Winston Churchill, en su despacho en una imagen de 1940 - Archivo / Vídeo: Winston Churchill teorízó sobre los extraterrestres

Hallan un ensayo inédito de Churchill sobre la evolución: «Descendemos de un torpe habitante del mar»

Dos años después de la aparición de un artículo sobre extraterrestres del exprimer ministro bitánico, encuentran otro que demuestra su pasión por la ciencia

Madrid Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

En febrero de 2017, la revista «Nature» hacía público un documento inédito en el que Winston Churchill, exprimer ministro británico, exponía de forma razonable las condiciones necesarias para la vida en otros planetas y la posibilidad de que existan otras civilizaciones además de la nuestra en el Universo. El ensayo, conservado durante décadas en el US National Churchill Museum en Fulton, Missouri (EE.UU.), fue escrito en 1939, cuando Europa estaba al borde de la contienda.

No fue el único texto en el que el estadista demostró su pasión por la ciencia. Otras 14 páginas desconocidas de la misma época han sido rescatadas de los archivos de Fulton. En este caso, Churchill expone sus conocimientos, nada desdeñables para la época, sobre la evolución. Y a pesar de ser un asunto controvertido entonces (incluso hoy lo es en algunos círculos), lo aborda sin atisbo de argumentos o sentimientos no científicos: «Incluso usted y yo descendemos de un habitante del mar de aspecto un tanto torpe», afirma.

«Al igual que con su ensayo sobre la vida extraterrestre, descubrí rápidamente que si bien algunos de los detalles eran incorrectos o inexactos (por información que aún no se conocía), Churchill tenía una excelente comprensión del panorama general», afirma en la revista «Scientific American» el astrofísico y divulgador Mario Livio, autor de «La proporción áurea», quien ha sacado a la luz ambos textos.

Selección natural

Winston Churchill
Winston Churchill - Baxter Brown Watson / US National Churchill Museum

El influyente político comienza su breve descripción de la historia de la vida con un relato de cómo la Tierra se formó, y aunque lo que se sabe al respecto ha cambiado en los últimos años, demuestra su familiaridad con ideas como la tectónica de placas, responsable de la formación de cordilleras, algo «bastante notable», según Livio, si se tiene en cuenta que los geofísicos aceptaron esta teoría a finales de la década de 1950.

Respecto al origen de la vida, Churchill reconoce que «sigue siendo un completo misterio» (todavía lo es en gran parte) y menciona con audacia la panspermia, la posibilidad de que la vida en la Tierra llegara del espacio exterior. A su juicio, la forma más temprana tuvo que haberse sustentado de la materia inerte y solo se desarrolló gracias a la energía del Sol. A partir de ahí se centra en la evolución darwiniana, demostrando conocer sus fundamentos: «En cada generación hay algunos miembros con características algo diferentes. Si les confiere una ventaja frente al medio ambiente o para la producción de descendencia, entonces, después de muchas generaciones, toda la población se desplazaría hacia esa característica», describe. Y habla de la selección natural como factor importante para el cambio.

«Monstruos espeluznantes»

Pero para Livio, lo más fascinante del ensayo es cuando se refiere a la evolución humana. Churchill acepta que somos simplemente un producto natural de la evolución darwiniana, como lo es cualquier otro ser vivo. Se refiere a los dinosaurios como «grandes monstruos espeluznantes de formas fantásticas y apariencia de pesadilla», y sugiere que su desaparición se produjo por los cambios extremos de temperatura que resultaron de eventos geológicos. Hoy tenemos evidencias convincentes de fue producto del impacto de un asteroide cerca de la península de Yucatán, que generó algo similar a un invierno nuclear en todo el mundo.

Independientemente de la causa precisa, Churchill deduce correctamente que los mamíferos de sangre caliente comenzaron a prosperar tras ese evento. De una rama de criaturas parecidas a monos, concluye, «fluyen las diversas corrientes que conducen a los monos modernos, a los grandes simios, y uno, al menos, al hombre». Y observa con admiración cómo los dibujos de las cuevas de Francia y España, creados por «hombres y mujeres» prehistóricos, compiten en calidad con el arte moderno.

En un estilo que Livio califica de «inimitable», Winston Churchill termina el ensayo con unas frases que son muy valiosas tanto hoy como antes de la Segunda Guerra Mundial. Señala que la evolución de la vida en la Tierra demuestra que hemos sido capaces de sobrevivir a los vaivenes del destino y que, «en días de dudas y depresión, podemos encontrar consuelo en este pensamiento y en el estudio de nuestra historia escrita en las rocas en una escala de tiempo que cuenta un millón de años». Sí, salimos adelante como especie pero, como explica Livio, ahora seguir haciéndolo depende en buena parte de nuestras propias acciones.