón social, y pronto se convirtieron en un pequeño ejército, llegaron a ser seiscientos. Además de las labores humanitarias, este grupo se convirtió en el brazo armado del obispo de Alejandría.

En momentos de conflicto los parabolanos promovían violentos disturbios para acallar las voces molestas contra obispo, eran violentos alborotadores capaces de intimidar al pueblo alejandrino. A pesar de que no pertenecían a ninguna orden, ni abrazaban votos, disfrutaban de cierta inmunidad dentro de la comunidad cristiana.

Fueron precisamente los parabolanos los que tiempo después destruyeron el templo de Serapis (392 d.C), una de las maravillas arquitectónicas del momento, y sus espléndida biblioteca, y arengaron a las masas que acabaron con la vida de Hipatia (355-415 d.C ), la célebre matemática, filósofa y astrónoma.

La peste que no fue peste

Desde Egipto la pandemia se extendió por el norte de África y llegó hasta Roma. Se ha especulado que en la capital del Imperio llegó a producir la muerte de 5.000 personas en un solo día.

A pesar de que se ha utilizado el término de «peste de Cipriano» los síntomas no encajan con una peste bubónica. Hay que tener en cuenta que en la Antigüedad se utilizaba el término «peste» como sinónimo de enfermedad contagiosa y de elevada mortalidad.

A día de hoy el patógeno responsable de la peste de Cipriano sigue siendo un enigma sin resolver, los estudiosos especulan que bien pudo tratarse de una gripe –producida por un virus similar al que causó la Gripe Española de 1918- o una fiebre hemorrágica viral.

M. Jara
- M. Jara

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.