La gorila Koko, la única que aprendió el lenguaje de signos, con su mascota, el gato All Ball
La gorila Koko, la única que aprendió el lenguaje de signos, con su mascota, el gato All Ball - Koko.org

Ocho emociones «humanas» que no son solo nuestras

La tristeza infinita ante la pérdida del amor, el sentido de la justicia, el consuelo o el cariño materno son vivencias que compartimos con otras especies

MadridActualizado:

El ser humano es un animal que desciende de otros, así que la idea de que especies diferentes a la nuestra tengan emociones no nos debería resultar tan sorprendente. Sin embargo, aún hay a quien le incomoda la idea de asociar la empatía, el cariño, el consuelo o el sentido de la justicia con criaturas que no están en la (supuesta) cúspide de la evolución. Pablo Herreros, antropólogo y experto en comportamiento animal, escribe en el libro «La inteligencia emocional de los animales» (Destino), cómo algunas de esas emociones que consideramos tan humanas no nos pertenecen en exclusiva. En sus páginas, el autor muestra los sentimientos que compartimos con otras criaturas y que, como a nosotros, les sirven para guiarse, relacionarse y explorar el mundo que les rodea. Estas conmovedoras historias también pueden enseñarnos un poco más sobre nosotros mismos.

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  1. Madres coraje

    Christina con su cría
    Christina con su cría - MICHIO NAKAMURA

    A las madres humanas se les presupone ser capaces de hacer cualquier cosa por sus hijos, especialmente por aquellos que tienen problemas de salud o necesitan cuidados especiales. Este sacrificio forma parte del tan ensalzado amor materno (que no tenemos ninguna duda también pueden poner en práctica los padres). Pero no es exclusivo de nuestra especie. Como ejemplo, Pablo Herreros narra en su libro la historia de Christina, una hembra de chimpancé de Mahale (Tanzania) con una cría que nació con síndrome de Down y una hernia que le impedía sentarse por sí sola. Pues bien, esta madre coraje cuidó de su pequeña con un mimo extremo, según pudieron documentar investigadores de la Universidad de Kioto en Japón. La destetó mucho más tarde de lo que es habitual. Jamás la soltó, dejando de comer termitas y hormigas (importante fuente de proteínas) ella misma para poder sujetarla entre sus brazos. Y luchó por ella hasta su último día, con dos años, a pesar de la ansiedad evidente que eso le provocaba. Los investigadores aseguran que la chimpancé era muy consciente de lo que hacía, ya que no dejaba que otros miembros de la comunidad cargaran con la bebé, algo habitual en su especie, como si supiera que los demás no sabrían tratarla como ella lo hacía.

    Estos lazos emocionales intensos entre madres e hijos no se producen solo entre los primates. El libro cuenta unas cuantas historias de elefantes capaces de conmover al más escéptico. Una de ellas se refiere a la reunión de una hembra con su hija, robada de la manada y puesta a trabajar en un campo en Tailandia, tres años después gracias a la acción de una organización conservacionista. Primero, ambas se quedaron en shock y permanecieron en silencio media hora. Después, comenzaron a unir sus trompas, abranzándose y acariciándose. El encuentro fue tan intenso que todos los presentes no pudieron contenerse y echaron a llorar.

  2. Amor trágico

    Una pareja de guacamayos
    Una pareja de guacamayos - Fotolia

    Los guacamayos son fieles a su pareja toda la vida. Pero si ocurre una desgracia y uno de ellos muere en un accidente o en las garras de un depredador, el que sobrevive no puede soportarlo. Deja de comer, se debilita, pierde la fuerza para agarrarse a los acantilados del Amazonas en los que vive esta especie y se precipita al vacío golpeándose contra las rocas y muriendo. Hay quien llama suicidio a esta conducta extrema. Desde luego, no es un ejemplo deseable en absoluto, pero las grandes tragedias humanas por la pérdida del amor están repletas de historias parecidas.

  3. Sentido de la justicia

    Un mono capuchino
    Un mono capuchino - Wikipedia

    ¿Distinguen los primates entre el bien y el mal? Quizás no puedan ser miembros del Tribunal Supremo, pero el eminente primatólogo Frans de Waal, investigador del Centro Yerkes de Primates, en Atlanta (EE.UU.) y su colega Sara Brosnan probaron en su día que nuestros queridos parientes se niegan a trabajar y cooperar cuando sienten que se les trata de forma injusta. En unas pruebas con capuchinos, primero les enseñaron a intercambiar fichas de plástico por trozos de pepino. En el siguiente paso, los investigadores dieron solo a uno de ellos uvas, una comida que les gusta más que el pepino, a cambio de la misma ficha. Cuando el resto vio al compañero recibir una recompensa mayor su reacción fue rechazar el pepino y negarse a realizar el intercambio, arrojando el alimento fuera de la instalación o a la cara del investigador y comportándose con claros signos de enfado.

  4. El consuelo

    Un topillo consuela a otro angustiado
    Un topillo consuela a otro angustiado - Universidad de Emory

    De nuevo De Waal. En 1979, el primatólogo descubrió que los chimpancés consuelan a las víctimas de agresiones. El hallazgo supuso una sorpresa difícil de creer para muchos científicos, que consideraban que este comportamiento era exclusivamente humano. Más adelante, el consuelo ha sido documentado en otras especies con grandes niveles de sociabilidad y cognición, como los elefantes, los delfines y los perros. Pero también criaturas más sencillas como los topillos son capaces de practicarlo. Según un estudio publicado en la revista «Science» en 2016, estos roedores, conocidos por su monogamia y sus fuertes lazos familiares, confortan a sus congéneres estresados con atenciones para aliviar su sufrimiento. La clave se encuentra a nivel cerebral: segregan oxitocina, conocida como la «hormona del amor», que les hace sentirse tranquilos para recuperar la sensación de bienestar.

  5. Empatía entre especies

    Koko y el gato All Ball
    Koko y el gato All Ball - Koko.org

    Koko, la única gorila que era capaz de comunicarse a través del lenguaje de signos, murió el pasado junio a los 46 años en su refugio protegido en las montañas de Santa Cruz, en California, Estados Unidos. Esta hembra aprendió a usar varios cientos de signos y a entender un número parecido de palabras habladas. Penny Patterson, la psicóloga que le enseñó a «hablar», le mostró un día un grupo de gatitos para que escogiera el que más le gustara como regalo de cumpleaños. Koko se decidió por uno muy pequeño, All Ball, al que cuidaba con delicadeza como si fuera su madre. Cuando All Ball murió, Koko expresó a Patterson su tristeza y comunicó las palabras «gato», «llanto» y «tengo pesar».

  6. El origen de las cosquillas y los besos

    Una cría de orangután ríe mientras le hacen cosquillas
    Una cría de orangután ríe mientras le hacen cosquillas - Universidad de Portsmouth

    Los besos, tal y como los entendemos las personas, son poco frecuentes en el reino animal, aunque elefantes, delfines y osos comparten patrones afectivos. Los chimpancés y los bonobos sí los practican mucho. Sobre todo los bonobos, que se dan besos de tornillo o con lengua, sin importar la edad o el sexo. Todos se besan y lo utilizan para relacionarse.

    Y luego están las cosquillas, las llamadas gargalesis, que son un fenómeno exclusivo de algunos mamíferos. Normalmente están producidas por el contacto físico con otros, durante el juego entre amigos o familiares. A los gorilas y chimpancés es muy fácil hacerles reír a carcajadas a su manera, con reacciones que no se distinguen de las de un bebé humano. Los elefantes también parecen tenerlas y se las hacen los unos a los otros. Y es posible que los perros también las disfruten. ¡E incluso las ratas!

    Los investigadores creen que las cosquillas pueden ser el antecedente de la risa. Como dice Herreros, «algo así como el primer chiste» del mundo.

  7. El duelo

    Los elefantes rodean el cuerpo de uno de los suyos
    Los elefantes rodean el cuerpo de uno de los suyos - Fotolia

    Cuando un cuervo muere atacado por un depredador, el resto del grupo se concentra alrededor, todos muy quietos y atentos. Puede que estén aprendiendo sobre lo que ha pasado. El duelo de los elefantes es aún más parecido al de los humanos. Las hembras que pierden a sus crías en el parto, aun estando en perfecto estado de salud, se muestran más cansadas, pasivas y ausentes durante mucho tiempo. También son frecuentes los relatos de elefantes que intentan levantar a un miembro de la familia abatido e incluso tratan de alimentarlo. Cuidan el cuerpo y se mantienen cerca durante días, lo acarician y rozan sus patas y colmillos con la trompa, como si quisieran dar un último adiós. También, cuando pasan cerca de los restos de un familiar, el estado de ánimo cambia, hacen un círculo protector alrededor de ellos y emiten barridos especiales.

  8. La venganza

    Los chimpancés pueden ser vengativos
    Los chimpancés pueden ser vengativos - Fotolia

    Quien es capaz de amar es capaz de odiar. Algunas especies pueden sentir rencor y deseos de venganza, algo que requiere memoria y cierta premeditación. En octubre de 2006, una manada de elefantes irrumpió en la población de Ranchi, en la India, obligando a huir a sus habitantes. Buscaban el cuerpo sin vida de una hembra que había caído en un canal de irrigación. Otros ejemplares en los zoológicos se han mostrado rencorosos contra cuidadores sin escrúpulos o se han vengado de adiestradores agresivos. Por su parte, los chimpancés guardan en su mente quiénes son amigos o enemigos. Si uno agrede a otro, sus amigos pueden tomar la revancha. E incluso son capaces de asesinar a un tirano regresado del exilio.